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una mujer amamanta en las escalinatas la mirada de un seis por ocho
escucha la pieza de dominó girar por su cintura
guarda su pecho y corre hacia el caldero
ve por la ventana y posa su mano izquierda sobre su vientre
sus talones son más pesados al anochecer
hace el inventario para las bolsas del día siguiente
desde sus dedos surten quebradas entre las ollas que quedaron del
almuerzo
por accidente
ve el noticiero
inentendibles balas visten casas de luto
vuelve su mirada a la cuna que se divisa a tres metros
imagina que
por un segundo
cada ser suspirase entre la quietud de una casa
se sabe serena
aun cuando por el cubo sólo acaecen silencios y gritos
sin embargo
con su mano derecha sostiene una maraca
recuerda que las buenas maracas están llenas de disímiles semillas
La maraca y el mundo son esféricas
sonrisa a media mejilla:
“Pensar que venimos al mundo por nuestra redonda cabeza”
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