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La mitad de los Estados
Unidos probablemente estaba vistiendo camisas arrugadas esta semana.
Yo hasta me quité el reloj la semana pasada cuando la
historia de la ascensión de Ronald Reagan a las glorias de la Casa
Blanca empezó a salirse de control.
Los Estados Unidos de
América sabe muy bien cómo llorar a sus muertos. Pero no a todos sus
muertos, of course.
Tomen a Ring Lardner Jr.
por ejemplo. Ring era lo suficientemente famoso. Se ganó un Oscar
como guionista. Escribió el guión de “Woman of the Year” y fue
responsable del nacimiento de uno de los íconos más celebrados de la
cultura norteamericana: el dúo fílmico Katharine Hepburn/Spencer
Tracy. También escribió el guión de una de las películas más cómicas
en la historia de los Estados Unidos, M*A*S*H*, que a su vez dio
lugar a uno de los programas de televisión más largos de la
historia.
Éste no es un mal
currículo, pero Ring tenía un problema. Había sido miembro del
partido comunista a comienzo de los años treinta. Esto se convirtió
en una carga a mediados de los cuarenta cuando, justo como Ronald
Reagan, su carrera en Hollywood estaba empezando a despegar. Como
todo el mundo que entonces fue llamado a declarar frente al House of
Un-American Affairs Committee (Comité de Actividades Anti-Americanas),
a Lardner se le ofreció una salida fácil. Él podría haber confesado
en privado ante el FBI y “nombrar nombres”, si quería seguir
hacienda películas. Y si no quería ir a la cárcel, podía haber
invocado la Quinta Enmienda cuando le preguntaron el ahora famoso
"Es usted ahora, o ha sido en el pasado..."
Lardner no hizo nada de
esto. Se rehusó a implicar a cualquiera que conocía, y peor aún, se
negó a invocar la Quinta Enmienda ante el Congreso. Lardner creía
que hubiera sido erróneo “confesar” de cualquier forma que uno había
pertenecido a un partido político que era legal. Así que cuando el
vicioso del Secretario de la HUAC, J. Parnell Thomas, le preguntó
acerca de su pasado comunista, Lardner le respondió: "Yo podría
responderle eso de la manera que Usted quiere, Sr. Secretario, pero
entonces me odiaría a mi mismo en las mañanas”.
Lardner fue condenado por
rebeldía frente al Congreso y sentenciado a 10 meses en la cárcel de
Danbury. Lardner pagó su condena, y cuando salió, fue puesto en la
lista negra de Hollywood por casi 20 años.
Durante los años en que
Lardner estuvo fuera de Hollywood, Ronald Reagan fue varias veces
presidente del Screen Actors Guild (Sindicato de Actores de los
Estados Unidos) y después gobernador de California. Cuando Reagan
había enfrentado la misma opción que la HUAC le había dado a Lardner,
Reagan tomó lo que esta semana la historia demostró era el camino
más honorable. Cooperó con el comité, apareciendo como un testigo
amigable, bromeando con los miembros del panel acerca de vestir
espuelas en el ejercito y denunciando agriamente la presencia de
comunistas en Hollywood (algunos de los cuales, debe decirse, eran
los líderes de un nuevo sindicato de guionistas con el cual Reagan
no estaba de acuerdo.) Después de las audiencias ante el HUAC,
Reagan se mantuvo firme en sus principios, sirviendo de informante
para el FBI (nombre código: T-10) y junto a su esposa, Jane Wyman,
proveyendo nombres de sospechosos por comunistas. También trató de
instituir una política dentro del sindicato de actores para obligar
a sus miembros a firmar pactos de lealtad.
Pero por supuesto, ustedes
dirán, Reagan no era comunista. No tenía nada que ocultar. Bueno,
aparentemente sí. Cuando Reagan se convirtió en gobernador en 1966,
tuvo que llenar una forma de seguridad para tener acceso al
departamento de investigación atómica de la Universidad de
California. De esa forma, Reagan mintió acerca de haber sido miembro
del Comité por una Política Democrática para el Medio Oriente en
1946, organización que más tarde fue declarada como subversiva por
el HUAC. También mintió acerca de haber estado en el Comité de
Veteranos de los Estados Unidos, que más tarde fue tachada como
"dominada por comunistas" por el sucesor del HUAC, el Comité Burns.
¿Fueron las decisiones del
HUAC/Comité Burns un montón de mierda? Por supuesto que sí. Pero
también lo fueron los cargos en contra de Lardner. Y Lardner decidió
enfrentarlos, mientras Reagan eligió el camino que los Estados
Unidos probó esta semana considera el más aceptable: mintió, se
retorció y se arrastró para hacerse camino alrededor de ellos.
¿Y qué acerca de Mario
Savio? El líder del Berkeley Free Speech Movement (Movimiento por la
Libertad de Expresión de Berkeley) que murió sin mucha bulla en
1996. Él debió haber sido mencionado esta semana, porque Savio fue
bien responsable de que Reagan fuera elegido a la gobernación de
California. Savio fue el que comenzó todo ese zaperoco en 1964
cuando retó la decisión de la Universidad de California que decía
que los estudiantes no podían distribuir literatura política
—particularmente la referida a derechos civiles— en la sede de la
Universidad. Mientras Savio se la pasó entrando y saliendo de la
cárcel por cargos relacionados con protestas no violentas, Reagan
llegó a la gobernación prometiendo “limpiar ese desastre en Berkeley".
Esta semana aprendimos que
la gente que hizo campaña por el derecho de voto de los negros va a
la cárcel y mueren tranquilamente algo más tarde, mientras que la
gente que coopera con J. Edgar Hoover para hacer ver a estudiantes
que protestan como comunistas (Reagan hizo esto en 1966) y utiliza
helicópteros para bombardear los cámpuses universitarios con gases
lacrimógenos (Reagan hizo esto en 1969) son convertidos en
prominentes personas públicas cuando viven, y celebrados como héroes
nacionales cuando mueren.
¿Y qué acerca de Daniel y
Phil Berrigan? Mientras vivían los dos hermanos católicos fueron una
pesadilla, protestando contra la guerra por décadas y sirviendo,
entre los dos, cerca de 21 años de cárcel en el curso de sus vidas.
En los años 60, cuando Reagan estaba diciendo cosas cómo, “Es tonto
hablar de cuántos años vamos a tener que estar en la selvas de
Vietnam cuando podríamos pavimentar todo el país y convertirlo en un
estacionamiento y todavía estar en casa para navidad”. Dan Berrigan
estaba quemando tarjetas de reclutamiento y, famosamente,
disculpándose por ello. “Buenos amigos, nuestras más sinceras
disculpas, por este quebranto del orden público, por quemar papel en
vez de niños...”. Por sus acciones en contra de la guerra, los
Berrigans primero tuvieron que vivir escondidos y después ir a la
cárcel. Cuando salieron, empezaron a hacer campaña en contra de la
carrera nuclear, justo a tiempo para que Ronald Reagan se burlara de
toda la idea pacifista bautizando al misil MX como el ‘Peacekeeper’.
Ambos murieron en
silencio.
El legado de Reagan fue
generoso. Él hizo que se aceptara en los Estados Unidos la libertad
de los ciudadanos de dar la cara por creencias como que “si tu haz
visto un árbol, los haz visto todos”. Gracias a Reagan, Los Estados
Unidos ahora puede dormir en paz, porque la gente que no tiene casa,
los homeless, son homeless "porque ellos quieren ser homeless", que
la gente que se va a la cama sin comer cada noche, lo hacen porque
“están a dieta”, que la explosión del Monte St. Helens puso más
sulfuro en la atmósfera que los carros, que la gente viviendo de
seguridad social son "una masa sin rostro, esperando por una
limosna”, que demasiada ayuda federal para educación causa la baja
en las ganancias corporativas.
Celebramos la muerte de
Ronald Reagan por una semana porque creemos en cubrirnos el culo
para proteger nuestras carreras, nombrando nombres si es necesario.
Nos atragantamos en este elaborado funeral militar porque amamos a
este país que se burla de los Savios y Berrigans del mundo por su
vergonzosa cualidad de dar la cara por la paz. Le damos trato
preferencial a Reagan porque él representa nuestras mejores
cualidades: nuestro patriotismo barato, nuestro odio por los pobres
y los perdedores, nuestro miedo al cambio, nuestra xenofobia y
nuestra absoluta mediocridad. Él fue el campeón de todas estas cosas
y murió en medio de una gran fanfarria, mientras que la mejores
cosas de los Estados Unidos mueren, han muerto, en silencio. |