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La lógica histórica y social admite que la clase social a la que un
individuo pertenece se ve reflejada –obviamente– en la calidad de
educación y cultura, y esta a su vez deriva en una mayor capacidad
crítica que la de otras clases sociales “menos afortunadas”. Pero en
Venezuela no, aquí la relación se invierte.
Como es bien sabido, el pasado 15 de agosto se realizó un
referéndum revocatorio para el cargo de presidente. Pues bien, la
situación es la siguiente: la mayoría de los seguidores de la
oposición al gobierno –no todos–pertenece a la clase media o media-alta;
mientras que la mayoría de los oficialistas –no todos tampoco– se
identifica por contener a las clases más humildes. No voy a entrar
aquí en el análisis del por qué de esto, aunque puedo agregar que
“los pobres de Venezuela”, casi el 80% de su población, simplemente
sienten que, por primera vez en la historia, alguien piensa en ellos…
pero, como ya dije, ese es otro tema.
La manipulación que “cometen” los medios de comunicación –solventados
por capitales nacionales e internacionales con intenciones no muy
apostólicas– en Venezuela es enorme, es descarada, yo diría que
hasta fuera de los más elementales códigos de ética. Sin embargo,
existe gente de clase media, media-alta y alta; gente que posee el
beneficio económico de tener acceso a una buena educación general y
a una educación superior; gente de la que se esperaría alguna
capacidad de análisis o un mínimo de criterio y que, por lo tanto,
desbarataría todas las pretensiones de manipulación. Pues no, la
militancia de la oposición, gente privilegiada en Latinoamérica, son
la carne de cañón de los medios de comunicación, un instrumento de
poder montado en los últimos años en Venezuela.
Sin embargo, no todo está perdido, la gente más humilde, sin
cultura, sin comida, “sin derechos”, etc. es la que no se deja
manipular…
Ahora, en relación a esto y volviendo al tema del revocatorio,
algo que llama poderosamente la atención es la reacción de los miles
de opositores al gobierno, dirigida claramente por los medios de
comunicación, ante el triunfo del Presidente Chávez: Auditorías
previas a las máquinas de votación, aceptación del resultado de
estas últimas por la dirigencia de la Coordinadora Democrática (catalogado
como “proceso blindado” por uno de sus dirigentes), cifras
preliminares del CNE, verificación paralela y legitimación de la OEA
y el Centro Carter de las cifras anunciadas por el CNE, muestra
aleatoria para auditoría posterior al proceso de referéndum, conteo
manual, máquinas a disposición de ser auditadas, etc.; nada puede
abrir los ojos y la mente de este sector. Ellos no aceptan la
derrota, ellos estaban seguros de que ganaban, así se los dijo la
televisión y los demás medios y así lo creyeron… el lunes 16, todos
gritaban como afectados por el mismo virus mediático: ¡TRAMPA!, ¡FRAUDE!
Los días han pasado, no hay evidencias de delito electoral, por
el contrario, cada vez es mayor la certeza de un proceso limpio y
transparente; pero a pesar de ello, se sigue escuchando en casi todo
el este de Caracas: ¡TRAMPA!, ¡FRAUDE!, ¡LIBERTAD! ¡ANTICUBANIZACIÓN!,
¡DIGNIDAD! entre otros “top 10” del momento.
De acuerdo, en este país sí hubo fraude, pero no la ficticia
trampa electoral que quieren imputarle al gobierno, sino el delito
de la manipulación mediática, el delito que cometen los educados al
no tener criterio, el delito de los dirigentes políticos de la
oposición que guían irresponsablemente a esta masa de gente ciega
hacia una confrontación traumática con la realidad.
Por eso no pueden aceptar la verdad de esta Venezuela.
Olvidaron que los pobres existen en este país, o tal vez quieren
olvidarlo, quizás no quieren aceptar que la gente “de los cerros”,
como así los llaman, sin cultura (porque como dijo una de estas
señoras: “ellos no tienen derecho de ir a la universidad, porque una
persona mal alimentada no sirve para estudiar, porque su cerebro no
tuvo ni tiene la comida necesaria para poder hacerlo” y, por lo
tanto, como dijo otra: “si no tienen cultura, no tienen derecho a
votar porque no saben lo que hacen”), bueno, esta gente pobre, la
gente sin cultura, como decía anteriormente, es la que no permite
que los medios de comunicación la manipule, es la que ha demostrado
tener más criterio, es la que ve las cosas más claras…
Y esta es la gran paradoja venezolana, que es ese el pueblo que
sostiene el destino de una nación soberana. Mientras que los bien
alimentados, educados, los que aún se creen dueños del país, los que
por su educación tienen la obligación (sí, y lo recalco, la
obligación) de pensar con criterio y no dejarse manipular, son
las marionetas de este gran circo que es hoy la oposición política
de Venezuela.
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