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Mares de Luis Miguel
Delgado Arria
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Andromeda
por Gustavo Dore
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Yelimar Becerra

La poesía de Luis Miguel Delgado Arria es el resultado de un cuerpo
que adherido a la naturaleza termina escribiéndose. En un e-mail reciente
nos confiesa que hay dos fuentes que alimentan tres de sus más importantes
obras: Tarea de Resaca, Navios y Casa de Alambres.
La primera: "Una serie
de evocaciones y presencias de mi vida que me asaltan como familiarísimas
desde imágenes marítimas de Kavafis, Elizabeth Shön, Palomares, Pablo de
Roca, Cruz Salmerón Acosta, Araya de Margot Benacerraf todas éstas
volcadas en mi experiencia con el mar y sus símbolos."
Y la segunda: "Mi experiencia con el mar desde mis siete años cuando
viví frente al mar en casa de mi abuela, luego del terremoto del 67.
Curiosamente este terremoto me regaló dos de mis imágenes obsesivas: la
del mar (de mi abuela paterna) y la de la finca (de mi abuelo materno)".
Navíos fue un libro editado con los propios esfuerzos del autor. Lo que
llama la atención de este texto es una triada de elementos
interrelacionados. Y el primero es que se trata un poeta que se hace
naturaleza y después poema; es decir, se interna en el viaje marino y solo
queda un ser que siendo liquen, pez, red, mar, costa, pescador o barco,
tiene memorias de mareas que narran destinos:

No
naufragan las naves debido a las tormentas.
No sumergen sus velas sin razones
antes pensadas en lo profundo de su cuerpo. |
—Navegando cumplimos con los muelles
con la luz de los faros.
Naufragando cumplimos los dictámenes
travesías, túneles. |
—No moriré en tierra firme
entre médanos.
Un fondo blando y próximo de musgo
me espera.
Con ansias aguarda mis maderos. |
En este poema hablan los maderos náufragos, y narran sus expectativas
acerca de un mar receptor. En Navíos cuando nace la palabra es porque las
costas internas ya han navegado por los paisajes marítimos, así el afuera
deja de ser afuera y lo humano se hace paisajes hasta vestirse de Dioses:
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El Viaje Inútil
De Orfeo
El viaje inútil de Orfeo
al mundo de los muertos
no fue inútil.
No peligraban su alma, su cuerpo, sino
sus ojos que buscaban
y no hallaban adonde reposar.
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Segundo, hay que detenerse en el uso de la mitología, que en tiempos
tan pragmáticos nos alerta de la vitalidad de lo primitivo; seguimos
explicándonos el mundo aún a través de mitos a pesar de que la ciencia y
la racionalidad nos brindan respuestas eficaces, las emociones siguen
resistiéndose, y el amor sigue siendo encarnado por distintas historias
como las de Orfeo y Ariadna o Psique y Eros, hijo de Venus y Martes, solo
por nombrar algunas. El animismo de nuestras emociones en fenómenos
naturales o citadinos sigue ocurriendo, quién de nosotros estando
enamorado no le ha otorgado un significado especial a una luz roja o verde
del semáforo, a un rayo, a una lluvia en sequía, a un torrencial que
evoque diluvio o simplemente a la quietud o movimiento de los árboles. En
todo lo que hacemos los mitos aparecen o incluso los recreamos:
En Luís el mar no es sólo un oráculo o una específica deidad. El mar
como dice el epígrafe de Jorge Luis Borges con el que parte el libro
Navios: “Antes que todo existiera, el mar, el siempre mar ya estaba y
era”. Y en el poeta es madre: "Un mar madre, salitroso pero a lo lejos, en
las marinadas incomprensibles, empeñosamente fértil, pues más que una
imagen caducada de la amargura, es una imagen mitológica de la vida
generándose y regenerándose —y regenerándonos— continua, incesante,
imperecederamente ".
Las mujeres dúctiles y ductoras vienen a él como deidades o semidiosas,
incluso sin imaginarlo muchas veces. Pero la mujer para él aparece
enlazada con la agricultura, la mujer lo asombró desde su experiencia de
siembra de hectáreas de maíz, palmos de pimentones, patios de lechosas y
tomates del tamaño de fresas en la finca de su abuelo. Así hallamos a una
mujer cocreadora del mundo, una mujer que adquiere carácter de semidiosa:
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Ariadna No Habia Hilos
A Perla Arciniegas
Elige viajes.
Traza rutas con escrupulosa atención.
Ya la agitada marcha de los días
dirá cosas.
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Una mujer que ayuda al andar del mundo y que enevitablemente está
sujeta a esa cosa que algunos llaman destino. Luis se detuvo en Ariadna:
"Hay un personaje bastante especial: Ariadna: luego de caer enamorada
de Teseo, le ayudó a salir del laberinto después de que Teseo matara al
minotauro. Teseo huyó con ella pero luego la abandonó en Naxos. Allí ella
se encontró con Dionisio con quien se casó finalmente para luego vengarse
ambos de Teseo. Y aparece el Destino, o Anagké que no era un dios sino una
fuerza superior bajo cuyos caprichos estaba, incluso, la suerte de los
dioses. Y aparecen también los juicios y maquinaciones de los hombres y
los dioses, interviniendo en cada historia como movidos por una sed de ser
jueces y erigirse en ministros, enviados y consejeros de las raras savias
de la vida. El Olimpo no aparece casi nunca plena, lisamente ecuánime. En
algún lugar de la tierra una Penélope trenza telas de sangre, hijos y
cielos azules, además de fino lino."
Y es que en estos días el Olimpo no está quieto en ninguna de nuestras
naciones.
Hay miles de Penélopes sollozando por sus maridos en guerra, miles de
rumores y versiones atentan contra toda expectativa de paz, de hecho
emergen sirenas que quebrantan nuestras ritmos domésticos, ya que hacen de
la tolerancia una virtud
más lejana en cada país. Ese destino o ese Dios recibe una plegaria que
es una queja certera, pues encarna un sentimiento colectivo de los que
seguimos creyendo en la posible existencia de un dios o dioses, pese a las
dudas que nos emergen al mirar los noticieros, y ése es el tercer elemento
esencial de esta obra, podria decirse que se trata de la queja de un Job
actual:
La constancia de la falta de puntualidad de Dios sobre la tierra, no
disminuye la fe del poeta y es esto lo que me hace recordar a Job; quien bajo la duda de
Dios padeció iniquidades para probar su fe ante un omnipotente.
En contraste, la ausencia de Dios y sus cartas nos deja impotentes,
pero la queja queda allí como un registro naútico más. Sin embargo, Luís
consigue aire ante la disyuntiva de la existencia de un Dios trazador de
destinos, el hecho de que el destino sea cosa cierta pasa a segundo plano
cuando nos hallamos de manera nítida con el cuerpo crudo del hombre,
cuerpo sin órganos como diría Artaud, cuerpo de hombre sin cumbres diría
el poeta Luís Delgado; es decir, cuerpo y tan solo cuerpo que pleno de
sensaciones se hace marea:

TU CUERPO
Lleva peces / Musgos
/ Lechos pulidos
Luís ha descrito para nosotros a Apolo: "Apolo, el dios de las Artes,
no alcanzó a fotografiar a los otros dioses y diosas, hombres y mujeres,
confundidos todos, creyendo que la realidad era en blanco y negro,
mientras la Kodak ya había forjado el color para captar lo terso, lo
aprendiz, lo delicado.
Al mirar Navíos es inevitable ver a Luís como una especie cercana a
Apolo, pues ha fotografiado en este libro recuerdos de nuestra humanidad,
como en Cubagua:

El mar entre las piedras amontonadas
Su rumor venerable
Enrique Bernardo Núñez
Casi nunca varamos en sus costas
en su agreste paisaje.
Cubagua era tan rojamente lejos
entre cardos
vientos.
Cubagua era una
luz
y siempre daba
corazones de ostras
de aborígenes
hacia allá
rumbo hacia el culto continente.
Hoy casi no es visible desde lejos.
La bruma
fue borrándola a poco de mapas, cartas marinas.
Viajeros ni dicen verla nunca
ni recuerdan sus costas.
A diferencia de Apolo, Luís ha dejado de tomar fotos para hacerse
paisaje:
TIEMPO SOBRE EL AGUA
sobre el agua / casi
flotando una / hoja todavía amarilla
transcurre / lenta
sintiendo el cauce
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