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Año 1 01 de Noviembre del 2003 N° 7

 

Noviembre en la Historia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

CARTAS
NÁUTICAS

Esta es la historia de hombre con navíos

que no supo zarpar.

Es el relato de unas cartas de viaje

que quedaron a salvo

en tierra firme.

No conocieron el roce del salitre.

Nunca soñaron el lecho del oceáno.

Ésta es la historia de un hombre con navíos

que hizo del barco su único propósito.

Izaba nunca velámemes a espera

de buen tiempo.

Así las velas se fueron lastimando

derruyendo a ventiscas.

Gentes rumoran haber visto

un hombre anciano vagando por los muelles.

 

 

SI AGUARDAMOS

Suele llegar tarde a la cena de los hombres

asiste

un tanto cabizbajo

sin cartas con que hacernos el juego de las horas.

Cristales de sal precisan estos hombres.

Comensales sin viandas

a lo lejos

como arrojados adrede

como íngrimos sin neblinas o cumbres que ganar.

Uñas de noche asolaban esta tierra.

Todo

fue tan inerme

y en su justo

sitio.

Como siempre.

 

 

POESÍA

 

Mares de Luis Miguel Delgado Arria

 

© Christie's Images


Andromeda por Gustavo Dore


Yelimar Becerra Venezuela

La poesía de Luis Miguel Delgado Arria es el resultado de un cuerpo que adherido a la naturaleza termina escribiéndose. En un e-mail reciente nos confiesa que hay dos fuentes que alimentan tres de sus más importantes obras: Tarea de Resaca, Navios y Casa de Alambres.

La primera: "Una serie de evocaciones y presencias de mi vida que me asaltan como familiarísimas desde imágenes marítimas de Kavafis, Elizabeth Shön, Palomares, Pablo de Roca, Cruz Salmerón Acosta, Araya de Margot Benacerraf todas éstas volcadas en mi experiencia con el mar y sus símbolos."



Y la segunda: "Mi experiencia con el mar desde mis siete años cuando viví frente al mar en casa de mi abuela, luego del terremoto del 67. Curiosamente este terremoto me regaló dos de mis imágenes obsesivas: la del mar (de mi abuela paterna) y la de la finca (de mi abuelo materno)".

Navíos fue un libro editado con los propios esfuerzos del autor. Lo que llama la atención de este texto es una triada de elementos interrelacionados. Y el primero es que se trata un poeta que se hace naturaleza y después poema; es decir, se interna en el viaje marino y solo queda un ser que siendo liquen, pez, red, mar, costa, pescador o barco, tiene memorias de mareas que narran destinos:

Del Agua y de la Madera

Araya (Vista Aerea)

 No naufragan las naves debido a las tormentas.
No sumergen sus velas sin razones
antes pensadas en lo profundo de su cuerpo.
—Navegando cumplimos con los muelles
con la luz de los faros.
Naufragando cumplimos los dictámenes
travesías, túneles.
—No moriré en tierra firme
entre médanos.
Un fondo blando y próximo de musgo
me espera.
Con ansias aguarda mis maderos.

En este poema hablan los maderos náufragos, y narran sus expectativas acerca de un mar receptor. En Navíos cuando nace la palabra es porque las costas internas ya han navegado por los paisajes marítimos, así el afuera deja de ser afuera y lo humano se hace paisajes hasta vestirse de Dioses:


El Viaje Inútil
De Orfeo

El viaje inútil de Orfeo
al mundo de los muertos
no fue inútil.
No peligraban su alma, su cuerpo, sino
sus ojos que buscaban
y no hallaban adonde reposar.

 

Segundo, hay que detenerse en el uso de la mitología, que en tiempos tan pragmáticos nos alerta de la vitalidad de lo primitivo; seguimos explicándonos el mundo aún a través de mitos a pesar de que la ciencia y la racionalidad nos brindan respuestas eficaces, las emociones siguen resistiéndose, y el amor sigue siendo encarnado por distintas historias como las de Orfeo y Ariadna o Psique y Eros, hijo de Venus y Martes, solo por nombrar algunas. El animismo de nuestras emociones en fenómenos naturales o citadinos sigue ocurriendo, quién de nosotros estando enamorado no le ha otorgado un significado especial a una luz roja o verde del semáforo, a un rayo, a una lluvia en sequía, a un torrencial que evoque diluvio o simplemente a la quietud o movimiento de los árboles. En todo lo que hacemos los mitos aparecen o incluso los recreamos:

En Luís el mar no es sólo un oráculo o una específica deidad. El mar como dice el epígrafe de Jorge Luis Borges con el que parte el libro Navios: “Antes que todo existiera, el mar, el siempre mar ya estaba y era”. Y en el poeta es madre: "Un mar madre, salitroso pero a lo lejos, en las marinadas incomprensibles, empeñosamente fértil, pues más que una imagen caducada de la amargura, es una imagen mitológica de la vida generándose y regenerándose —y regenerándonos— continua, incesante, imperecederamente ".

Las mujeres dúctiles y ductoras vienen a él como deidades o semidiosas, incluso sin imaginarlo muchas veces. Pero la mujer para él aparece enlazada con la agricultura, la mujer lo asombró desde su experiencia de siembra de hectáreas de maíz, palmos de pimentones, patios de lechosas y tomates del tamaño de fresas en la finca de su abuelo. Así hallamos a una mujer cocreadora del mundo, una mujer que adquiere carácter de semidiosa:

Danae por Gustav Klimt

Ariadna No Habia Hilos
A Perla Arciniegas

Elige viajes.
Traza rutas con escrupulosa atención.

Ya la agitada marcha de los días
dirá cosas.

Una mujer que ayuda al andar del mundo y que enevitablemente está sujeta a esa cosa que algunos llaman destino. Luis se detuvo en Ariadna:

"Hay un personaje bastante especial: Ariadna: luego de caer enamorada de Teseo, le ayudó a salir del laberinto después de que Teseo matara al minotauro. Teseo huyó con ella pero luego la abandonó en Naxos. Allí ella se encontró con Dionisio con quien se casó finalmente para luego vengarse ambos de Teseo. Y aparece el Destino, o Anagké que no era un dios sino una fuerza superior bajo cuyos caprichos estaba, incluso, la suerte de los dioses. Y aparecen también los juicios y maquinaciones de los hombres y los dioses, interviniendo en cada historia como movidos por una sed de ser jueces y erigirse en ministros, enviados y consejeros de las raras savias de la vida. El Olimpo no aparece casi nunca plena, lisamente ecuánime. En algún lugar de la tierra una Penélope trenza telas de sangre, hijos y cielos azules, además de fino lino."

Y es que en estos días el Olimpo no está quieto en ninguna de nuestras naciones.

Hay miles de Penélopes sollozando por sus maridos en guerra, miles de rumores y versiones atentan contra toda expectativa de paz, de hecho emergen sirenas que quebrantan nuestras ritmos domésticos, ya que hacen de la tolerancia una virtud

más lejana en cada país. Ese destino o ese Dios recibe una plegaria que es una queja certera, pues encarna un sentimiento colectivo de los que seguimos creyendo en la posible existencia de un dios o dioses, pese a las dudas que nos emergen al mirar los noticieros, y ése es el tercer elemento esencial de esta obra, podria decirse que se trata de la queja de un Job actual:

La constancia de la falta de puntualidad de Dios sobre la tierra, no disminuye la fe del poeta y es esto lo que me hace recordar a Job; quien bajo la duda de Dios padeció iniquidades para probar su fe ante un omnipotente.

En contraste, la ausencia de Dios y sus cartas nos deja impotentes, pero la queja queda allí como un registro naútico más. Sin embargo, Luís consigue aire ante la disyuntiva de la existencia de un Dios trazador de destinos, el hecho de que el destino sea cosa cierta pasa a segundo plano cuando nos hallamos de manera nítida con el cuerpo crudo del hombre, cuerpo sin órganos como diría Artaud, cuerpo de hombre sin cumbres diría el poeta Luís Delgado; es decir, cuerpo y tan solo cuerpo que pleno de sensaciones se hace marea:

En Nacimiento de Venus por Alexandre Cabanell

TU CUERPO

Lleva peces / Musgos / Lechos pulidos

Luís ha descrito para nosotros a Apolo: "Apolo, el dios de las Artes, no alcanzó a fotografiar a los otros dioses y diosas, hombres y mujeres, confundidos todos, creyendo que la realidad era en blanco y negro, mientras la Kodak ya había forjado el color para captar lo terso, lo aprendiz, lo delicado.

Al mirar Navíos es inevitable ver a Luís como una especie cercana a Apolo, pues ha fotografiado en este libro recuerdos de nuestra humanidad, como en Cubagua:

Muchacha con Turbante de Jan Vermeer

El mar entre las piedras amontonadas
Su rumor venerable
Enrique Bernardo Núñez
Casi nunca varamos en sus costas
en su agreste paisaje.

Cubagua era tan rojamente lejos
entre cardos
vientos.

Cubagua era una
luz
y siempre daba
corazones de ostras
de aborígenes
hacia allá
rumbo hacia el culto continente.

Hoy casi no es visible desde lejos.

La bruma
fue borrándola a poco de mapas, cartas marinas.
Viajeros ni dicen verla nunca
ni recuerdan sus costas.

A diferencia de Apolo, Luís ha dejado de tomar fotos para hacerse paisaje:

 

TIEMPO SOBRE EL AGUA

sobre el agua / casi

flotando una / hoja todavía amarilla

transcurre / lenta

sintiendo el cauce

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CORRIENTE

Cómo

viaja

el agua

páramos

sierras vastísimas

para habitar por tan inermes momentos

esta poza triste

desde

dónde

va

lentamente inventando los sonidos, el cauce

mansamente irrigará los campos.

ver

la tristeza verde de las piedras en el agua

cómo

pasan los años mansos en el agua

idénticos

haciendo espuma

 

   
 

 

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