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PAISAJES
Sentados en la yerba
Mientras cruzaban
Mujeres con canastas de fruta,
Dos ciegos
Hablaban del paisaje del olor.
¡Ah, la sombra de un pájaro
En sus rostros!
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En este sentido
podríamos entender al poeta como a un cazador de momentos; y lo es
porque se atrapa y se libera en la cacería de instantes. Al entender
este círculo de nostalgia a través de el poeta, se me alivió un
síntoma que padecemos muchos inmigrantes; y se trata de un dolor de
todos los dientes y encías causados por la falta de todo lo que
implica el país de origen, Juan Manuel Roca alivia la falta del
paisaje; la ausencia del país propio que aunque esté patas arribas
es el lugar mas próximo después de nuestro cuerpo:
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LUNA NEGRA DE 1930
Yo
recuerdo ese año,
El más feliz de mi vida.
El más feliz
Por la más feliz de las razones:
Tenía opción para el silencio,
No había nacido todavía.
Ahora recorro el mismo país.
Las mismas gentes
Que hablan de política
En cafés de mala muerte.
Y
me digo: asombroso
Que dejen salir este país a la calle.
Batidas callejeras,
Requisas a nombre de nadie,
Oscura cetrería en todos los umbrales.
Hay en todo esto una celada,
Un poema como blanco talismán.
Luna negra vestida de azabache
Mi país, noche emboscada.
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A Juan Manuel Roca no se
le escapa el barullo, las miradas, los silencios, leer su poesía es
oler a los amantes de las escalinatas, al dolor de la espera de las
madres, a la vida que tiene miles de caminos para expresarse desde
la fiesta hasta el luto, pero en todo ese trajinar de los barrios
hay una mordaza que Juan Manuel Roca viste de muros:
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VECINDARIO |
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Bajo los signos
del cielo,
Los que carecen de brazos
Tienen las manos más limpias |
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DYLAN THOMAS |
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El ángel del barrio con sus alas
estropeadas
Recorre los techos de las casas limpiando residuos
De la noche, las oscuras palpitaciones de los ebrios,
Agitando en las terrazas las ropas que se mecen
Como blancas manos, el manco que silba como un pájaro,
Tiene un odio mortal al carnicero, a sus manos
Inmersas en aguas de flores coaguladas.
Las mujeres insomnes tejen palmas en los patios.
Entre el arsenal de sueños del pobre vecindario
Hay que oír ese flujo de brazos remando la noche.
De no ser por los muros, ¿quién evitaría la fiesta?
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Por que de hecho se extraña lo que dábamos por sentado y hasta por
lo que nos quejábamos. El barrio que dejamos ya no es el mismo y es
el mismo en nuestra remembranza, el recuerdo como cámara fotográfica
no abandona las historias; los rostros en cada anécdota, los olores
de las ollas, los peregrinajes para conseguir resolver el día a día,
las rumbas y las pérdidas.
En las escalinatas
nuestros pies se la pasaban encontrándose, agrediéndose, amándose y
desencontrándose para luego hallarse en el otro; en contraste
Gobiernos repiten la mismas consignas, sus paisajes verbales se
repiten y una vez conseguido el poder se embosca a los barrios con
represión e indiferencia o incluso con tratos caritativos.
Los muros que Juan
Manuel Roca refleja son externos e internos, en la primera parte de
su poema TRATOS nos dice:
"Los tratos
con mi cuerpo al que no servía siquiera de guía en las ciudades,
porque queriéndolo llevar de paseo por los parques, siempre me
arrastraba hacia los bares". Nuestros vaivenes
internos recorren arterias viales contradictorias y producen
embotellamientos con nuestras decisiones, al final como el poeta nos
hace ver, nunca sabremos quien es el gobernante o el gobernado, pues
nuestro cuerpo al tener que lidiar con más de uno en nuestro
habitad, opta por tomar atajos conocidos o impredecibles.
En todo caso, aún sin
tener claro quien es el conductor, en nuestras rutas de vida son
necesarios espejos que nos adviertan de lo esencial; de las cosas
que tallan un sentido por más trasparentes o irrelevantes que
luzcan. Quizás en este siguiente poema Juan Manuel este reflejando
lo que es parte intrínseca del oficio de los versos:
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CANCIÓN DEL QUE FABRICA ESPEJOS
Fabrico espejos:
Al
horror agrego más horror,
Más belleza a la belleza.
Llevo por la calle la luna de azogue:
El
cielo se refleja en el espejo
Y
los tejados bailan
Como un cuadro de Chagal
Cuando el espejo entre en otra casa
Borrará los rostros conocidos,
Pues los espejos no narran su pasado,
No
delatan antiguos moradores.
Algunos construyen cárceles,
Barrotes para jaulas.
Yo
fabrico espejos:
Al
horror agrego más horror,
Más belleza a la belleza.
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En esta faena de
fabricar espejos, la palabra se estira, se muele, a veces la palabra
no basta para el cazador de imágenes, y es ese juego de liberación
frustración, el que hace de la palabra un ente vivo capaz de
redimirnos o condenarnos:
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APRENDIZ DE CAZADOR |
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Ella
es bruja
Vuela en el aire de la alcoba
Como si su capa barriera mi memoria.
Yo, aprendiz de cazador,
Para atraparla interrogo al fabulista,
Al peregrino de los bosques.
Ella esquiva mis intentos
Vuela en círculos de niebla
Sobre mi cabeza atribulada.
A veces creo que llega hasta mi mesa
Como arisco animal
Que abreva en un estanque,
Y cuando intento descifrar su silabario
Se desvanece en el aire de la alcoba.
Ella evita mis eternas asechanzas,
Mis trampas y señuelos.
Así, escurridiza y evasiva es la palabra. |
Los versos de Juan
Manuel Roca son espejos con alas, son reflejos curativos
aconsejables para mitigar las ausencias:
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VUELO DE PÁJARO
Hay los bosques de piedra fría.
Los claros valles menudos
donde la luna trisca cuervos,
arrendajos.
Hangares perdidos en la selva,
ocultos por hojas de yarumo.
Sin ton ni son
se escucha el llamado de la especie.
La
palabra sin destino
rondado el poema.
Hay quienes dan gracias porque alguien
ha muerto curado.
El
mar tañe su flauta,
tiñe de verde su violín.
Y el horizonte reanuda su oficio.
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