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Siesta
Ma. Carolina Taboada Fermin

Dormido en el letargo de la lluvia,
con sólo moverte entre sueños
se me ponen torpes las palabras.
Te siento, blanco y oloroso
como si despertaras cada vez que me tocas.
El cabello se me derrama sobre tu aliento de musgo.
Mis muslos trepan por tus caderas,
como una montaña llena de serpientes
y ruidos de pájaros.
Me pierdo, los brazos se tejen,
pseudópodos ansiosos; los cuerpos no alcanzan.
Vamos calentando el aire, los cuadros, las ventanas.
Afuera llueve de nuevo
como una cortina que nos cerca, que nos esparce
hasta la calle y sus alcantarillas.
Mi boca se abre, la espalda se arquea
como trayendo dioses con gemidos de arroyo.
Mis senos se agitan, confundidos en la entrega;
tus sudores en mi piel, como un olor primitivo.
Luego el cansancio zumbando en los oídos;
nuestros ojos se van reconciliando con la ciudad.
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