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Fitzgerald
era inmigrante de
segunda generación, y uno de los políticos más admirados de la
historia del estado. Sobre todo porque su paso a la historia estaba marcado con un
asterisco: fue el primer alcalde de los Estados Unidos cuyos padres
habían nacido en Irlanda.
La historia de los Kennedy era una
generación más vieja. En 1880 Patrick Joseph Kennedy, abuelo de JFK,
trabajaba en los puertos de Boston cuando se le presentó la
oportunidad de hacer negocios por si mismo. Con dinero prestado por
su madre y tres hermanas , compró un bar en una barriada pobre,
y aunque nunca había sido un hombre de negocios, el salón resultó
ser un éxito. Para 1885 ya era el dueño de dos y había fundado la empresa que convertiría a su hijo en uno de los
hombres más poderosos de los Estados Unidos; la P.J. Kennedy and
Company.
Gracias a
ella la familia pronto pasó a formar parte de la sociedad
local y Kennedy empezó a utilizar sus bares como plataforma
política. En ese entonces había un importante movimiento en
Washington a favor de la prohibición de la producción de licores, lo
cual amenazaba su fortuna, por lo que con el apoyo de estas
empresas, Kennedy se convertiría en un importante líder demócrata
que no perdía el tiempo en denunciar la movida como fascista.
Buscando expandir su influencia política, Patrick se casó en 1888 con Mary Augusta Hickey,
la hija de un próspero empresario bostoniano, elevando su nivel de
respetabilidad y su base política. Por esto, cuando el partido demócrata
lo nominó a la senaduría del estado en 1892 su triunfo fue dado como
un hecho. Su rival por el puesto había sido
John Francis Fitzgerald, futuro padre de su nuera.
El 6 de septiembre de 1888, Mary
Augusta dio a la luz a quien sería el sucesor de su padre y
progenitor del futuro presidente de los Estados Unidos, Joseph P.
Kennedy. Como su padre, Joseph era un hombre de negocios natural
con pocos escrúpulos.
Estudió en Harvard, donde a pesar de la fortuna familiar,
fue objeto de la discriminación anti-católica y anti-inmigrante de
principios de siglo. De esto concluyo que no era suficiente ser
millonario para ser respetado. Había que tener poder, y la
mejor forma de obtenerlo era mediante la política.
Kennedy inmediatamente se dedico a
heredar la imagen de hombre respetable y de familia que había sido
el éxito de su padre, y se unió a las filas del partido demócrata.
Pero los negocios familiares exigirían más de él en los siguientes
años. En 1919, el gobierno aprobó la enmienda numero dieciocho de la
constitución norteamericana. En ella se prohibía la manufactura,
venta, importación, exportación o transporte de licores, pero a
pesar de la amenaza Joseph supo aprovechar la oportunidad para
aumentar su fortuna.
Kennedy se asocio con las familias
mafiosas de las grandes ciudades, Boston Nueva York y Chicago, con
quienes estableció una red de distribución para el licor que traía
ilegalmente desde Europa y Canadá. Mientras la familia Luciano,
entre otros hacia el trabajo sucio, Joseph seguía manteniendo su
imagen de hombre respetable y de familia, persiguiendo su ascenso en
la política del estado que era lo que en realidad tenia como
objetivo. Pero sus relaciones con la mafia serían la comidilla de
sus adversarios políticos de allí en adelante y tendrían un
impacto directo en la historia de su familia de los años por venir.
Aunque sin trabajo aparente, la
fortuna de los Kennedy siguió creciendo durante la prohibición, y la
misma llegaría a niveles extraordinarios cuando Joseph se entero que
la misma estaba a punto de ser repelida. Utilizando contactos que
tenia en Washington, Kennedy obtuvo permisos para importar whisky
como clasificándolo como "medicina". Las cantidades eran
astronómicas, y al llegar a los estados unidos las guardo en un
deposito esperando la caída de la prohibición. Con los mismos
contactos tuvo acceso a los dueños de las destilerías en Escocia, de
quienes obtuvo la licencia de las marcas Haig & Haig, Dewar's
y Gordon's, para cuya futura distribución fundo la Somerset
Importers Inc. Cuando la prohibición fue eliminada el 5 de
diciembre de 1933, Joseph Kennedy estaba listo para convertirse en
uno de los hombres más ricos del mundo.
Sin embargo, aunque lucrativo, los
licores no serian como haría el grueso de su
fortuna. En
1919 Kennedy fue contratado como gerente de la Hayden,
Stone and Company, una empresa financiera donde se convirtió en un experto en el manejo de
acciones en el mercado de valores. Con acceso a información secreta
sobre el estado financiero de ciertas empresas, sus negocios con Wall Street
lo convirtieron lo convirtieron en una leyenda local en poco tiempo.
Utilizando esta información, Joseph traficó con información
confidencial, aprovechando la falta de regulación legal en el
mercado de valores y poco antes de la llegada de la Gran Depresión,
Joseph Kennedy se retiró de Wall Street.
La mayoría de los historiados
concuerdan en que los negocios de Kennedy estaban lejos de ser
legales, empezando por el tráfico de licores desde Europa y Canadá y
siguiendo con su estrategias especulativas que habían sido la
causantes de la debacle financiera de los años veinte. Pero una
década más tarde, Kennedy era lo suficientemente
rico y respetado como dedicarse a esas pequeñeces.
La empresa familiar, que había crecido hasta
convertirse en una de las más importantes del país, le ayudó a tener
la visibilidad que necesitaba y en
1934 Franklin Roosevelt, buscando un experto que lo ayudara a
corregir la debacle de Wall Street, lo nombró presidente de la Comisión de
Cambio de Valores (SEC). Sus conocimientos sobre como se
llevaban a cabo los negocios sucios era bien sabido, y durante su breve
paso por la SEC se encargó de reconocer e
ilegalizar las prácticas que lo habían hecho rico no hacía mucho
tiempo atrás.
Rose y Joseph tuvieron el primer
hijo Joseph Kennedy Jr. el mismo año del matrimonio. Ocho más seguirían en
corta sucesión a pesar de las crecientes tensiones en la pareja,
incluyendo a John el 29 de Mayo de 1917. La principal causa
de los problemas entre el matrimonio era uno de los negocios elegido por él tras su retiro de Wall Street:
Hollywood.
En California Kennedy se dedicó a
la producción y distribución de películas, sirviendo de consultor
para varios estudios, donde su fama como ladies man
llegó a tener dimensiones míticas. Su amante más notoria fue Gloria Swanson, a quien en una ocasión llegó a tenerla como huésped en su
casa. Pero Rose, antes que preocuparse de las
correrías de su esposo, se dedicó al trabajo de criar sus nueve
hijos que ya eran motivo suficiente de preocupación. En especial por
dos de ellos. Uno que parecía haber estado enfermo desde el
nacimiento, John, y una hija que parecía sufrir cierto retraso
mental, Rosemarie.
Antes de cumplir los tres años,
Jack, diminutivo inglés de John, ya había sufrido de escarlatina, viruela
y lechina. Esto lo marcó desde joven, haciendo que su padre pusiera
en Joseph todas sus expectativas. Kennedy era un padre exigente que
imponía un espíritu de competencia entre sus hijos que iba más allá
del simple juego. El rugby y las carreras en bicicleta usualmente
terminaban en un viaje al hospital. Especialmente para John Kennedy,
quien por debajo de él sólo tenía a sus hermanas
hembras y a Ted y Robert que eran demasiado jóvenes como para
involucrarse en cualquier actividad física con ellos.
En 1936 John Kennedy se matriculó
en Harvard, universidad a la que asistía Joseph, y donde era un estudiante destacado y una figura del equipo de fútbol
americano. Apenas pudo, John trató de emular a su hermano y empezó a entrenar con
el equipo de fútbol. Pero Kennedy no era precisamente un muchacho
atlético, por lo que su intento casi terminó en tragedia cuando durante un juego sufrió la ruptura de un
vértebra. John Kennedy nunca se recuperaría de este accidente y el
dolor crónico en la columna lo atormentaría toda la vida.
La diferencia entre ambos
hermanos se haría más evidente con el paso de los años. John parecía
no tener ningún interés en estudiar, y su ambición no parecía ir más
allá de mañana. Joe, en cambio, había anunciado a toda la familia que
él sería el primer presidente católico de los Estados Unidos con tal
firmeza, que nunca nadie lo dudó por un segundo. Especialmente su
padre, quien desde ese momento se convertiría en el principal
promotor de la carrera política de sus hijos, empezando a soñar él
mismo con la Presidencia de los Estados Unidos.
La posibilidad de que esto
sucediera llegó en la cúspide de su poder en la administración de
Roosevelt. A finales de 1938, Kennedy fue nombrado embajador en
Inglaterra, el puesto diplomático más importante del país,
entonces descrito como un trampolín a la Casa Blanca. Para hacerse
cargo de la embajada Joseph mudó a toda la familia a Londres, con
excepción de John y Joe que aún estaban estudiando en Harvard. Aprovechando la posición de su papá, John viajó por
Europa y el Medio Oriente durante las vacaciones de verano de ese
año, y tras regresar a Harvard empieza a estudiar historia y asuntos
de estado. Pero su nuevo interés por la política
se vería cortado por eventos más allá de la imaginación de
cualquiera.
En 1938 Europa estaba al borde de
la guerra, y la recomendación de Kennedy como embajador era la de
hacerse a un lado. Kennedy, un isolacionista y antisemita, opinaba
que era mejor tratar con Hitler y evitar que los Estados Unidos se
vieran envueltos en un conflicto que parecía inevitable entre
Alemania e Inglaterra. Su opinión, por supuesto, escandalizó al gobierno inglés, incluyendo al
futuro primer ministro Winston Churchill, que confiaban en
el apoyo de los norteamericanos. La opinión de Kennedy estaba en
línea con la del pueblo norteamericano, aunque no por las mismas
razones, por lo que pensó que manteniendo su posición, podría
competir en las siguientes elecciones presidenciales. Esto le ganó
el odio de Roosevelt.
Kennedy tenía acceso a las
comunicaciones personales entre Rooselvelt y Churchill, y pretendió
utilizarlas para chantajear al presidente. En ellas Rooselvelt ya
planeaba su intervención en la guerra, que era todo lo contrario de
lo que le decía al público estadounidense. Gracias a esto Kennedy
trató de picar adelante, y pidió autorización para reunirse con
Hitler. Cuando se la negaron, lo hizo con altos oficiales nazis,
poniéndose a si mismo en una posición comprometedora. Cuando la entrada en la
guerra se hizo inevitable, Kennedy fue forzado a renunciar en 1940.
Con la perdida del cargo
Joseph se convirtió en el primero en su familia en sufrir la
consecuencias de la guerra. Joe Jr., quien servía como
aviador en Europa sería el siguiente. Mientras llevaba acabo una
misión sobre Alemania murió al ser derribado por baterías
antiaéreas. Más tarde su hija mayor, Kathleen, quien se había
separado de la familia por haberse casado con un protestante,
moriría en un accidente de aviación.
En medio de la tragedia, Rosemarie
se había vuelto sumamente inestable. Los historiadores nunca han
comprobado si realmente sufría retardo mental alguno, y según varias
versiones simplemente era desequilibrada o rebelde. Sea como
fuera, la posición de Joseph Kennedy no podía darse el
lujo de una situación embarazosa con su conducta y para quitarse la
carga de encima ordenó que le practicasen una lobotomía frontal. Rosemarie,
ahora sin más intelecto que una niña, fue enviada a un convento de
por vida. Hasta su muerte Joseph Kennedy sufriría el cargo de
conciencia por su decisión.
Con el conflicto diplomático con
Inglaterra y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los sueños de
Joseph de convertirse en presidente fueron destruidos. Jamás
volvería a ocupar un cargo publico, pero esto
sólo lo hizo dedicarse a perseguir el mismo objetivo a través de sus
hijos. Joe había muerto, pero aún estaban John, quien en ese
entonces servía para la Marina en el Pacifico Sur, y Robert, que aún
estaba en secundaria. Ted era aun muy niño para tomarlo en cuenta.
En 1940 John Kennedy se graduó en
Harvard con un grado en Ciencias. Su tesis, un libro llamado
Porque Inglaterra durmió, un ensayo en las causas de la
debilidad política inglesa fue publicado ese mismo año. Al año
siguiente se enroló en la Armada y se convirtió en oficial de
inteligencia. Cuando los Estados Unidos entraron en la guerra en
1941, Kennedy fue transferido a una unidad torpedera y de
vigilancia, un PT Boat (Patrol Torpedo) como comandante.
Los PT Boats eran posiblemente las naves mejor armadas de toda la
marina, siendo capaces de hundir un destructor sin ninguna ayuda. Por
esto mismo, cuando en Agosto de 1943 su bote se consigue con un
destructor japonés en los alrededores de las Islas Salomón,
los nipones deciden no luchar contra la embarcación. En cambio,
cambian el curso y se dirigen directamente hacia ella. El
destructor, literalmente, le pasó por el encima la bote de Kennedy, matando a
dos miembros de la tripulación. Kennedy junto a otros cinco marinos
logran salvarse flotando en los restos del bote, y tras cinco horas
de lucha logran llegar a una isla.
El accidente revivió la vieja herida en la espalda de Kennedy,
por lo que en diciembre de 1943 fue enviado de vuelta a los Estados
Unidos, donde fue ascendido a teniente y finalmente se da de baja
en 1945, tras servir como instructor de patrulleros en la Florida.
Durante los siguientes años en la vida civil, Kennedy se dedicó al periodismo, cubriendo la
conferencia de las Naciones Unidas en San Francisco y las elecciones
inglesas de 1945.
Este fue un periodo de descanso para Kennedy, durante el cual
disfrutó de las ventajas de ser un joven millonario y atractivo. Lo
cual, en una época en la que se empezaba a perfilar la teoría de que
las elecciones no las ganaba el mejor, sino el que lucía mejor lo
convirtió en el vehículo
ideal de las ambiciones de su padre. Ayudado por el magnate
periodístico Randolph Hearst, Joseph empezó a crear el mito con el
que más tarde sería conocida su familia: Camelot.
John era un héroe de guerra, por lo
que no tuvo problemas en ser elegido como Edil en Massachussets en
1946. Y tras seis periodos en el curul del estado, como senador por
el partido demócrata en 1952. Desde su entrada en la política Joseph había dejado en claro que
el objetivo de su campaña era la presidencia, por lo que John se
apresuró a establecer su base desde la toma del cargo. La causa de
los derechos civiles, los beneficios sociales, el financiamiento de
la educación, el relajamiento de las leyes migratorias y la
recuperación y defensa de Europa Occidental se convirtieron en su
credo. Sin embargo, las relaciones de Joseph con la mafia durante la
prohibición, se volvieron una carga pesada a medida que la estrella
de John Kennedy empezó a brillar por si misma.
En la campaña por el senado en 1952 empezaron a correr rumores
acerca del estado civil de Kennedy. La fuente de estos rumores eran
las investigaciones de sus adversarios en el pasado de la familia,
en la que salió a relucir el nombre de Sam Giancana, uno de
los grandes capos de la mafia. Según fuentes allegadas a Giancana,
por encargo de Kennedy el mafioso se había encargado de eliminar
cualquier prueba que existía de un matrimonio que Joseph consideraba
inviable para las aspiraciones políticas de John. La supuesta esposa
era Durie Malcolm una mujer de Palm Beach, Florida, que se
había divorciado dos veces y para la ira de Joseph, era protestante.
Kennedy siempre negó que fuera verdad, pero los rumores
persistieron. Aumentando cuando Kennedy contrajo matrimonio con
quien se consideraba por las páginas de sociales como una de las
solteras más codiciadas de Nueva York, Jacqueline Bouvier.
Aunque los rumores del matrimonio anterior no tenían sustento,
la creencia de que su matrimonio simplemente había sido
desaparecido, lo que convertía oficialmente en un bígamo. Aun así,
desde la prensa, sobre todo en aquellas propiedad del imperio
Hearst, otro de
los nombres frecuentemente nombrado en éstas páginas era el de
Kennedy mismo. Jackie tenía 24 años. Kennedy 36.
Hearst no tardó mucho en convertir al matrimonio en una
celebridad, lo cual eran perfectas para las ambiciones de Joseph,
quien empezaba a perfilar sus esfuerzos hacia la carrera
presidencial de 1956. Kennedy se había lanzado como candidato a la vicepresidencia y
perdió por un margen estrecho que convenció al partido del potencial
del senador. Pero a pesar de los deseos de empezar a trabajar de
inmediato en la campaña de 1960, John se vería obligado a dejar
el senado un tiempo.
Desde niño JFK había sufrido de varios tipos de dolencias, sobre
todo como consecuencia de su herida en la espalda, pero estos males
siempre habían sido mantenidos en secreto por temor a que influyeran
en su carrera política. Y cuando la posibilidad de ser candidato
presidencial se vislumbró tras su derrota en 1956, el temor se
convirtió en pánico. Durante su retiro del senado Kennedy fue
intervenido quirúrgicamente en dos ocasiones, pero esto no ayudo a
aplacar el dolor en la espalda que ya en estado crónico lo obligaba a tomar hasta doce
tipos de medicinas al día para combatir el dolor y los efectos
secundarios de las drogas.
Sus archivos médicos revelan que Kennedy tomaba codeína, demerol
y metadona para el dolor. Meprobamato y librium para la ansiedad;
barbitúricos para poder dormir y Ritalin para mantenerse despierto.
Además de esto necesitaba de hormonas tiroideas y gamma globulina
para combatir las infecciones urinarias a las que frecuentemente se
veía expuesto. Para cuando Kennedy finalmente se lanzó como
candidato presidencial en 1960 había sido diagnosticado con la
enfermedad de Addison y estaba siendo tratado con anti-espasmódicos
por una colitis crónica, antibióticos para las infecciones, y
antihistamínicos para las alergias.
Uno de los efectos secundarios de su tratamiento eran los cambios de
humor, los cuales eran tratados con drogas anti-psicóticas. Esto
resintió la relación con Jackie, y más tarde que temprano Kennedy
empezó a ver otras mujeres incluyendo amantes que había mantenido
desde antes de ser elegido para el senado. Estas escapadas dieron
comienzo a su relación amor odio con la CIA y el FBI, el cual estaba
en manos de Edgar J. Hoover. Que Hoover, tuviera en su poder
información sobre todos los movimientos del futuro presidente sólo
ayudaba en hacerlo más vulnerable a las intrigas que le amenazarían
en el futuro.
Según estudiosos de sus archivos médicos, John Kennedy no pasaba
un día sin sufrir dolor, lo que era visto con preocupación
por los que apoyaban su candidatura. Y el temor no era infundado.
Cuando Lyndon Johnson, su contendor por la candidatura, se enteró de que sufría de la enfermedad de Adisson
inmediatamente lo hizo público. La respuesta de la plataforma de
Kennedy fue inmediata y tajante, esto era completamente falso y sus
doctores inmediatamente publicaron una carta abierta donde
confirmaban que el estado de salud del candidato era poco menos que
perfecto.
Mientras se recuperaba de las operaciones, Kennedy se dedicó a escribir el libro
Profiles in Courage, que ganaría el premio Pulitzer en
1957, el mismo año en que nació su primera hija, Caroline. Jacqueline
Kennedy saldría embarazada cuatro veces durante el matrimonio con
Kennedy, pero solo Caroline y John Jr. sobrevivirían la
infancia.
Profiles in Courage, un best-seller nacional acerca de
la vida de senadores
estadounidenses que habían arriesgado sus carreras por apoyar las
ideas en las que creían, sería objeto de suspicacias por parte de los
críticos literarios y adversarios políticos. El libro le daba a
Kennedy las credenciales intelectuales necesarias para lanzarse a la
presidencia, pero aunque él concibió la idea del libro y supervisó su
publicación, se creía que en realidad había sido escrito, entre
otros, por su
asistente Ted Sorensen, a quien se le describía como su alter ego. Sorensen
fue el responsable de la mayoría de los discursos de Kennedy y
cuando este dijo en su discurso inaugural "No preguntes que puede
hacer tu país por ti, sino que puedes hacer tú
por tu país" quien hablaba era la pluma de Sorensen.
Kennedy se lanzó como candidato a la presidencia en 1960, y fue
obligado a elegir a Lyndon B. Johnson, su adversario por la
candidatura, senador por Texas, y amigo personal de Edgar Hoover, como su vicepresidente.
Johnson detestaba a Kennedy y viceversa, pero con el FBI en manos
del tejano, no fue muy fácil convencerlo de la movida. Además de los
reportes sobre sus infidelidades, enfermedades y nexos con la mafia,
la CIA había abierto una investigación basada en informaciones
acerca de la posible compra de votos por parte de Joseph Kennedy.
Los nombres de Bobby y Ted Kennedy también aparecían en la
investigación.
Joseph Kennedy tenía enemigos de sobra tanto en el liderazgo del
partido demócrata, como en los bajos mundos de Nueva York
y Chicago. Esto contribuyó a que, a
pesar de su popularidad, la candidatura de su hijo se viera envuelta en la
toda clase de maniobras para desprestigiarlo.
Sin embargo, el patriarca de los Kennedy era más hábil de lo que
sus enemigos lo suponían, y así como sus enemigos tenían
informaciones que podían hundir las aspiraciones políticas de sus
hijos, él mismo guardaba secretos que eran tan valiosos como para
dejarlo hacer lo que quisiera. Pero esto no detuvo a sus adversarios
de atacarlo indiscriminadamente.
El método más fácil e indirecto de hacer esto lo hallaron en la
religión de Kennedy. Kennedy era católico, y de ganar se convertiría
en el primer presidente de esa religión. Con las heridas de la
segunda guerra mundial aún abiertas esto no era nada bueno.
Hitler había sido católico, y su padre se había reunido con el
alto mando alemán poco antes de la guerra con la esperanza de llegar
a un acuerdo con los nazis. Además, en el pasado, aspirantes
católicos a la presidencia habían sido literalmente aplastados en
las elecciones.
A diferencia de la iglesia protestante, la iglesia católica
ejercía una fuerte influencia en los gobiernos de los países
en donde era mayoría, por lo que los republicanos trabajaron duro en
crear la ilusión de que si Kennedy llegaba a ser presidente, Roma
empezaría a influir en su
forma de manejar el gobierno. Esto lo obligó a expresar su creencia
en la separación de la iglesia del estado repetidamente, hiriendo su
campaña. Aparte de esto, su contendor,
Richard Nixon, que había servido como vicepresidente durante la
administración de Eisenhower, lo atacaba por su juventud,
tachándolo de inexperto e incapaz de administrar un gobierno.
Kennedy, entonces de 43 años, seria el presidente más joven en la
historia de los estados unidos. Roosevelt había llegado a la Casa
Blanca de 42, pero no había sido elegido, había suplantado a William
McKinley en 1901 tras su asesinato.
A medida que la campaña por la presidencia avanzó, Joseph Kennedy
vio con preocupación como Richard Nixon empezaba a ganar terreno.
Buscando allanar el camino para John, Joseph se puso en contacto con
sus antiguos aliados en la mafia. Especialmente el más cercano a él,
Sam Giancana. Giancana, que había crecido hasta convertirse en la
cabeza del crimen organizado en Chicago, estaba dispuesto a ayudar,
aunque a nivel personal el mafioso no gustaba de Kennedy. A Giancana
le disgustaba el siempre sonriente Kennedy y su fachada hipócrita de
buen católico y hombre de negocios mientras por dentro no era sino
un ladrón más. "Si alguna vez hubo un criminal, ese era Joe Kennedy"
le había confesado a su familia en una ocasión. Pero no por esto iba
a perder la oportunidad de estar de buenas con quien pronto podía
estar en una posición de poder.
Kennedy le pidió dos favores a Giancana su ayuda para obtener el
voto de los miembros de los sindicatos que tenia bajo su control. Y
que detuviera los planes de Eisenhower de asesinar Fidel Castro. El
gobierno de Eisenhower había tratado sin éxito de asesinar a Fidel
Castro en varias oportunidades, por lo que como ultima opción habían
reclutado a la mafia para que hiciera el trabajo. Eisenhower y Nixon
querían utilizar la "liberación" de Cuba como arma política en las
elecciones y Kennedy se había enterado de estos planes por el mismo
Giancana. El mafioso le dijo que esto no sería un problema, pero que
a cambio tenía que encargarse de un asunto que tenía preocupados a
todos los miembros de la cosa nostra norteamericana. El
asunto era Robert Kennedy.
Para
1960 Robert ya se había graduado de leyes en Harvard y había servido como miembro
investigador de los comités y cazas de brujas de Joseph McCarthy.
Como miembro del subcomité permanente de investigaciones
del congreso, se había hecho un nombre por si
mismo llevando a cabo la investigación y hundimiento de Jimmy
Hoffa y otras organizaciones sindicales acusadas de corrupción.
Giancana le pidió a Joseph Kennedy que le pidiera a Robert que se
retirara del Comité Investigador. Kennedy le prometió a Giancana que
Robert se retiraría y que todas las
investigaciones con respecto a él serían olvidadas una vez Kennedy
fuera presidente.
La lucha contra el crimen organizado de Robert Kennedy no solo
era visto con preocupación por la mafia, sino también por otros
sectores de la política. La defensa del trabajador, su apoyo a la lucha
por los derechos civiles
y los servicios sociales, solo podían significar una cosa a la luz de 1960.
Los Kennedys simpatizaban con la izquierda. Robert Kennedy había tratado de inocularse de esta vinculación
trabajando para McCarthy, e incluso eligiéndolo como padrino de su
primogénita, pero igual las dudas persistieron, especialmente tras
su resignación a la oficina de McCarthy en 1953, por desacuerdos
profesionales. Quizás por esto la renuncia al Comité de
Investigaciones no fue vista con malos ojos por Robert, quien se
retiró de ellos para dedicarse a la campaña de su hermano, quien
finalmente ganaría las elecciones por menos del 1% del voto popular.
Kennedy obtuvo34,226,925 votos. Nixon 34,108,662.
El triunfo de Kennedy fue un triunfo familiar y el que más lo
disfrutó fue su padre, Joseph. Pero casi inmediatamente tras la
juramentación el ex-embajador sufrió una serie de infartos que le
dejaron invalido por el resto de su vida.
Con un conteo de votos tan cercano, los republicanos
inmediatamente pidieron un reconteo y denunciaron irregularidades en
la votación en 11 estados, incluyendo Illinois, la base operativa de
Giancana. Edgar Hoover estaba al tanto de estos movimientos, por lo
que utilizó la información que la CIA había recopilado de Joseph y
sus relaciones con Giancana para permanecer en la cabeza del FBI. El
nuevo presidente, por su parte eligió a su hermano como Fiscal General de los Estados Unidos.
Todas las investigaciones por fraude desaparecieron una vez que las
mismas llegaron a sus manos, después que John Kennedy fue juramentado
como el 35° Presidente de los Estados
Unidos el 20 de enero
de 1961.
En su primer discurso Kennedy dejo en claro que continuaría la
política de Eisenhower en cuanto Vietnam, estableciendo lo que se
conocería la Teoría del Domino. Esto es, si Vietnam caía en
manos comunistas, después, vendría, Laos, Camboya, las Filipinas,
etc. Con pasión, le pidió al pueblo americano "pagar cualquier
precio, aguantar cualquier carga, resistir cualquier sufrimiento,
apoyar cualquier amigo, oponer cualquier enemigo para asegurarse de
la supervivencia y éxito de la libertad."
Y su primera prueba de que tan lejos estaba dispuesto a ir no
tardaría en llegar. Torpemente Kennedy había abogado por poner más
presión sobre Cuba. él sabía de los planes de Nixon y Eisenhower con
respecto a la isla y había utilizado este discurso desde temprano en
su campaña. Pero cuando tomó el mando y fue informado de
los planes reales de la CIA para invadir Cuba, Kennedy
no estuvo de acuerdo con ellos.
Una cosa era ganar las elecciones, y otra tomar acción. Esto ponía a
Kennedy en una situación delicada, los rumores sobre su simpatía por
la izquierda no estaban muy lejos y al mismo tiempo no estaba seguro
de que la misión fuese a ser un éxito. Expresar su punto de vista
sólo llevaría a confirmar las suposiciones.
Giancana había dado su opinión con respecto a esto a Joseph
Kennedy. Muchas de las propiedades nacionalizadas por el gobierno
fidelista habían sido propiedad de la mafia. Las grandes familias,
incluyendo la de Giancana, habían hecho una fortuna a través del
control de los hoteles, la prostitución y las drogas durante el
gobierno de Batista. A la mafia no le desagradaba la idea de un
retorno de sus propiedades, y de hecho fueron reclutados en el
entrenamiento y aprovisionamiento de los mercenarios que
eventualmente invadirían Cuba. Uno de los proveedores de armas
utilizados por Giancana, por cierto, era el dueño de unos bares en
Texas, y más tarde jugaría un papel más importante en la vida de los
Kennedy. Su nombre era Jack Ruby.
La CIA por su parte presentó el caso como un operación sin
posibilidad de falla, convenciendo al gabinete de Kennedy de que
Fidel Castro era poco popular en Cuba y que una vez que la invasión
comenzara, el pueblo cubano saldría a las calles a recibir a las tropas
estadounidenses. Al reunirse con sus consejeros estos a su vez
convencieron a Kennedy de que la única manera de actuar era con la
invasión, que comenzó el 14 de abril de 1961.
La fuerza aérea cubana fue neutralizada con un bombardeo y el 16
de abril cinco barcos mercantes con 1,400 exiliados cubanos
entrenados por la CIA arribaron a Bahía de Cochinos, pero el
ataque fue un completo fracaso. A diferencia de lo que la CIA creía,
ningún cubano salió en apoyo de los invasores, dos de los cargueros
fueron hundidos junto a casi todos los suministros y dos aviones que
pretendieron cubrir la operación fueron derribados. En solo setenta
y dos horas todos los invasores habían sido muertos, heridos o
apresados por que los refuerzos que se necesitaban para continuar
con la invasión nunca llegaron. Kennedy no aprobó su envío.
La operación Moongoose había llegado a final tras una larga lista de
fracasos para desestabilizar al gobierno cubano que habían incluido matar a Castro o hacerle perder la
credibilidad y el apoyo de los cubanos, que fue lo que al final
determinó la perdida de Bahía de Cochinos. El resultado de la operación,
aunque ideada por el gobierno de Eisenhower, golpeó bajo al gobierno
de Kennedy, que tuvo que pagar las consecuencias de su indecisión
cuando Castro buscó el apoyo de los soviéticos y declaró sus
tendencias políticas abiertamente. Al final, los 1,113 prisioneros capturados
durante el fiasco tuvieron que ser intercambiados por $60 millones
de dólares en comida, drogas, medicinas y efectivo. Kennedy había
cometido su primer gran error.
A partir de este fiasco Kennedy desconfió de la CIA, que lo había
convencido de llevar a cabo la operación, y para tratar el asunto
cubano decidió seguir con los planes electorales de Eisenhower de
reclutar a la mafia. Pero por un error de estrategia, cuando John
Kennedy nombra a Robert Fiscal General de los Estados Unidos, lo
primero que hace es publicar una lista de los mafiosos más
importantes del país. El primero en la lista era Sam Giancana. Furioso por la traición Giancana empezó a planear la destrucción de los Kennedys.
Habiendo ganado con un margen tan bajo en las elecciones, los
republicanos aprovecharon la ocasión para bloquear la mayoría de las
propuestas de Kennedy en el congreso, cuyas elecciones se llevarían a
cabo a finales de 1962. Con suerte, pensaban los republicanos, la popularidad de su política
cubana tendría el mismo nivel de aceptación en ese entonces, 60% de los americanos
la desaprobaba, como para aumentar la mayoría. Pero su falta de
decisión en la invasión tendría más consecuencias
en el exterior que en Washington. Fidel Castro, quien había seguido
de cerca los acontecimientos en los Estados Unidos, se había estado
preparando para defenderse, y Nikita Kruschev, entonces premier
soviético, vio en el fracaso de Bahía de Cochinos la debilidad que el
gobierno americano tenía en el recién elegido presidente.
Por los problemas con la mafia, Kennedy tuvo que seguir confiando
en la CIA para derribar a Castro, que tras Bahía de Cochinos se lo
había tomado como un asunto personal, gastando más de $100 millones
de dólares en un plan que se llevaría a cabo en octubre de1962,
meses antes de las elecciones en el congreso. A través del
pentágono, Kennedy ordeno que se enviaran tropas a la Florida y
empezaron a llevarse a cabo ejercicios tácticos en el caribe. Los
cubanos vieron esto con preocupación y así se lo dejaron saber a los
rusos, que respondieron con un plan secreto que Kennedy nunca se
esperó.
En Septiembre de 1962, un avión espía U2 reveló que la
Unión Soviética estaba construyendo bases de lanzamientos para misiles
tierra-aire en Cuba. Las fotos de los aviones también dejaban ver
un incremento en el número de barcos provenientes de Rusia arribando
a los puertos cubanos. La relación fue instantánea, y el miedo que los
barcos estuviesen trayendo misiles llevó a Kennedy a advertirle a la
Unión Soviética que no toleraría que se instalaran armas
nucleares en Cuba. Los
misiles tierra-aire eran considerados armas defensivas, pero las
armas nucleares eran otra historia. Que ya Cuba tuviera
misiles aire-tierra, significaba que podían derribar aviones
espías. Con sus popularidad en el punto más bajo desde que recibió la
presidencia y a dos meses de las elecciones para el congreso, lo que
se conocería como la crisis de los misiles cubanos amenazaba con
acabar con el poco consenso que Kennedy tenía en el Congreso. Para
evitar incidentes mientras buscaba una solución al problema, Kennedy
prohibió el vuelo de aviones U2 sobre Cuba, para evitar que el derribo de
alguno de ellos lo pusiera en una situación más comprometedora.
Además, empezó a comunicarse en secreto con Kruschev en busca de una
solución que le beneficiara a ambos. Pero las conversaciones no
llegaron a ningún lado. No era ningún secreto que submarinos
nucleares rusos ya estaban en posición como para atacar a los
Estados Unidos desde el atlántico y el pacifico, por lo que Kruschev
creía que tener misiles en Cuba en realidad no hacía ninguna
diferencia. Para Kennedy si lo hacía, por que con las elecciones
encima, esto podría convertir su presidencia en un verdadero
infierno. Diplomáticamente, Kruschev le prometió que no colocaría
armas nucleares en la Isla, y Kennedy basado en esta promesa, así se
lo hizo saber al pueblo norteamericano.
Pero el 27 de septiembre un
espía de la CIA en la isla escuchó en una conversación entre oficiales
del gobierno cubano que Cuba tenía armas nucleares. En 15 de Octubre otro vuelo
revelaría que la Unión Soviética estaba instalando misiles de largo alcance en San
Cristóbal. Las tensiones que nacerían de esto pasarían a la historia
como La Crisis de Octubre. Kennedy se reunió de inmediato con el Comité Ejecutivo del Consejo de
Nacional de Seguridad para poner sobre la mesa todas las posibles
formas de acción. Los representantes de la CIA aún estaban
favor de invadir la isla, pero el consenso era bloquear la isla
temporalmente mientras se negociaba con los rusos. Para explicar
esto al país, Kennedy encomendó a Ted Sorensen que escribiera un
discurso que dejara saber la necesidad del bloqueo a Cuba. Como
medida preventiva, se le dio instrucciones a la fuerza aérea de
estar preparados para un posible ataque a Rusia y Cuba. Y se ordenó
a las tropas en Florida de estar listos en caso de ser necesario
invadir, que era si los barcos soviéticos no se devolvían o no se
dejaban inspeccionar. Como corolario, Kennedy acordó que si algún
U2 era derribado, se bombardeara la isla inmediatamente. La opinión
publica mundial inmediatamente reaccionó a la crisis con
premoniciones apocalípticas. La carrera armamentista entre Rusia y
los Estados Unidos solo había sido opacada por la carrera espacial,
y tras el bombardeo de Japón en la segunda guerra mundial, el horror
de que esto pudiese suceder otra vez tomó como rehén al público mundial.
Krushchev, quien llevaba a cabo un purgamiento de la influencia
de Stalin en la Unión Soviética había visitado los Estados
Unidos en 1959, ofreciendo lo que llamó una competencia justa. Pero la negativa de Washington de permitir
la expansión del comunismo a otros países lo habían hecho cambiar su
estrategia. En 1960, mientras Krushchev estaba en la Cumbre de
Paris un avión espía norteamericano fue derribado sobre la Unión
Soviética, lo que lo hizo retirarse de las conversaciones y empezar
una campaña en contra de la influencia norteamericana en otras
naciones del mundo.
Con el bloqueo en marcha, los barcos soviéticos camino a Cuba se
detuvieron antes de encontrarse con los navíos norteamericanos.
Khrushchev inmediatamente envío una carta a Kennedy donde iracundo
lo acusaba de crear la crisis para beneficiarse en las próximas
elecciones. Pero, a pesar de las acusaciones Kennedy mantuvo su
posición que era eso o nada. La opinión de sus asistentes era que la
guerra era inevitable. Sin embargo, el 26 de octubre, Khrushchev dio
paso a la negociación. En esta carta se comprometía remover los
misiles de Cuba si los Estados Unidos prometía no invadir la isla.
Al día siguiente expandió sus requerimientos al demandar que aparte
de eso, los Estados Unidos cerrara las instalaciones nucleares en
Turquía.
Kennedy, torpemente había aprobado la apertura de estas
instalaciones el año anterior, la cual había puesto armas nucleares
en la frontera rusa, y aunque los rusos aparentemente no habían
hecho nada al respecto, ahora era obvio que no era así. A diferencia de el episodio con Japón
en la segunda guerra mundial, ambas naciones sabían muy bien las
consecuencias que implicaban un intercambio atómico. Especialmente
uno bilateral. Kennedy quería resolver el asunto diplomáticamente,
pero sin ceder terreno político. Durante la crisis su popularidad se
disparó a los niveles que tenía cuando ganó las elecciones, pero
cualquier error podía acabar con esto. Él era el que estaba en el lado débil del
conflicto, ya que Khrushchev era un líder de facto, que no respondía
sino a si mismo. Kennedy, si pretendía seguir en el poder, tenía que
contar con el apoyo del electorado. Kennedy estaba en las manos de Khrushchev
por dos razones. La primera era Cuba, la segunda Berlín. La Unión
Soviética había construido el muro de Berlín en el primer año de su
presidencia y Kennedy no había hecho nada a pesar de toda la
retórica que había expuesto en cuanto al asunto. Y Khrushchev había
prometido que tomaría el resto de la ciudad apenas tuviese la
primera oportunidad. Si Kennedy dejaba a los soviéticos salirse con
la suya en Cuba, Berlín estaba perdida, tanto como cualquier
posibilidad de ser reelecto.
Mientras Kennedy estudiaba las propuestas de los soviéticos,
recibió la noticia de que un U2 había sido derribado por los
cubanos. Como anteriormente había dejado claro que esto pondría en
marcha el ataque sobre las instalaciones rusas en Cuba, el
Consejo de Seguridad se preparó a girar instrucciones, pero
Kennedy se negó. El ataque a Cuba podría obligar la retaliación de
los rusos, cosa que definitivamente no era una opción valida,
dejando a Kennedy con la otra posibilidad. Aceptar la primera carta
de Khrushchev y prometer no invadir Cuba.
Khrushchev aceptó de inmediato y ordenó el desmantelamiento de
los misiles. Una semana más tarde se llevaron a cabo las elecciones
parlamentarias en los Estados Unidos en donde los demócratas
aumentaron su mayoría en el congreso, mayormente gracias a la
actuación de Kennedy durante la crisis, que públicamente había sido
ganada gracias a su liderazgo. Krushchev por su parte sufrió las reprimendas de los lideres
rusos que consideraron humillante su rendición sobre el asunto
cubano. Además de esto, su administración había fracasado en una
reforma agrícola que había obligado a Rusia a importar trigo de
Canadá y los mismos Estados Unidos. Dos años más tarde, el 14 de
Octubre de 1964, el Comité Central del Estado Soviético lo obligó a
dimitir.
Sin embargo sus acciones durante la crisis, no habían estado
equivocadas para nada. Cualquier otra decisión hubiese terminado
casi inevitablemente en una guerra nuclear que no hubiese sido
beneficiosa para ninguno de los dos países. Además, cumpliendo un
trato secreto con el líder soviético, tres meses más tarde Kennedy
ordenó remover en secreto los misiles nucleares en Turquía y en
1963 ambos países firmaron un acuerdo para prohibir la
experimentación con armas nucleares. Para que se evitaran malos
entendidos como el que los había puesto a las puertas de la guerra
nuclear se puso en funcionamiento lo que se llamó el teléfono rojo o
línea caliente. Una línea telefónica directa entre Moscú y
Washington.
Pero este no sería el último conflicto armado en el que Kennedy
tendría que inmiscuirse. El otro sería uno con algo más de historia.
En el siglo XIX, Napoleón III había invadido Vietnam, que
entonces era parte de China. Los chinos trataron de defenderse de la
agresión pero finalmente se rindieron en 1885, reconociendo la
soberanía francesa. En los siguientes diez años Laos y
Camboya, que fue rebautizada como Indochina, pasarían también
a manos de los franceses. La invasión por
Napoleón había sido consecuencia de la violencia desatada por el
ex-emperador vietnamita en contra de los misioneros franceses. Por
esto los cargos públicos eran asignados solo a aquellos que
aceptaban la asimilación, ocasionando el exilio de miles de
vietnamitas que no estaban dispuestos a hacerlo.
Las cosas se mantuvieron igual hasta 1940, cuando los japoneses
invadieron Vietnam. Francia, que ya estaba ocupada por los nazis,
decidió que no valía la pena luchar en dos frentes y se rindieron,
dando la oportunidad de tomar el poder a un movimiento nacionalista
que se había estado gestando en China. El líder era un joven exiliado
llamado Ho Chi Minh. La forma en que los estados unidos se vieron envueltos en Vietnam
fue casual e inevitable.
El movimiento armado, llamado Vietminh, comenzó una guerra
de guerrillas en contra de los invasores japoneses, con armamento y
entrenamiento de los Estados Unidos, Rusia y China. Y cuando los
japoneses se rindieron en 1945 Ho Chi Minh declaró la creación de la Republica Democrática de
Vietnam. Roosevelt, Churchill y Stalin, por otro lado, ya se
habían repartido el país en la cumbre de Postdam, asignando el
norte de Vietnam a China, y el sur a los ingleses, que cederían el control a los franceses cuando
estos reclamaron que querían recuperar los territorios perdidos.
Francia no reconoció el estado de Ho Chi Minh y la guerra comenzó
apenas los europeos se estacionaron en Vietnam. Los franceses no
hubieran tenido problemas en controlar la situación de no haber sido
porque en 1949 los comunistas tomaron el control de China
ofreciendo una base de entrenamiento a los guerrilleros vietnamitas.
Mejor preparados las tropas del Vietmihn ocuparon Vietnam y
obligaron a los franceses a rendirse cuando los Estados Unidos se
negó a participar en la guerra. Los norteamericanos ya estaban
envueltos en una guerra con Corea para contener el comunismo en Asia
y aprovechando la ocasión se reunieron para los términos de paz con
este país y entre Francia y Vietnam. En Génova el acuerdo estableció
que Vietnam seria dividido en dos, el norte al mando de Ho Chi Mihn
y el sur presidido por Ngo Dinh Diem, el candidato
norteamericano para presidir el territorio. Además para 1956
tendrían que realizarse elecciones generales para elegir un
presidente único.
Eisenhower, entonces presidente de los Estados Unidos, tenía
reportes de que tanto como 80% de la población vietnamita era
comunista, pero pensaba que podía cambiar esto utilizando a Ngo
Dinh Diem como títere. Pero este se negó a seguir las ordenes de
Washington, convirtiéndose en un tirano cruel que elevó la
popularidad de los líderes comunistas. Washington inmediatamente
aprobó un paquete de ayuda económica buscando dar al impresión de un
milagro económico y organizó una campaña de desinformación para
convencer a los sur vietnamitas de que Ho Chi Minh era un tirano.
Prestando ayuda militar y estratégica al gobierno de Diem, cosa
que iba en contra de la Convención de Ginebra, y por lo cual se
mantuvo en secreto.
Pero en 1956 Diem se negó a realizar las elecciones, y los
sur-vietnamitas empezaron a armarse para la revolución, asesinando
solo en 1959 a 1.200 miembros del gobierno. Por su parte Ho Chi Minh
había llegado a la conclusión de que la única forma de unir a
Vietnam era a través de la intervención armada. Para cuando Kennedy tomó el poder en 1960, ya se habían realizado
varios golpes de estado en contra de Diem, a quien los Estados Unidos
siempre había defendido, a pesar de que Diem
nunca dio muestras de querer seguir los lineamientos de Washington.
Por esto Kennedy decidió cambiar la estrategia de Eisenhower.
En vez
de seguir ayudando a Diem, aprobó la realización de un golpe de
estado por parte de los sur-vietnamitas, el cual se llevó a cabo a
principios de noviembre de 1963, y en el cual Diem fue fusilado por
lo golpistas. Tres semanas antes que Kennedy también cayera víctima de
un atentado.
Durante su campaña presidencial Kennedy había dejado claro que le
daría continuidad a la política exterior de
Eisenhower. Pero esto no era más fácil decirlo que hacerlo. Para
empezar su atención esta dividida con problemas muchos más graves,
como la lucha por los derechos civiles en los mismos Estados Unidos
y el bloqueo congresional que sufrió durante todo su periodo
especialmente en cuanto a las reformas del sistema de salud.
Mientras Kennedy hacia sentir su política anti-socialista fuera
de los estados unidos, en su país sus principales objetivos estaban
teñidos con la voluntad de atender las necesidades de las masas
antes que cualquier otra cosa. Lo cual fue criticado por ambivalente
y utilizado a discreción por sus adversarios. El plan de salud y reforma de Medicare
de John Kennedy proveía seguro médico para todos los mayores de 65
años y cuidado básico para cualquiera que llegara al hospital por
los primeros 60 días. La factura sería pagada con aumentos en las primas del Seguro Social.
El plan fue un éxito con los sindicatos y las gentes más pobres,
pero las compañías aseguradoras le hicieron la guerra desde que
leyeron la propuesta. La Asociación Médica Americana describió con
éxito el plan como un ejemplo del socialismo que Kennedy quería
instaurar. El congreso nunca aprobó la reforma.
La lucha por el poder en el congreso llevó a Kennedy a tratar
diferentes formas de acercamiento, pero este era simplemente odiado
en ciertos círculos, en el que se le consideraba demasiado joven,
inexperto y lejano de las realidades de la política. Y la razón
de esto, además de su apoyo a los derechos civiles y la
destrucción del crimen organizado, era un creciente
autoritarismo y su innegable deseo de perpetuarse en el poder. Tras
la crisis de octubre la popularidad de Kennedy llegó hasta el 80%,
lo cual hacía este un escenario posible. Además, su hermano, Robert,
que se había convertido en su asesor legal y político, empezaba a
posicionarse para las elecciones post-JFK.
Robert, que desde la Fiscalía tenía que tratar de cerca con
Hoover, nunca logró ganarse la confianza de este, que conocía toda
la historia familiar de cerca. Por lo que cuando Sam Giancana
decidió hacer una movida en contra de los Kennedy, obtuvo y
compartió información del FBI que llevaría a uno de los episodios
más oscuros de su presidencia.
En 1962 Giancana había terminado una relación amorosa con Marilyn Monroe, pero
seguían siendo amigos, y ella le había confesado que había estado
relacionada con ambos, John y Robert Kennedy de quien le dijo,
estaba enamorada. Giancana vio en esto una oportunidad de humillar a los
políticos.
Utilizando sus contactos en el FBI Giancana descubrió que el talón de Aquiles de los
hermanos Kennedy eran las mujeres, y utilizando policías y proxenetas que
estaban en su nomina reunió evidencia en
contra de ambos políticos de la que más tarde diría, era suficiente
para hundir la carrera de ambos. Las andanzas de los Kennedy para
este entonces eran legendarias. Se hablaba de verdaderas orgías en
la Casa Blanca, y de una primera dama que tenía que llamar antes de
aparecerse por Washington.
Viendo que además de las mujeres,
los Kennedy sentían debilidad por las celebridades, Giancana utilizó, entre otros, a Frank Sinatra para presentarles
oportunidades que no podían pasar por alto. Una
de ellas fue Marilyn Monroe.
A través de un micrófono en la casa de Monroe instalado por el
FBI, Giancana se enteró de
que Robert Kennedy la visitaría el 4 de agosto de 1962, poniendo en
marcha su venganza. Según Giancana mismo, ese día esperaron a que Robert Kennedy se
marchara, que fue alrededor de la media noche, y esperaron a que la
sirvienta también lo hiciera, que no fue mucho después. Entonces
forzaron la cerradura, entraron a la casa y sometieron a Monroe. En
su cuarto le insertaron un supositorio de Nembutal en el ano. Esta
forma de asesinato era prácticamente invisible. La droga entraba en
el torrente sanguíneo casi instantáneamente y no dejaba ningún
rastro. Después abrieron una botella de pastillas y las regaron
sobre la cama. Antes de irse se
aseguraron de que el diario de la actriz, con las cartas amor que Robert le había enviado estuviesen sobre la mesa de noche. La
sirvienta descubrió el cuerpo al día siguiente en la mañana.
Giancana esperaba que la sirvienta llamara a la policía revelara que
Robert Kennedy había estado allí la noche anterior.
Y que durante la investigación se descubrieran las cartas del fiscal. Pero para su sorpresa nada de esto sucedió y la
muerte fue tachada sumariamente como un suicidio. La relación de los Kennedy con Monroe no solo era vista con malos
ojos por la mafia, sino también por miembros del gobierno que no
estaban de acuerdo con la sensación de intocables que los Kennedy
habían empezado a sentir. Molestando, prácticamente a todos los
sectores de la vida estadounidense excepto a los votantes.
Se desconoce si los Kennedy supieron de la supuesta participación
de Giancana en la muerte de Monroe, pero es cierto que después
de ésta sus pasos fueron seguidos de cerca por las agencias de
inteligencia hasta el punto en que éste quiso demandar al gobierno
por violación de su privacidad.
Otra razón por la que la mafia sentía desprecio por
Kennedy era por su apoyo de los movimientos civiles. Siendo una
organización racista no podía ver sino con pánico como el setenta
por ciento de los negros norteamericanos había votado por Kennedy.
JFK había prometido reformar los derechos civiles
norteamericanos. Pero falló dos veces en lograr que estos cambios
fueran aprobados por el congreso, que veía esto como una muestra más
de izquierdismo. Sin embargo, llevó a cabo varias maniobras que no
requerían la aprobación del congreso, como el envío de agentes
federales a Alabama para defender a protestantes del gobierno local
y a vigilar y permitir la integración de
los negros en la universidad de Mississipi. Estos movimientos
laterales eventualmente revelaron a ambos partidos que la falta de
apoyo a los derechos civiles simplemente los haría victimas de un
proceso que era inevitable, por lo que 1963 finalmente aprobaron la
reforma.
Entonces Kennedy estaba en el tercer año como presidente, y
junto a su hermano Robert habían hecho más enemigos que ningún otro político
del que su tuviera memoria. Habían atacado a la mafia, los
empresarios, la CIA y a los militares. Estaban los sindicatos
que no agradecían su intervencionismo, y estaba la derecha que no
podía verlo sino como un comunista. También estaban algunos
movimientos civiles que protestaban la manera en que manejaba su
política internacional, especialmente en cuanto a la isla de Cuba. Sin embargo sus ambiciones
iban más allá de lo que era posible. Los Kennedy esperaban mantenerse
en poder por lo menos por 12 años, con John entregándole el poder a Robert y este a su vez pasándoselo a Ted.
Pero la herencia del conflicto vietnamita seguía siendo el
principal problema de Kennedy. Después del golpe de estado a Diem,
Kennedy aumentó su presencia en la zona, que ya para finales de
1962 llegaba a 12,000 soldados identificados como "consultores" que
estaban entrenando ilegalmente las tropas de Vietnam del Sur.
Kennedy había ordenado la colocación de 300 helicópteros en
la zona, con la orden de no enfrascarse en combate, lo cual era
imposible, produciendo un escalamiento en la acciones armadas que decidió mantener dentro
de las paredes de la Casa Blanca. Kennedy no podía darse el
lujo de perder otro país a los comunistas antes de las elecciones de
1964, para cuando se especula que tenía planes para retirarse de la
zona. Pero sus acciones en la presidencia dejan pruebas de lo
contrario.
Y en estas circunstancias, el 22 de Noviembre de 1963, el Dallas Morning News publicó una
página entera de publicidad pagada por las empresas petroleras en
Texas donde le preguntaba al presidente 12 preguntas
malintencionadas, incluyendo la de por que la CIA se dedicaba a asesinar
lideres aliados y anti-comunistas, refiriéndose directamente a la
muerte de Diem.
Pero la verdadera razón del ataque eran tres todavía recientes
acontecimientos. Su decisión de vender trigo al bloque soviético, el
haber ignorado completamente a los militares y la CIA en la solución
del problema de los misiles cubanos, y la investigación que había
abierto a las empresas petroleras por un fiasco relacionado con la evasión de impuestos que
ponía en jaque las fortunas de muchos en Texas.
Esa mañana John Kennedy arribaría Dallas y leería el periódico
con una sonrisa. Este pueblo esta lleno dementes, comentaría antes
de dirigirse al automóvil que lo llevaría en un tour de reuniones
con distintos lideres locales. Este era un Lincoln continental, que
debido al buen clima no fue provisto de la burbuja antibalas que
había sido diseñada especialmente para el automóvil. Dallas era el
bastión del anticomunismo en los Estados Unidos. Una ciudad
sumamente violenta donde se cometieron más asesinatos en 1963 que en toda
Inglaterra. Y
allí estaba el presidente, rodando por la ciudad completamente
descubierto y a diez millas por hora.
Como Kennedy usaba un corsé para corregir la deformación de su
espalda debido a la enfermedad de Addison, su cuerpo como de
costumbre sobresalía por encima de los demás pasajeros, su esposa,
en el asiento posterior izquierdo, y el gobernador de Texas Richard Connally y su esposa
directamente enfrente de él. El automóvil era conducido por un agente del servicio secreto, en
una caravana compuesta por dieciséis vehículos y varias
motocicletas, que cruzaría el corazón de la ciudad para llegar al Dallas Trade Mart.
El vicepresidente Johnson viajaba dos carros más atrás.
Desde la calle Main de Dallas, la caravana cruzó a la derecha en la
calle Houston y después a la izquierda en la calle Elm, una calle corta
y en bajada que atravesaba la plaza Dealey, y que tenía una entrada a la autopista que era
la forma más rápida de arribar al Trade Mart. En la esquina de Elm y
Houston estaba un edificio de ladrillos de siete pisos, el 411 de Elm Street, que era la sede una empresa llamada la
Texas School Book
Depository, encargada de la distribución de libros a las
escuelas del estado.
La caravana pasó por el edifico exactamente a las 12:30 p.m.
según el reloj en el tope del edifico y el carro del presidente
empezó a rodar cuesta abajo a unas 10 millas por hora. Señalando con
la cabeza hacia el publico Connally se volteó y le dijo a Kennedy,
"Sr. Presidente, no puede decir que Dallas no lo adora." Kennedy
respondió saludando al publico con la mano, "No, definitivamente no puedes decir eso."
Jacqueline saludaba a la gente a su derecha cuando según ella
escuchó
algo como la explosión del escape de un automóvil e inmediatamente
un grito desde el puesto de Connally. Al voltear hacia Kennedy este
tenía una expresión de confusión en la cara, ambas manos
cerca del cuello, y los codos hacia arriba y los lados del cuerpo,
como luchando con una fuerza invisible por agarrase el cuello.
Ese había sido el primer disparo o el segundo, o por lo menos el primero
que le dio a Kennedy. Entonces Jacqueline escucho otra explosión y
sin que tuviera tiempo de reaccionar, la parte superior
derecha de la cabeza de Kennedy explotó, bañando a la
primera dama y a los motociclistas que iban escoltando a la caravana
con sangre y masa cerebral del presidente.
Tras un segundo de confusión, la limosina aceleró y se dirigió al
hospital Parkland, a unos diez kilómetros o cinco minutos del lugar
del atentado. Pero la carrera fue innecesaria, apenas los doce doctores
esperando a Kennedy vieron sus heridas concluyeron que no había
cirugía posible que le salvara la vida, y a la una de la tarde lo
declararon muerto. Connely, quien tenía herida en la espalda, el pecho,
la muñeca, las piernas y la palma de la mano no estaba en mejores condiciones.
Pero cerca de
las cinco de la tarde había sido declarado estable y fuera de
peligro.
Mientras operaban a Connelly, a las 2:15 p.m., el cuerpo del
presidente fue puesto en una urna y montado en el Air Force One,
y a
las 2:38 p.m., antes que el avión partiera hacia Washington, la
juez federal Sarah T. Hughes juramentó a Lyndon Baines Johnson como
el 36vo Presidente de los Estados Unidos dentro del avión
presidencial. Jacqueline Kennedy sirvió de testigo del acto.
Los testigos del crimen declararon que los
disparos se habían producidos desde detrás de una cerca de madera al
final de un montículo de grama y desde el edificio del Texas School
Book Depository. La policía inmediatamente tomó el edifico y en el
piso seis descubrió, tres cartuchos vacíos al lado de una ventana, y
un rifle italiano Mannlicher-Carcano escondido detrás de unas cajas. Un tal
Lee Harvey Oswald, que había sido contratado el quince de octubre
anterior como operador de ordenes a $1.25 la hora había sido visto en el
edificio a las 11.55 a.m. y abandonándolo a las 12.33 p.m.
Oswald, según su casera,
llegó a su casa a la 1.00 p.m. y casi
inmediatamente un carro de policía se detuvo al frente, tocó la
corneta dos veces y se fue. Oswald entonces salió de su casa y a la 1.16 p.m.
se consiguió con un policía de Dallas llamado J. D. Tippet,
quien lo detuvo. Según testigos, tras
un breve intercambio de palabras, Oswald sacó una pistola y le
disparó varias veces antes de salir corriendo. Veinte minutos más
tarde, Johnny Brewer, el gerente de una tienda de zapatos vio a
Oswald escondiéndose de la policía. Tras verlo entrar en un
cine llamó a la policía. Cuando los ofíciales llegaron Brewer los acompaño al
cine donde identificó a Oswald, y tras una breve lucha, fue arrestado.
Enseguida dieron con que Oswald trabajaba en el edifico de la
Texas Book Depository. También que sus huellas estaban en el Mannlicher-Carcano.
más tarde ese día la policía descubrió que el
rifle había sido comprado por correspondencia por un tal A. Hiddell.
En la cartera del sospechoso encontraron una tarjeta de identificación falsa bajo
el nombre Alek Hiddell. El rifle, además, había sido enviado a el P.O. Box 2915, Dallas, Texas, que era propiedad de Oswald.
En los interrogatorios Oswald negó haber matado al presidente Kennedy, y
repitió que alguien le había tendido una trampa. Al mostrársele
fotos que habían sido halladas en su casa, sosteniendo el Mannlicher-Carcano,
aseguró que ese no era él en la foto. Al día siguiente, el
24 de noviembre, mientras era trasladado a la cárcel del condado un
hombre salió al frente de la escolta y le disparó en el estomago.
El criminal fue sometido y Lee Harvey Oswald murió casi de
inmediato. El asesino fue identificado como Jack Ruby.
Para Robert Kennedy, el asesinato de JFK había sido producto de
una conspiración, e inicio una investigación para reunir pruebas en
cuanto a esto, pero Johnson estableció la Comisión Warren
para llevar a cabo la investigación oficial, amarrándolo de brazos.
La Comisión presidida por el presidente de la Corte Suprema Earl
Warren no encontró pruebas de que el asesinato de Kennedy
hubiese sido llevado a cabo por alguien más que Oswald. Y que el de
Oswald no había sido llevado a cabo por otro que Ruby. Que los tres
disparos, en tres segundos, habían sido hechos desde el edificio de
la School Depository.
El reporte sería criticado y en parte desacreditado en futuras
investigaciones oficiales. Principalmente por la teoría de la
llamada "bala mágica" que no sólo cambió de dirección y
velocidad dos veces, sino que también fue responsable por al menos
siete diferentes heridas en Kennedy y Connally, mientras fue capaz
de mantenerse prácticamente como nueva. La bala fue hallada en una
camilla del hospital con poco más que rasguñaduras. En el edificio
donde había sido conseguido el rifle habían tres cartuchos vacíos,
pero tras el atentado se descubrió que una de las balas había
golpeado lejos de Kennedy y herido a un transeúnte. En vez de añadir
una cuarta bala, Warren prefirió mantener la teoría de "bala mágica"
como única explicación posible.
Con el tiempo contado tras la muerte de Kennedy, Robert se movió
rápidamente, y para la mañana siguiente al asesinato todos los
documentos presidenciales estaban bajo custodia y guardia permanente
las 24 horas del día. Con las pruebas de todas las actividades del
gobierno en sus manos, Robert Kennedy nunca compareció a la Comisión
Warren, que muy seguramente lo hubiese hecho declarar sobre la
conexión con Giancana, destruyendo la imagen de su hermano.
Pocos días después del asesinato, Jackie Kennedy declaró en una
entrevista como ella y su esposo se acostaban juntos en la cama a
escuchar la música del musical "Camelot" una y otra vez. El
mito familiar que Joseph Kennedy había luchado tanto por concebir
por fin había nacido.
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