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Ganancia
Para Todos
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¿Artista o
Esclavo?
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Máximo
Alonso

Como se sabe, los
artistas en Cuba están atrapados entre los borrosos límites de
lo permisible y lo no francamente punible, trazados -como todo lo trazable
allí- por el gobierno. Ese espacio parece tener su atractivo y su área de
disfrute para quienes lo ocupan con alguna sinceridad, dignidad y fortuna.
Juzgar la actitud de esos creadores puede ser fácil o difícil... e
inevitablemente injusto en el fondo. Es cierto que cualquier hábitat
social es vivible, por muchas limitaciones que tenga; los ejemplos sobran.
Pero la crítica a esas actitudes desde posturas éticas es, al menos,
arriesgada.
Cuasi-vegetar intelectualmente bajo el excepcional sistema de control
opresivo cubano puede ser más gratificante que disponer de todas las
posibilidades de expresión en un medio básicamente indiferente a los
contenidos que se expresen.
El público de Pedro Luis Ferrer, Frank Delgado y algún otro trovador
“atravesado” es potencialmente enorme, aunque de facto esté constreñido a
algunos espacios “alternativos”, autorizados ¿o propiciados? por el
gobierno.
La posibilidad siempre latente de desbordar ese espacio con sólo un
discreto impulso promocional, es el quid del asunto. Al estar tácitamente
vetada, puede seducir con “misterio” y presunción de pecado anti-establishment.
Es como otro punto débil del gobierno. Una victoria muda del artista que
queda en posición de perdonavidas –ciertamente muy vulnerable-. Este, se
exime de culpa, con esa autocensura variable que, a la vez, sirve de
catalizador y base de lanzamiento para la relación con el público y -por
lo tanto- determina la especificidad del contenido y el tono de sus obras.
Otra cosa es la disposición, la actitud para entrar en ese juego, pues
otorga al gobierno cierto matiz de flexibilidad. Y al creador un halo de
valentía-audacia (tan caros en ambas acepciones), al cubano sensible e
inteligente.
Por cierto, que en ese terreno con frecuencia se desarrolla también la
capacidad “dialéctico-teorizante” del artista. A veces sus razonamientos y
argumentos son -socio-psicológicamente hablando- más interesantes que
algunas de sus obras. Un “sí pero no” que espolea al raciocinio hasta
zonas sublimes.
Como toda motivación sigue siendo inconsciente hasta que se demuestre
otra cosa, en la historia personal de esos creadores debe haber un poco de
nudos críticos nada despreciables para un psicólogo. Las neurosis y otros
trastornos que pudieran sufrir, además de justificables y hasta
cómodamente benignos, ponen su toque de color local al ambiente artístico
underground de la isla.
Que eso sea pernicioso o no, quién sabe. Al fin y al cabo, en ese
bizarro mundo cubano se perdieron ya tantos puntos de referencia, que
rescatar u obtener algo de satisfacción personal del árido paisaje es casi
una hazaña, cuando no un autoengaño complaciente.
El espacio que con mezquindad y a disgusto (mezclado con cálculo según
creo), deja el gobierno a los “creadores-problema”, seguro que resulta
satisfactorio para ellos y su público.
Y el gobierno gana su exigua cuota de indulgencia con escapulario
ajeno; el de esos artistas que –de paso- lejos de representar un peligro,
son muestra de flexibilidad y parte de la consabida válvula de escape para
la presión acumulada por las frustraciones.
Ahí el gobierno sólo sufre, quizá un poco ofendido, en sus autistas
masturbaciones de “democracia verdadera”, padre protector de la Patria,
ángel tutelar de la cultura cubana, etc. Pero es sólo una incongruencia
más de las tantas.
Esos artistas no le hacen el juego al gobierno. Sólo que forman parte
de un juego donde el régimen, como es usual, banquea. Pero todos ganamos.
El gobierno –no consigo ponerlo con mayúscula- lo ha dicho.
El artista, su realización mediatizada, pero...; el público, obtiene su
episódico corrientazo de adrenalina moral y espiritual; el ambiente
artístico “alternativo” de la isla, su brochazo de color local; y yo, este
punto de vista que me refuerza la nebulosa noción de la utilidad de casi
cualquier cosa en este mundo, incluida la conmiseración contaminada de
conformismo.
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