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Compay Segundo
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Compay
echando humo
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Luis Gómez

Si hay algo que el músico
cubano dejó como herencia es su ejemplo de dedicación y humildad.
Nació Máximo Francisco Repilado Muñoz en Siboney el 18 de noviembre
de 1907, y falleció el 13 de julio del 2003 con poco más de lo que
había traído al mundo. En una carrera de más de ochenta años, la
vida de Compay Segundo es una de aquellas que parece estar destinada
a perdurara pesar de la falta de interés de su protagonista, quien
nunca tuvo como objetivo hacer historia, sino más bien vivirla, con
calma, un día a la vez.
Pero a pesar de toda una vida dedicada a la música en bajo
perfil, en los últimos años de su vida, Compay Segundo, conoció la
fama a escala internacional gracias a su intervención en el
proyecto del músico estadounidense Ry Cooder: el Buena Vista Social
Club.
Buena Vista Social Club se convirtió en un suceso, y cuando el
documental y su banda sonora salieron a la venta en los Estados
Unidos y Europa en 1999, sus miembros empezaron una gira por los
escenarios más importantes del planeta que aun hoy en cierta forma
no ha terminado.
Pero a pesar de sus 95 años, Compay tenía una energía que es poco
común a su edad, cosa que atribuía a fumar habanos, oler flores,
beber ron y las mujeres -lo que usualmente se atribuye al desgaste
del cuerpo humano, no a su mantenimiento-. Su bisabuela, una negra
cubana que había conocido la esclavitud llamada Ma Regina, vivió
hasta los 115 años, y al igual que su bisnieto era una fumadora de
tabaco.
Además de esto, Compay Segundo frecuentemente hacía énfasis en la
importancia del amor y el baile en su vida, condimentando los
rumores acerca de su increíble virilidad, lo cuales, aunque rumores,
bien pudieran ser ciertos. Al momento de su muerte vivía con su
última novia a quien llamaba "Aidita". La bicoca de 40 años más
joven que él.
Otra novia -la primera que recuerda- fue la que lo introdujo a la
música. Entonces tenía catorce años y todavía vivía en Siboney en el
sureste de la isla de Cuba. Su nombre era Macusa; el mismo nombre de
la primera canción que escribió.
Compay Segundo fue el cuarto hijo de una familia humilde sin
antecedentes musicales. Hijo de un inmigrante andaluz y una negra
cubana, desde muy joven trabajó como barbero y enrollador de
tabacos. Sus principal influencia fue el cantante revolucionario
Sindo Garay, a quien cuando tenía catorce años vio bajarse del tren,
frente a su casa con guitarra en la mano. El cantante se le presentó
y siguió su camino sin que el niño supiera que este era Sindo Garay,
uno de los genios de la música cubana, ya famoso en esa época por su
trabajo como trovador.
En 1916, la familia se mudó a la antigua capital cubana, Santiago
y Compay junto con su primo Lorenzo Hierrezuelo, se dedicaron a
aprender a tocar el son, ritmo que empezaba a popularizarse sobre
todo gracias al trabajo de Miguel Matamoros y su banda, el Trío
Matamoros.
Hasta entonces el son primitivo era la música del pueblo y como
tal, vivía contenido dentro de la isla. Pero a partir de las
primeras grabaciones del Trío Matamoros, el ritmo se universalizó
extendiéndose por toda Latinoamérica y ejerciendo una fuerte
influencia en el quehacer musical de todo el mundo. El trío muy
pronto se convirtió en una forma aceptada de orquesta, a pesar de la
solidez de ritmos más populares como el danzón, las habaneras, las
guarachitas, las congas y el bolero.
Compay Segundo recordó esta época en una entrevista para Prensa
Latina de Cuba como una era llena de romanticismo, donde
"saludábamos con el sombrero a las señoritas, y si una te gustaba,
le echabas el sombrero al suelo. Si ella te correspondía, pisaba una
parte del ala del sombrero . Y cuando no te quería, se acabó el
sombrero."
El instrumento más importante del son cubano, el tres, una
guitarra de tres cuerdas dobles muy parecido al cuatro, fue el
primero que Compay Segundo aprendió a tocar junto con su contraparte
la guitarra española y el clarinete. De noche, trabajaba tocando en
bares y club nocturnos donde a punta de ron cantaba sus propias
composiciones. En esta época Compay Segundo empieza a experimentar
con la guitarra y el tres, inventando un instrumento mezcla de ambos
llamado el harmónico. Una guitarra de siete cuerdas de la que podía
obtener lo mejor de ambos instrumentos.
Uno de los bares donde tocaba Compay Segundo era el Tamarín, por
donde se paseaban los músicos más famosos de Cuba. Ahí mismo tocaba
Sindo Garay, aquel que había conocido en la niñez, junto a Miguel
Matamoros, Pepe Banderas, Juan de Dios Echeverría, Salvador Adams,
Siro Rodríguez, Rafael Cueto, el Chino Cornelio, y muchos otros de
los fundadores del cancionero cubano. En alguna de esas noches en
que Compay tocaba entre trago y trago, fue que notaron la presencia
del muchacho, tocando con destreza “una guitarra rara”.
En 1929 viaja por primer a vez a La Habana como clarinetista de
la Banda Municipal de Santiago, en la que le habían asignado la
coordinación de los invitados a tocar con ellos, uno de los cuales
fue el Trío Matamoros. El motivo del viaje había sido un Festival de
Bandas, del cual resultaron ganadores, por lo que les invitaron a
tocar en el acto de inauguración del Capitolio de La Habana, el día
10 de octubre de 1929, aniversario del inicio de la primera guerra
contra el colonialismo español. Pero su verdadera oportunidad de
darse a conocer vino cuando fue invitado a un programa de radio en
la década de los treinta, como miembro del cuarteto Cubanacán, donde
al tocar con su nuevo instrumento fue recibido por el público como
una revelación.
En 1934, Francisco Repilado vuelve a La Habana como integrante
del quinteto Cuban Stars, que estaba dirigido por Ñico Saquito
-considerado padre de la guaracha cubana-. El viaje era con motivo
de una gira que por todo el país y cuando la banda volvió a
Santiago, Repilado decidió quedarse en La Habana e incorporarse a la
Banda Municipal capitalina.
El joven músico oriental comenzó a frecuentar en La Habana el
ambiente de los músicos populares que le eran afines. Conoció a la
trovadora Justa García, y al poco tiempo se unió como guitarrista al
cuarteto Hatuey, que ella dirigía. Como integrante del cuarteto
Hatuey, Compay Segundo viajó por primera vez fuera de Cuba y en 1938
llegó a Ciudad de México donde además de presentarse en varios
teatros, participó en las películas Tierra brava y México lindo.
En 1939 ingresó al conjunto Matamoros como clarinetista. Donde
por doce años trabajó junto al creador de “Mamá, son de la loma” lo
cual contribuyó al surgimiento musical de Francisco Repilado y le
ofreció la oportunidad de compartir con un jovencito que pronto
sería considerado el sonero mayor de Cuba: Benny Moré.
En 1942, mientras le estaba cortando el pelo a Lorenzo
Hierrezuelo, este le propuso formar un dúo, para divulgar la música
oriental cubana. El resultado fue la creación del dúo Los Compadres.
Ambos tenían entonces treinta y cinco años. Con los compadres,
Compay grabó varios discos hasta su separación en septiembre de
1955. De su colaboración con Hierrezuelo, guardó Repilado su nombre
de guerra en las lides de la música cubana, que alude al papel de su
voz dentro de Los Compadres: COMPAY SEGUNDO.
Cuando llegó la Revolución Cubana en 1958, el trabajo musical de
Compay Segundo se volvió intermitente dedicándose a diferentes
labores dentro del nuevo gobierno revolucionario, asentándose en una
ocasión en China como parte de un contingente de jóvenes ayudantes
de este país.
Pero a pesar de su carrera, Compay Segundo, no fue reconocido
como músico profesional en Cuba hasta 1978, cuando por primera vez
grabó un disco posterior a la Revolución. En la década de los
ochenta, Repilado vivió en Santiago de Cuba, y se integró al
cuarteto del Hotel Daiquirí y también al cuarteto Patria -ya
dirigido por Eliades Ochoa- con quien viajó a Estados Unidos en
1989. Tres años antes, en 1986, grabó la primera versión de su ya
legendario son “Chan Chan”.
Compay Segundo vivió en completa oscuridad en esa década hasta
1994, cuando fue invitado a participar en el Primer Encuentro entre
el Son y el Flamenco, en Sevilla, España, adonde viajó con su última
agrupación, el cuarteto de Compay Segundo y sus Muchachos.
El impacto entre los músicos y el público, fue increíble. Y a
partir de su presentación, comenzó la explosión que su carrera nunca
había visto. Viajando a toda Europa y los Estados Unidos donde grabó
en diversas ocasiones.
En 1995 Compay grabó un álbum doble con lo más significativo de
su catálogo para Warner Music; y gracias a este, en 1996 fue
invitado por Ry Cooder a participar en el ya histórico disco Buena
Vista Social Club, cuya primera canción es el son “Chan Chan”.
Ese año el guitarrista Ry Cooder llegó a Cuba para hacer un disco
y Compay estaba en la lista de los músicos que esperaba reclutar. Se
reunieron a grabar en el antiguo estudio de la RCA -que ha cambiado
muy poco desde los años cincuenta-, y la reunión fue documentada por
Wim Wenders en su película, Buena Vista Social Club -puesta en
cartelera en 1998-. Sólo la banda sonora vendió 5 millones de copias
casi inmediatamente y ganó un Premio Grammy.
LA agrupación Buena Vista Social Club inmediatamente se fue de
gira y tocó en vivo en Ámsterdam, Londres, Tokio y Nueva York. El
pequeño guitarrista con sus sombreros de paja se convirtió
inmediatamente en un símbolo, gracias a sus bailes en escena que
hacían estallar al público en aplausos..
Según rumores, Compay Segundo cobraba alrededor de $40,000 por
show. Pero aun así, fue en 1999 cuando se mudó a una más espaciosa y
amueblada en Miramar. Con su nueva fama, Compay hizo conciertos para
caridad y en una subasta que se realizó en el Tropicana, su sombrero
fue comprado por un comerciante italiano por $20,000.
Pero el éxito no compensa a la edad y en el 2003, tras casi 5
años de giras, su salud empezó a deteriorarse. Tras meses en la cama
debido a problemas con los riñones, una insuficiencia renal
desencadenó un cuadro severo que no superó a pesar de las atenciones
médicas. El 13 de julio, falleció en su casa de Miramar en compañía
de su familia y amigos a quienes les pidió como último único deseo
que la Banda de Santiago de Cuba, de la cual había sido clarinetista
muchos años antes, le acompañara en el entierro.
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