CASE DISCOUNTS 125 x 125

Año 1 19 de Agosto del 2003 N° 1

 

Dell Home Systems 120x600

ESCAPARATE

La mujer se escapa, flota

como nube, sale del escaparate.

El narrador continúa, nevosa

piedra, adentro: mira

opalescentes gemidos

que estremecen el lecho

y olean irregularmente

luz.

La mujer, entre espasmos,

se pregunta si estuviese

en ese escaparate el hombre

y hace un mohín.

Abre la niebla fingiendo pañuelos.

La mujer jamás regresa: traspasó

arcadas de lágrimas, puntos

de no retorno, redondos infinitos.

El hombre continúa

En el escaparate para siempre:

ella

cerró la puerta, esa puerta

tan diferente vista del otro lado,

extravió la llave.

 

POESÍA

 

Las Armas Azules de Elmer Szabó

 

© Brooklyn Museum of Art


Poesia Pulp


Yelimar Becerra Venezuela

Elmer Szabó, húngaro heredero del Reino de Transilvania, vivió en Caracas desde su infancia y entonces fundó y alimentó sangre, familia, hijos y amigos a quienes nos logró sacar de apuros gracias a la invocación de sus emisarios eternos del patíbulo. Siempre nos dijo que estaba muerto. Por eso es mi deseo no aceptar en estas líneas el rumor de su muerte. Su literatura fue tatuada por su oficio de detective; Elmer Szabó puede ser considerado como el precursor de la poesía del crimen en Venezuela.

 

Sus textos publicados son: Antología poética del Grupo Diez (Lírica Hispana, 1959), Deflagración (Lisboa, 1963), Anticosta (Asociación de Escritores, 1984), Una asíntota: sombras (Fundarte, 1995) y Melancópolis (Pen Club, 1997). Elmer dejó cuatro libros inéditos, de hecho en www.panfletonegro.com citan la reseña poética del último recital, así como la publicación de algunos de sus textos inéditos.

De las leyendas escritas y vividas por Elmer Szabó, el azar me ha dejado con sólo uno de sus poemarios, ante el cual confieso que: Había una vez un hombre de pupilas de puntería azul que descargó su pistola y cumplió su misión: la de liberar sombras, como las de la melancolía y las de nuestro andar por las calles, el tú o yo caminando con todos nuestros sinsabores y sabores de recuerdos. Así fundó para él y nosotros, más que un texto, una ciudad, Melancópolis.

SUICIDA Y SOMBRERO

Nadie se muere. Cambia

de rostro, de fatiga,

de propicios lugares para estar solo.

el amor se extingue:

El amor no se extingue:

te sustituyen

como ficha vieja, inútil, falsificada.

No eres tú quien cambia. Sí el espejo

que reflejar tus carnes imagina.

Y uno, como sombrero,

con vacilantes sonrisas

Se quita el sueño y muere.

O en este otro poema donde el despecho condena al protagonista y al poeta al encierro en un escaparate.

A Elmer le gustaba jugar a hablar de sí mismo en tercera persona o a asumir en público, distraído, ciertas de sus verdades. Aún recuerdo frases rápidas en nuestras conversaciones como "nosotros los vampiros", luego se reía, pero sus armas azules lo delataban; la sátira siempre terminaba con los fantasmas de la nostalgia en su mirada. Él se entendió transeúnte, andante, pues desconfiaba en esfuerzos de mesías, elegidos, héroes, o seres de infinita luz, Elmer sabía que eso que algunos llaman destino termina obrando por el yo, diluyendo la fantasía de la voluntad, así vio siempre la naturaleza del héroe:

gota a gota

el héroe

madura

putrefacción

final

Si una vez Ícaro quiso volar al sol, Elmer ya había descubierto la debilidad del astro, no quiso volar hacia el sol, pues el sol recuerda cómo derretir las alas; pero, ¿puede el sol compadecerse? ¿Qué ser es capaz de contemplar eternamente tantas ciudades sin sentir el paso, la ida? Si tomamos al sol como símbolo de nuestra conciencia y a los vientos como los obreros del nuestro inconsciente, podemos situarnos nítidamente en el andante que aún con memorias en su sol, tiene que seguir recorriendo y renunciando. Si un ser heroico como Ícaro decide ir al sol, el andante se sabe sujeto de los vientos, se sabe dolido, finito, probablemente, engañado:

III

Nunca contradigo vientos. Pero

aun así será derrotada

por tamaña tristeza

la memoria del sol

©Victor Nizovtsev

Extiendo

mis desgarramientos como alfombras,

paso a paso los pisoteo,

impulsado por el aire los dejo rebasados.

Creo dejarlos y así me engaño:

esa alfombra es eternidad.

Quizá sea difícil imaginarse eterno y entero en ciudades donde pareciera que la voluntad de las rutas es un requisito; hacemos nuestras rutinas, agendas, paradas de autobuses o metro, rutas y atajos en nuestros carros, no queremos ver que hacemos cosas inconscientes para aferrarnos o alejarnos de lo amado y lo repudiado, la pregunta que cabe es, ¿cuánto creemos en la voluntad? Hasta que aparece el descuartizador, el degollador, el solo, el transeúnte y tantos otros personajes:

 

 

EL DEGOLLADOR

en esta falsa inmortalidad

sobre diez y ocho años

tristeza fue la primera

cabeza que corté

mi experiencia de degollador

había quedado

aniquilosada

renació

 

 

Una de las aparentes contradicciones de la nostalgia consiste en adiestrarnos en que estamos vivos y que somos capaces de recordar momentos irrepetibles, al tiempo que nos enseña que somos finitos; a veces la memoria duele tanto como un fémur expuesto en la ciudad:

POEMA CON HUESOS

desolado como fémur

vaga por la ciudad:

traga propios alientos

vuelo rígido,

casi humo:

hasta el cero de la muerte

fingiendo, imitando

inmortalidad.

Entonces es cuando el olvido y la oscuridad emergen como refugio deseable, pero no hay voluntad que doblegue al olvido ni al recuerdo, entramos en Melancópolis, ciudad de sombras donde nos reconocemos aun escapando:

VI

tú que la desconoces

enséñame la ternura

así malflote a tu diestra

sombra de mediodía

perramente

el caserón gime

entre mágicos esplendores

y abandonos

enséñame el olvido

el más simple de las artes.

La pregunta es, ¿qué reconocemos? Un yo derretido, o la vasta melancolía compartida a causa de la caída del héroe que hemos querido ser. Elmer se reconoce en la ciudad con muchos otros personajes, los que queremos negar, los que no avergüenzan, los que nos fastidian: todos hemos caminado alguna vez con el fémur expuesto.

IX

Soñar

desde nunquedades y nacimientos

hasta postreras muertes

un batallón de otros

incapaces de reconocernos

de reconocerse

Elmer se apunta sus azules pupilas y cierra Meláncopolis con El POETA EL ANGEL, veamos éstas primeras estrofas:

Todo poeta su propio suicidio canta.

Porta brazos y patas

y aunque carezca de visibles colas fácilmente podría asimiarse

de no ser por una leve

chispa de melancolía en la mirada.

El tiempo es el nadador, es el río.

De una ciudad de muros de piedra

apenas quedan cenizas, estiércol

y el corazón del poeta,

jogozo y mezquino en para lela

engastulado, pura malvadería;

en sus huesos

lívidas noches encendidas

Quien se convierta en sal

que tire la primera piedra:

con ojos mayamescos juzgan

al hijo del hombre,

al chozno de la noche

y abuelo de los dragones,

al vidente, al poeta;

ocho esmaltados dientes

valen mil veces un alma;

se da la otra mejilla

y otra y otra

y también la tercera

hasta agotar mejillas

negándose al suicida

el penúltimo beso a su hija.

Dice: "te quedo

yo mismo en pequeño,

con más eternidad"

Corazón

sobre corazón tendido

como arena y agua (...)

Melancópolis nos acepta, a veces, pero la elección no es voluntaria, hay almas que se recuperan de la caída, se visten, y Melancópolis logra ser tan sólo una ciudad más dentro del mapamundi interno; para otros, Melancópolis se hace único lugar, tan único como para sentenciar la memoria, y si no, cómo ver el desenlace del poema antes citado:

... Desta manera

con una bolsa anaranjada

a su imagen y semejanza,

retorna

hacia el puente de la tristura:

océano sin revólver, vagas lluvias

viernes 13 para cada instante de la semana;

ni por gustar abandonos;

por imperativo desamor de melancópolis y sombra.

Todo poeta su propio suicidio canta

pero un ángel caído carece de memoria

En todo caso Elmer Szabó esculpió a la melancolía. Solo espero que desde donde siempre habita, él y sus emisarios me hayan brindado suficiente cuerda para entrar y salir de Melancópolis ilesa, y poder decir con tranquilidad que hubo una vez un heredero del Reino de Transilvania que anduvo muchos años por Caracas...

Dinos tu opinión escribiendo a colaboradores@elnuevocojo.com

 


Copyright 2003 © El Nuevo Cojo Ilustrado Media Llc. Todos los derechos reservados. Este material no puede ser publicado, transmitido, reescrito o redistribuido sin el consentimiento del autor.

12 CDs por el precio de 1!


Leyendas: U2 El Universal Rómulo Gallegos Y se Hizo la Luz...Verde Mi Papa: El Narcotraficante

 

 

white_120x240

APOYA AMNISTIA INTERNACIONAL

   
 

 

© 2003 El Nuevo Cojo Ilustrado Media, Llc.