La situación de la América Latina de hoy es comparable con la que
existía en Francia al inicio la Revolución Francesa. Comparando el
mundo capitalista actual con el régimen monárquico de entonces,
podemos inferir inmediatamente el rumbo que podríamos tomar para
salir de los problemas que hoy en día nos torturan.
La Revolución Francesa se originó por el cuadro generalizado de
miseria y represión de las masas populares, cuyo origen estaba en la
incapacidad del régimen feudal de Luis XVI de conciliar la
desastrosa crisis financiera que el Estado había venido sufriendo de
forma crónica. En el período inmediatamente anterior a la revolución,
el Estado se dio cuenta de que su impotencia financiera no podía ser
remendada con el aumento de impuestos -que ya oprimían pesadamente a
la población- sino más bien, por la generalización de los tributos a
toda la población sin distinción de rangos o posición social. El
tercer estado, la burguesía, por un lado aceptó la decisión, y por
el otro retiró el apoyo a la realeza propiciando dramáticamente la
toma de la Bastilla por un pueblo armado que sencillamente no
aguantaba más. La burguesía, más tarde, se mostró tan incapaz como
el régimen anterior y sólo hasta el golpe de estado a Napoleón, el
gobierno de París logró organizarse y romper con las viejas
estructuras gubernamentales que le ataban al ciclo de la miseria.
Cualquier parecido con la realidad de América Latina es pura
coincidencia. Pero si es verdad que la historia se repite, entonces
estamos entrando en un período en el que el rompimiento con las
estructuras actuales de poder, es necesario para desencadenar el
desarrollo. Esto puede ser doloroso y de llegar a ser esto cierto,
hay que amarrarse los pantalones porque lo que viene es candela pura.
Claro está que no podemos, ni debemos, usar a Napoleón como punto
de comparación para el liderazgo que poco a poco ha emergido en
América latina en los últimos años. La analogía es imposible y
anacrónica. Pero las necesidades de los pueblos y la responsabilidad
de la burguesía siguen siendo las mismas que entonces. La
comparación, sin embargo, no es completamente invalida. En primer
lugar encontramos al pueblo latinoamericano, en la posición del
pueblo francés. A sus nuevos líderes en la posición de Napoleón y su
nuevo orden, que hoy en día sería la izquierda latente. La oposición
germana, rusa e inglesa que entonces se unió para vencer al corzo
invasor y la propaganda que se generó para cancelarlo políticamente,
es hoy en día la misma que los países capitalistas imponen contra
cualquier idea que no sea de centro o de derecha.
Visto de este punto de vista, el gobierno de Napoleón, no fue
sino el Kremlin del siglo XIX. Un gobierno forajido tratando de
abrirse camino en un mundo dominado por gobiernos de ideas
contrarias, que se esforzaron en convertir cualquier logro de su
gestión en un mal perverso que debía evitarse. Por esto Napoleón
nunca fue bien visto en tierras americanas. El imperio napoleónico
atentaba ideológicamente contra la existencia de las monarquías
europeas, que veían en el francés una iniciativa popular que debía
ser acabada a toda costa. Pero aunque lograron inocularse localmente
contra la invasión política francesa, a pesar de las invasiones de
sus territorios, sus ideas viajaron a las colonias desencadenando
las independencias de estas en el siglo XIX. Algunas de estas
monarquías, por cierto, aún están sentadas cómodamente en su trono.
Francia terminó al final, pagando por el atrevimiento de retar a
duelo al resto del mundo, buscando un destino independiente y
desinteresado de todo pero de ellos mismos. Pero dada la situación
en que se encontraban, acaso esto estaba mal? Debían haberse
preocupado por sus relaciones con otros estados antes que de su
propio bienestar? En mi opinión, Francia hizo lo correcto, y
Latinoamérica debería seguir este ejemplo de acuerdo a las reglas
que rigen este siglo.
No estamos en el siglo XIX. La diplomacia ha sustituido a los
campos de batalla. Si Latinoamérica pretende seguir un camino que no
es el que le indican las grandes potencias, es mejor que afile las
uñas en este terreno, ya que estas no aceptarán un reto frontal a su
influencia e intereses, so pena de terminar sancionados
permanentemente como Irak o Cuba. Ya Hugo Chávez en Venezuela ha
cometido el error de la honestidad al expresar sus ambiciones e
influencias y esto debe ser evitado a toda costa, para evitar el mal
de ojo por parte de Washington, que mal que bien, puede estar
abierto a ideas en estos momentos que su economía se tambalea a
pesar de sus esfuerzos por evitarlo.
La mayor influencia en Latinoamérica hoy en día, proviene del
proyecto cubano, que como el napoleónico no es del agrado del orden
establecido. Castro cometió el mismo error de Chávez en Venezuela al
desafiar las política estadounidense. Pero en los años 50 la
existencia del contrapeso soviético hacía esto posible. ¿Quién iba a
imaginar entonces la caída del imperio ruso? El gobierno de Castro
representa todos y cada uno de los deseos independentistas y de
autodeterminación del gobierno de Napoleón, aunque, por supuesto, en
un contexto diferente. Y como tal, es objeto constante de ataques
que buscan desacreditar cualquier paso que de al frente, pese a las
adversidades.
Por esto la búsqueda de un camino propio debe ser cuidadosa. Un
paso en falso y un gobierno buscando atender a las necesidades de su
país, puede terminar como blanco del mundo capitalista. Ya en el
siglo XIX, las monarquías europeas hicieron lo propio con Napoleón
en América, neutralizando su influencia al convertirlo en un
monstruo con el que nadie quería verse relacionado, por miedo a ser
expuesto como un aventurero más, en búsqueda de un imperio y una
corona. La comparación fue una de las grandes batallas diplomáticas
de Bolívar en su lucha por unir a Sur América mediante la Gran
Colombia. A pesar de que este no tenía intenciones monárquicas de
ningún tipo, tuvo que negar cuanta influencia positiva el monarca
francés ejercía en él. Curioso es que si hubiese hecho lo contrario,
la burguesía latina quizás le hubiese dado el visto bueno al gran
imperio suramericano, en vez de destazarlo como lo hicieron.
Perú de Lacroix, en El Diario de Bucaramanga, hace
referencia a las consecuencias de la propaganda anti-napoleónica en
la empresa bolivariana, con ocasión de la Convención de Ocaña, y de
la manera cuidadosa con que Bolívar se refería a Napoleón frente a
sus adversarios. El 26 de abril de 1828 escribe:
"Ni paseo ni juego ha
habido hoy: el Libertador se quedó solo después de la comida hasta
las siete de la noche, que fui a su cuarto y lo hallé leyendo. A mi
llegada me dijo: «Venga acá, que le leeré algo de la guerra de los
dioses. Empezó, pero se cansó muy pronto y me pidió el Gabinete de
Saint-Cloud, que estaba sobre su mesa. Empezó el artículo sobre
Napoleón y muy pronto lo dejó para decir: «¡Qué injusticia; qué
falsedad!». Siguió luego la misma lectura y, de golpe, tirando el
libro sobre la mesa desde la hamaca en que se hallaba, dijo: «Usted
habrá notado, sin duda, que en mis conversaciones, delante de los de
mi casa y otras personas, nunca hago el elogio de Napoleón; que, por
el contrario, cuando llego a hablar de él o de sus hechos es más
bien para criticarlo que para aprobarlo, y que más de una vez me ha
sucedido llamarlo tirano, déspota, como también el haber censurado
varias de sus grandes medidas políticas y algunas de sus operaciones
militares. Todo esto ha sido y es aún necesario para mí, aunque mi
opinión sea diferente; pero tengo que ocultarla y disfrazarla para
evitar que se establezca la opinión de que mi política es imitada de
la de Napoleón, de que mis miras y proyectos son iguales a los suyos,
de que como él quiero hacerme emperador o rey, dominar la América
del Sur como él dominó la Europa: todo esto no habrían dejado de
decirlo si yo hubiera hecho conocer mi admiración y mi entusiasmo
para con ese grande hombre. Más aún habrían hecho mis enemigos: me
habrían acusado de querer crear una nobleza y un estado militar
igual al de Napoleón en poder, prerrogativas y honores. No dude
usted de que esto hubiera sucedido si yo me hubiera mostrado, como
lo soy, grande apreciador del héroe francés, si me hubiesen oído
elogiar su política, hablar con entusiasmo de sus victorias,
preconizarlo como al primer capitán del mundo, como hombre de Estado,
como filósofo y como sabio. Todas estas son mis opiniones sobre
Napoleón, pero gran cuidado he tenido y tengo todavía de ocultarlas.
El Diario de Santa Elena, las campañas de Napoleón y todo lo que es
suyo, es para mí la más agradable y provechosa lectura: es donde
debe estudiarse el arte de la guerra, el de la política y el de
gobernar». Tan singular como inesperada confesión del Libertador me
extrañó. En varias ocasiones había yo sacado la conversación acerca
de Napoleón, pero nunca había podido fijarme sobre el verdadero
juicio que de él tuviera su excelencia: había oído algunas críticas,
pero sobre hechos parciales y no sobre el conjunto de todos ellos,
sobre toda su vida pública, sobre su genio y capacidades: esta noche
el Libertador ha satisfecho mis deseos. "
Bolívar estaba claro en la influencia negativa que causaría en su
proyecto, el verse relacionado con la figura de un Napoleón que
había sido desprestigiado hasta más no poder. Fidel Castro,
sabiamente, ha capitalizado diplomáticamente, haciendo uso del mismo
silencio que tanto molestaba a Bolívar. Y esta es la forma correcta
de manejarse en este momento y estado de las cosas.
La mejor forma que los opositores a un cambio van a conseguir,
para descarrilar la salida de América del Sur del atolladero en que
se encuentra, va a ser mediante la guerra informática.
Desprestigiando a los regimenes y lideres que propongan cambios que
afecten sus intereses, sin importar si son positivos para la región
o no.
Este desprestigio, mas bien que no, vendrá en la forma de la
asociación con los sistemas de izquierda, que siendo exactamente a
donde parecemos dirigirnos, le dará veracidad a cualquier ataque.
Esta formula, por cierto, funcionará, de no ser neutralizada
cuidadosamente, con precisión de reloj suizo, gracias al extenso
trabajo hecho por occidente durante la guerra fría.
Volviendo al caso Venezuela, vemos como Hugo Chávez ha enfrentado
una oposición fuerte a su administración no por la crisis económica,
no por actos corrupción y ni siquiera por su militarismo evidente,
sino por la popularización del rechazo a sus ideas de izquierda.
Lula en Brasil vio su candidatura amenazada por el simple hecho de
expresar simpatía por el venezolano, quien a su vez ha revelado su
admiración por su colega Fidel Castro.
Al igual que en caso de Bolívar con respecto al proyecto
napoleónico, dudo que las pretensiones políticas de Chávez incluyan
la adaptación completa del sistema cubano o de cualquier otro,
realmente no hay indicios de esto. Sino mas bien la experimentación
en los campos donde el gobierno de Fidel ha sido exitoso, lo cual es
perfectamente valido. Como el de la salud publica, la educación, los
deportes y la agricultura. Pero el no haberse protegido del
desprestigio propagandístico, le va a hacer difícil llevar a buen
termino cualquier iniciativa. Un cambio brusco como el ocurrido tras
la revolución cubana, simplemente no es posible. (Esa experiencia ya
la vivió él mismo durante los fallidos golpes de estado contra la
administración Carlos Andrés Pérez y la oposición en el golpe de
Abril del 2002). El éxito de semejante movida terminaría
inevitablemente en la intervención extranjera. Por lo que no le
queda otra ni a el ni a ningún otro gobierno de Latinoamérica que
quiera experimentar fuera del modelo de derecha que cuidar
celosamente cada paso que da, teniendo en cuenta que el poderío
militar, diplomático y estratégico de occidente, principalmente, los
EE.UU... es simplemente irresistible.
Si los pasos se dan correctamente, América latina no debería
tener problemas en adoptar el gobierno que mejor le parezca, y
siendo la izquierda la influencia mas evidente en este momento,
Suiza, Francia o cualquiera de estos estados pseudo socialistas de
Europa deberían ser un ejemplo a considerar, especialmente ahora
cuando la Unión Europea buscar alejarse de la influencia
estadounidense. Aquí los programas sociales son increíblemente
amplios y conviven libremente con el capitalismo de las grandes
corporaciones que a la final, son las que pagan la cuenta. De hecho,
es interesante mencionar, que las políticas económicas que
fracasaron en Latinoamérica en los anos 80 y que implotaron en los
90, lo hicieron por que en realidad se alejan mucho de lo que
realmente sucede en los Estados Unidos, padre de estos proyectos
nefastos vía FMI, donde las políticas de carácter social son quizás
mas extensas que en Europa. Una mirada rápida a las leyes de welfare
en los Estados Unidos inmediatamente nos deja ver las
contradicciones entre lo que vivió América Latina y lo que se
pretendía forzar en Latinoamérica. Si en los Estados Unidos se
eliminarán de un plumazo los programas sociales que los Chicago Boys
culpaban en Latinoamérica como causante de los déficit
presupuestarios y la carencia de estimulo para el desarrollo,
veríamos ciudades enteras en fuego a lo largo y ancho de los EE.UU...
en un abrir y cerrar de ojos.
Francia o Suiza no son amenazas al mundo capitalista. Y ni
siquiera lo es China, que adoptando un sistema mixto esta cada día
económicamente más saludable. De hecho el ejemplo chino es bastante
interesante por que, a pesar de haber tenido un gobierno radical por
muchos años, jamás fue objeto de ataques como lo fue el Kremlin.
Esto por supuesto, por conveniencia de occidente. Si Latinoamérica
sabe jugar sus cartas, de la forma en que China lo ha hecho,
explotando su inestabilidad latente, los resultados de cualquier
iniciativa deberían ser positivos a mediano plazo.
Sin embargo, a diferencia de China, nosotros no estaremos
experimentando con un sistema nuevo en el hemisferio. La meta
debería ser ajustar el que ya tenemos de manera que sea capaz de
funcionar bajo las condiciones caóticas que hoy presentan nuestros
países. Y para esto se necesita el consenso y solidaridad de la
burguesía local.
Ni Chávez ni Lula llegaron al poder a punta de carisma. A pesar
de la oposición que encuentran o puedan encontrar en el futuro, sus
campañas fueron financiadas por el sector privado en una jugada
valiente a la que no se le puede restar merito. Los principales
afectados por las crisis económicas de cualquier país son los
empresarios. La disminución del consumo en cualquiera de sus formas
se refleja de inmediato en los beneficios de los grandes, medianos y
pequeños productores y comerciantes. En el caso Venezuela, por
ejemplo, la economía ha sufrido un progresivo deterioro desde el
comienzo de la década de los ochenta. A pesar de que la liberación
de precios el empresariado se las ha visto cada día cara a cara con
el fantasma de la inflación, que era indetenible e incontrolable
bajo los regimenes anteriores.
La solución, como sabiamente la entendieron en algún momento, era
el cambio en la forma de un nuevo líder con ideas frescas abierto a
sugerencias. Lamentablemente , en el caso de Hugo Chávez, el miedo a
una nueva revolución de tipo cubano les ha llevado a olvidarse de
esa intención inicial y tratar de volver al método inflacionario de
hacer negocio, que con todos sus defectos es prácticamente
garantizado.
Desde la administración de Bill Clinton, ha habido una tendencia
sin precedente de acercamiento hacia América latina. Las razones,
además de diplomáticas, son de orden económico. América Latina
representa uno de sus mercados mas grandes de los EE.UU. Y es de
hecho la única zona del planeta donde la balanza comercial se ha
mantenido casi intacta. Tras años de políticas que ignoraban esto,
Washington se dio cuanta de que si pretende ser el bodeguero de
Latinoamérica, debe asegurarse de que Latinoamérica tenga como
comprar lo que ellos venden. Una Latinoamérica arruinada
significaría malas noticias para Wall Street. Si la economía se
mantiene estable en la región, a Washington, le importaría lo mismo
que le importa que china sea comunista, que los países de
Latinoamérica se desarrollen políticamente a su propio paso y de
cualquier manera. Al final, al menos por ahora, lo que pase aquí es
irrelevante desde el punto de vista estratégico, siempre y cuando le
ofrezcamos el apoyo necesario para mantenerse en poder como primera
potencia mundial.
Latinoamérica debe explotar la ventaja que tiene con respecto a
países que podemos llamar, intervenibles. Algunos de sus
países son células productivas eficaces de los Estados Unidos.
Brasil, Colombia, México y Venezuela poseen la ventaja de que
grandes empresas estadounidenses poseen sucursales gigantescas que
abastecen a la región de sus productos. Cualquier tipo de
intervención como la que sucede en Irak en estos momentos es solo
posible por que Irak no posee intereses norteamericanos en su
territorio, y por consiguiente, paralizar al país en un conflicto
bélico es directamente inocuo (aunque indirectamente influyente) en
las ganancias de los grandes consorcios norteamericanos. De hecho la
intervención en Irak es positiva para Washington ya que abre
mercados que no existían. Pero en Latinoamérica la historia es
distinta. Paralizar a Colombia por tres meses con una intervención
militar significaría el deterioro comercial que en principio se
quiere evitar.
Esto no quiere decir que medios de presión puedan ser ejercidos.
pero al menos nos da un punto en el que apoyarnos a la hora de
ejercer nuestro derecho a la autodeterminación, que aunque parezca
de lo anteriormente descrito, como una simple aceptación de nuestra
dependencia política y económica, en realidad es una estrategia
diplomática de romper con ella, por que como dije antes, las
batallas ya no se ganan con balas, sino con palabras. Y si no me
creen, que le pregunten a Fidel.
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