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Año 1 19 de Agosto del 2003 N° 5

 

APOYA AMNISTIA INTERNACIONAL

 

OPINIÓN

 

Ganancia Para Todos

 

© Wim Wenders


¿Artista o Esclavo?


Máximo Alonso Venezuela

 

Como se sabe, los artistas en Cuba están atrapados entre los borrosos límites de lo permisible y lo no francamente punible, trazados -como todo lo trazable allí- por el gobierno. Ese espacio parece tener su atractivo y su área de disfrute para quienes lo ocupan con alguna sinceridad, dignidad y fortuna. Juzgar la actitud de esos creadores puede ser fácil o difícil... e inevitablemente injusto en el fondo. Es cierto que cualquier hábitat social es vivible, por muchas limitaciones que tenga; los ejemplos sobran. Pero la crítica a esas actitudes desde posturas éticas es, al menos, arriesgada.

Cuasi-vegetar intelectualmente bajo el excepcional sistema de control opresivo cubano puede ser más gratificante que disponer de todas las posibilidades de expresión en un medio básicamente indiferente a los contenidos que se expresen.

El público de Pedro Luis Ferrer, Frank Delgado y algún otro trovador “atravesado” es potencialmente enorme, aunque de facto esté constreñido a algunos espacios “alternativos”, autorizados ¿o propiciados? por el gobierno.

La posibilidad siempre latente de desbordar ese espacio con sólo un discreto impulso promocional, es el quid del asunto. Al estar tácitamente vetada, puede seducir con “misterio” y presunción de pecado anti-establishment. Es como otro punto débil del gobierno. Una victoria muda del artista que queda en posición de perdonavidas –ciertamente muy vulnerable-. Este, se exime de culpa, con esa autocensura variable que, a la vez, sirve de catalizador y base de lanzamiento para la relación con el público y -por lo tanto- determina la especificidad del contenido y el tono de sus obras.

Otra cosa es la disposición, la actitud para entrar en ese juego, pues otorga al gobierno cierto matiz de flexibilidad. Y al creador un halo de valentía-audacia (tan caros en ambas acepciones), al cubano sensible e inteligente.

Por cierto, que en ese terreno con frecuencia se desarrolla también la capacidad “dialéctico-teorizante” del artista. A veces sus razonamientos y argumentos son -socio-psicológicamente hablando- más interesantes que algunas de sus obras. Un “sí pero no” que espolea al raciocinio hasta zonas sublimes.

Como toda motivación sigue siendo inconsciente hasta que se demuestre otra cosa, en la historia personal de esos creadores debe haber un poco de nudos críticos nada despreciables para un psicólogo. Las neurosis y otros trastornos que pudieran sufrir, además de justificables y hasta cómodamente benignos, ponen su toque de color local al ambiente artístico underground de la isla.

Que eso sea pernicioso o no, quién sabe. Al fin y al cabo, en ese bizarro mundo cubano se perdieron ya tantos puntos de referencia, que rescatar u obtener algo de satisfacción personal del árido paisaje es casi una hazaña, cuando no un autoengaño complaciente.

El espacio que con mezquindad y a disgusto (mezclado con cálculo según creo), deja el gobierno a los “creadores-problema”, seguro que resulta satisfactorio para ellos y su público.

Y el gobierno gana su exigua cuota de indulgencia con escapulario ajeno; el de esos artistas que –de paso- lejos de representar un peligro, son muestra de flexibilidad y parte de la consabida válvula de escape para la presión acumulada por las frustraciones.

Ahí el gobierno sólo sufre, quizá un poco ofendido, en sus autistas masturbaciones de “democracia verdadera”, padre protector de la Patria, ángel tutelar de la cultura cubana, etc. Pero es sólo una incongruencia más de las tantas.

Esos artistas no le hacen el juego al gobierno. Sólo que forman parte de un juego donde el régimen, como es usual, banquea. Pero todos ganamos. El gobierno –no consigo ponerlo con mayúscula- lo ha dicho.

El artista, su realización mediatizada, pero...; el público, obtiene su episódico corrientazo de adrenalina moral y espiritual; el ambiente artístico “alternativo” de la isla, su brochazo de color local; y yo, este punto de vista que me refuerza la nebulosa noción de la utilidad de casi cualquier cosa en este mundo, incluida la conmiseración contaminada de conformismo.

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