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Incluso si se hubieran dado a la tarea de establecer un plan para
neutralizar a Venezuela, no les hubiera tomado mucho seso darse
cuenta de que sólo necesitaban tres granadas. Todas para volar las
entradas a Caracas. Aunque al viaducto Caracas-La Guaira con
escupirle un buen buche de vodka, es más que suficiente para echarlo
abajo, aún en ese entonces. El alarmista programa de televisión,
sin embargo, es uno de los mejores ejemplos acerca de la paranoia
mundial por el duelo nuclear entre los Estados Unidos y la extinta
Unión Soviética, cuya caída generó que estos miedos desaparecieran
casi por completo. Pero la realidad es que Venezuela, o cualquier
otro país en la mira soviética/estadounidense, aún están en la misma
situación. En especial, bajo la administración de los nuevos rusos
que, a diferencia de los soviéticos, cada día dan mayores muestras
de ser una verdadera amenaza.
A pesar del debilitamiento que sufrió Rusia tras la caída del
comunismo, Washington nunca dejó de verlos como un enemigo, y sólo
entre 1995 y el año 2000 los blancos norteamericanos en Rusia
aumentaron de
2500 a
más de 3000, con el resto de sus aproximádamente
10000
cabezas nucleares apuntadas a blancos redundantes y países como
China y Corea del Norte.
Que desde mediados de los años cincuenta los Estados Unidos no ha
detenido su programa nuclear, no es ningún secreto. Pero lo que si
lo era, es la intención de los rusos no solo de proseguirlo, sino
aumentarlo en las condiciones en las que actualmente se encuentran,
lo que ha llevado a declarar a expertos en la materia que hoy en día
el riesgo de una guerra nuclear es tanto, o más grande, de lo que
fue en cualquier periodo de la guerra fría.
Y para muestra un botón: la semana pasada Rusia llevó a cabo un
simulacro a larga escala de una guerra con los Estados Unidos,
cuyo único objetivo fue el mostrar a sus países aliados que ellos
aún tienen como. Y cuando digo aliados es a propósito, porque a la
prueba no se invitaron a periodistas y expertos de países “enemigos”
de Rusia, cualesquiera que sean. Los observadores invitados fueron
casi exclusivamente reporteros europeos, japoneses, chinos y
por supuesto, estadounidenses.
Entre las actividades estuvo el lanzamiento de misiles ICBM (InterContinental
Ballistic Missiles) sobre el atlántico norte, el lanzamiento bajo
condiciones de guerra, de satélites espías y la puesta en marcha del
sistema nacional de alerta que, por cierto, trabajó al pelo, a pesar
de las fallas que obligaron a la
destrucción de algunos misiles, lo cual sólo hace que todo el
asunto sea aún más espeluznante.
Esto, en condiciones normales (si es que de alguna manera pueden
serlo), no representaría ninguna alarma. Todos los países del mundo
realizan practicas similares con más frecuencia de lo que cualquier
persona va a misa los domingos. Pero poco a poco ha habido un
escalamiento en el intercambio verbal entre oficiales rusos y
norteamericanos que revelan conflictos graves entre las estrategias
de defensa de ambos países.
Según la Casa Blanca, Rusia es un "aliado", pero el aumentó de
blancos en su territorio no ha pasado desapercibido el Kremlin, como
se puso en evidencia en el programa de televisión norteamericano
Frontline del pasado mes de octubre, donde al ser interrogado acerca
del arsenal nuclear de su país el ministro de la defensa ruso Sergei
Ivanov dijo que "es un programa clave en la defensa estratégica rusa
y Moscú no excluye la posibilidad de realizar ataques preventivos,
en caso de ser necesario, para defender sus intereses y los de sus
aliados." Ivanov más tarde se retractó de sus palabras, pero eventos
posteriores revelarían que todo fue diplomacia como de costumbre.
Para empeorar las cosas,
tras los ejercicios militares rusos el Comandante General del
Ejército, Yuri Baluyevski, declaró a reporteros en Moscú que lo que
acababan de presenciar era consecuencia de la preocupación de su
país por los planes de los Estados Unidos de construir nuevas clases
de misiles nucleares capaces de destruir sus búnkeres antinucleares.
"Los Estados Unidos esta tratando de hacer de sus armas nucleares un
instrumento para resolver sus conflictos" dijo Baluyevski, "¿Acaso
no debemos reaccionar a esta amenaza?" Alarmante como pueda sonar,
no es de sorprendernos que alguien saltara tras la advertencia que
George Bush, le hiciera a Corea del
Norte de que no lo pensaría dos veces antes de lanzar un ataque
nuclear contra ellos en caso de ser necesario.
El gobierno norteamericano hasta los momentos no se ha expresado
públicamente en cuanto a la nueva estrategia de su recién adquirido
aliado. Pero igual los encontronazos diplomáticos ya han empezado a
suceder. Poco antes de los ejercicios, durante la conferencia anual
de la OTAN en Munich el senador norteamericano y ex-candidato a
candidato presidencial John McCain, le expresó a Ivanov la opinión
de su gobierno acerca de la intervención rusa en las naciones
bálticas y el estado de su programa nuclear, tachando cínicamente de
neo-imperialistas sus políticas de expansión y control. Ivanov
simplemente le respondió que su país tenía derecho a defender sus
fronteras e intereses.
Y la opinión de Ivanov, refleja la opinión de la mayoría de los
rusos en el poder. Porque a pesar de toda la bulla nuclear en
especifico y armamentista en general, el problema principal de la
Nueva Rusia es que esta no lo es tanto.
Los que están al mando de la milicia rusa se reúnen bajo lo que
podría traducirse como el Comando General. Esta institución esta
formada por oficiales de las diferentes ramas de las fuerzas
armadas, que mantienen un control exclusivo y de facto sobre las
fuerzas de defensa nucleares. Y así como los intereses corporativos
en los Estados Unidos han conseguido un títere en George Bush, ellos
han conseguido en Vladimir Putín alguien que esta dispuesto a
dejarlos ser los planificadores de la estrategia neo-soviética.
La mayoría de estos oficiales, y su grupo de asesores, ya eran
comandantes durante la guerra fría, y que los Estados Unidos haya
salido victorioso de este conflicto es algo que a ninguno se le ha
olvidado y que consideran un error histórico el cual hay que
corregir. Lejos de lo que usualmente es mostrado en la prensa, los
rusos guardan un gran resentimiento por la disolución de la Unión
Soviética. Con todos sus errores y problemas, los rusos eran un
estado orgulloso que aún no puede creer que su gran país fue
aplastado por uno de ellos mismos,
Mijaíl Gorbachov.
Históricamente Rusia ha sido una potencia, cuyos líderes han
ordenado y su pueblo ha aceptado, los sacrificios de mantener al
país en ese estadio. Sólo en la
Segunda Guerra Mundial a
Rusia le costó 20.000.000, veinte millones de soldados, la población
de Venezuela entera, hacerse con Europa Oriental, pisoteando a los
Nazis en el camino y acabando para bien de todos con la Segunda
Guerra Mundial. Que toda Europa no cayera en manos rusas es consecuencia
exclusiva de la negativa de los Estados Unidos a aceptar el empuje
ruso. Lo cual ocasionó, por puro instinto de supervivencia, que los europeos se aliaran con Washington en la creación del bloque
occidental, y el inicio del periodo histórico conocido como la
guerra fría.
Pero con el fin de este período no se acabó el temor de Europa de
caer en manos rusas. Analizando las razones para la creación de la
Unión Europea, es imposible dejar de lado la autodefensa a un futuro
ataque militar o político desde Moscú.
A finales de los años ochenta, cuando la Unión Soviética se dio
cuenta de que su supervivencia dependía de tomar medidas extremas,
el liderazgo militar hizo planes para relanzar la ofensiva sobre
Europa. Según algunos historiadores esto no sucedió, o no pasó de
Europa oriental, gracias a la intervención de Gorbachov, que detuvo
a los militares, ahora en el gobierno de Putín, de romper el pacto
de Varsovia. Apresurando la implementación de su Perestroika y la
eventual destrucción de la economía soviética, que si antes mal
que bien se las arreglaba para alimentar a sus ciudadanos, ahora
tiene a casi la mitad de los rusos
rezando por el regreso de Stalin.
Lo cual es uno de los problemas más graves de todo el asunto, y
el que tiene a toda Europa en estado de alerta roja política
permanente. Por que un
nuevo Stalin puede ya estar ocupando la silla de Pedro el Grande.
Para los que no han estado al tanto de la situación en Europa
Oriental, el pasado 14 de Marzo Vladimir Putin ganó las
elecciones generales en Rusia, sin mayores problemas. ¿Las razones? La
política de amedentramiento contra la oposición del gobierno actual,
de la cual la
prensa internacional cree Putín es el cabecilla.
Utilizando diferentes métodos, el actual presidente de Rusia eliminó a dos de los candidatos que, aunque de ninguna manera
mejores, estaban en camino a suplantarlo; enviando un mensaje claro
a sus adversarios de que nada lo detendrá en su decisión de
mantenerse en el poder.
El primero de ellos fue Mikhail Khodorkovsky,
un neo-mafioso que había logrado apoderarse de importantes activos
de la industria petrolera rusa durante el gobierno de Boris Yeltsin.
Este, tras solo mencionar sus intenciones de lanzarse a la
presidencia terminó en una cárcel de alta seguridad donde
cumple una condena que
muy seguramente será perpetua.
El otro fue Ivan Rybkin, fiero crítico del gobierno de Putín que
fue secuestrado por cinco días y que tras aparecer el pasado 10
de Febrero, anunció que sólo había querido estar a solas por unos
días. Que tras su regreso Rybkin paralizara todas sus actividades
electorales, por supuesto, ha levantado más que una suspicacia.
En las
elecciones parlamentarias del pasado 7 de diciembre, el partido
Rusia Unida de Putín ganó el 37% de los votos, que combinados con los de otros partidos independientes que lo apoyan
suman más del 58%. Lo cual era de esperarse dada las estrategias
putinescas basadas en cárcel y secuestro que atentan con eliminar
efectivamente a la oposición rusa durante el 2004.
Pero estas no son las únicas estrategias que Putín puso en practica para ganar el control absoluto de Rusia. Gracias al control sobre los
industriales y empresarios rusos, cuyas fortunas en su mayoría fueron repartidas a dedo tras la disolución de la Unión
Soviética por los mismos que ahora están en el poder, cualquiera que viajó a Moscú
durante los comicios notó de
inmediato algo que recordaba los tiempos del soviet supremo: en las
calles no había publicidad de ningún otro candidato que no sea
Putín.
En las elecciones parlamentarias Putín gozó del mismo tipo de
ventaja, parcializando el voto de tal manera que los 400
observadores europeos enviados a inspeccionarlas tacharon las
elecciones de diciembre como "una regresión de la democracia en el
país". Y la principal razón para decir esto es que Putín ya estaba en
conversaciones para introducir cambios a la cantidad de veces que
puede ser reelegido, lo cual la prensa rusa ha dicho “no será solo
de tres términos".
Pero a pesar de que la reelección de Putín estaba casi garantizada,
su base política no dio signos de desacelerar la estructura
propagandística dado el pesado bagaje político que arrastra de
sus cuatro años en el poder. Putín, desde su llegada al Kremlin, ha tenido que
lidiar varias crisis que ha resuelto, por decirlo de alguna manera,
con torpeza. Siendo el caso más
notorio el hundimiento del
submarino
atómico Kursk.
Cuando esto sucedió Putín estaba de vacaciones en el mar negro, y
este se negó a interrumpir su período vacacional para atender a la
crisis. Si algo podía haberse hecho, como las familias de los
muertos afirman, era durante las primeras horas del incidente. Para
cuando la marina rusa llegó al submarino no
había nadie con vida y la marea de mentiras oficiales explicando el
porque de la reacción de Putín y las razones del hundimiento fue una
pesadilla de relaciones públicas que su plataforma publicitaria solo
pudo resolver a tiempo para las próximas elecciones, con el blockbuster de la primavera rusa, la película “72
metros” del director
Vladimir Khotinenko.
Financiada por el Canal Uno de televisión, que es
propiedad del estado tras habérselo confiscado a un enemigo político,
la película esta basada en la historia del Kursk, con varias diferencias
fundamentales que absuelven de cualquier responsabilidad al
presidente ruso. Los marineros son presentados como valientes
defensores de la madre patria dispuestos, sin pensarlo dos veces, a
dar la vida por ella y sobre todo a tomar responsabilidad por sus
errores o los de otros, por lo que ninguno se pregunta ni una vez
por que nadie ha ido a rescatarlos.
Desde cualquier punto de vista, por supuesto, la situación rusa
no es más grave que la situación norteamericana. Las políticas de
Moscú siempre ha sido menos alarmantes que las de Washington, pero
con ambos gobiernos en manos de perros de guerra, el riesgo de que
algún incidente suceda en el futuro cercano no es imposible.
El arsenal nuclear norteamericano, gracias a la estabilidad
económica que ese país ha gozado en los últimos veinte años, puede
decirse que esta en perfecto funcionamiento. Lo cual no puede
decirse del ruso, que ha causado al menos un incidente internacional.
El 25 de enero de 1995,
Noruega lanzó un satélite meteorológico para estudiar las auroras
boreales. Cuando los radares rusos lo detectaron, se lanzó una alerta roja que según las malas lenguas,
Yeltsin atendió completamente ebrio. Y así mismo, reunido con el
Alto Mando ruso, tuvo que decidir en cuestión de segundos que hacer
ante lo que parecía ser un ataque sorpresa norteamericano desde el
Atlántico Norte.
Yeltsin dio la orden de insertar las llaves de ignición de los
misiles de defensa y esperar sus órdenes. En caso de un ataque de
este tipo los rusos tendrían, si acaso un minuto para decidir que
hacer. Un misil lanzado desde un submarino norteamericano en el
Atlántico Norte tardaría unos diez en golpear Moscú. Pero antes de
que tuvieran tiempo de reaccionar, vieron como la trayectoria del
cohete se desvió hacia el espacio exterior. Los noruegos habían
avisado a la embajada en Oslo acerca de este lanzamiento, pero esta
información jamás llegó a Moscú, poniendo al mundo, sin enterarse,
al borde una guerra nuclear cuyas causas se hubieran perdido entre
las cenizas del planeta.
Errores de este tipo, y la realidad de que el sistema defensivo
ruso se encuentra a la mitad de su capacidad de operación, pueden
llevar a desastres inimaginables e irreparables. Tras el incidente
noruego, Yeltsin y Clinton firmaron en ese entonces la construcción
de un Centro Conjunto de Intercambio de Información, pero según
reportó el Washington Post en el 2001, la sede en Moscú hoy en día
esta abandonada y no es más que una "guarida para jóvenes bebedores
de cerveza."
Esperemos que no sea una afirmación literal de lo que realmente
sucede en los centros de control nuclear del planeta. O quien sabe,
si por algún error se llevan por los cachos a Conejo Blanco. |