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9-11: Dos Años Después
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El primer
día del resto de la historia
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Gustavo Morales

El 10 de septiembre del año
2001, vivíamos en un mundo que no volverá a ser. Teníamos otras
guerras, conflictos y preocupaciones, pero vistas hoy, ellas no son
más que asteriscos históricos. La mañana del día siguiente, el
futuro que prometía el nuevo siglo acompañado por el sueño de unión
que muchos pensaron que podía hacerse realidad, desapareció. Dos
años después, no existe ninguna duda de que no volverá en mucho
tiempo, si es que alguna vez lo hace. Bienvenido al siglo XXI.
Haciendo un recuento de las consecuencias del
ataque al World Trade Center en Nueva York y al Pentágono en
Washington D.C., llegamos a la conclusión que la solución a este
problema aún ni ha comenzado. Los autores de estos atentados todavía
están libres y con sus organizaciones funcionando. Sus
personalidades son veneradas en el Medio Oriente como héroes.
¿La razón? Le pegaron en la nariz al muchacho más
fuerte del barrio sin pensar que -como en el barrio- pocos viven los
suficiente como para contarlo al ser viejos. El mundo musulmán sigue
resentido por ser tierra de nadie. Sus millones de creyentes siguen
muriendo de hambre y para colmo de males ahora están en la
difícil posición de excusar lo inexcusable.
A dos años del 9-11, sólo tres cosas han sido
puestas en claro: los musulmanes creen que los Estados Unidos
recibieron su merecido; los musulmanes cometieron un error en
habérselo dado; y esto no resolvió ningún problema.
Sin embargo las consecuencias han ido más allá de
la imaginación de sus perpetradores, incluyendo
la
ruptura entre Europa y los Estados Unidos.
Con
Europa en pleno
proceso de unión,
verse
dividida por el conflicto
pone en riesgo
el deseo de
hacer un
país de
un continente.
Y de no cristalizar estos planes en el futuro
-y esto es posible-, será consecuencia exclusiva del ataque
en tierras americanas.
Y la división no es producto de meras posiciones
políticas. Es producto del delicado equilibrio que se necesita para
mantener al mundo en la mejor y mayor paz posible. En el caso
europeo (quien a pesar de los conflictos en Europa del Este), ha
experimentado en los últimos 50 años lo que es vivir sin matarse los
unos a los otros, este equilibrio es muy difícil de mantener dado
que sus economías dependen en mucho de la salud de los Estados
Unidos de América.
Pero la relación de amor odio entre este país y
Europa, y las posibles ventajas de aliarse con un enemigo sólo hasta
cierto punto, han llevado a malos entendidos que pueden terminar en
represalias futuras e innecesarias si los europeos no hubieran
tratado de beneficiarse de una situación más grave de lo que
pensaron.
En dos años, hemos visto a la nación más fuerte del
planeta atacada por: apátridas, países celebrando tales ataques,
otros apoyándolos y otros tratando de aprovechar la situación. Hemos
visto a España
nuevamente
convertirse en
líder europeo a pesar de la oposición interna.
A Inglaterra negar su afinidad territorial.
Lo peor de los seres humanos salió a flote justo en
momentos cuando todo lo que había que hacer era detenerse y pensar
en lo que era más conveniente para todos.
Igual quizás ahora estuviéramos en guerra. Quizás
igual Irak hubiese sido descabezada y todo un continente amenazado
de lo mismo si no controlan a sus ciudadanos y a una creencia (que
en algunos lugares) ha pasado de religión a culto.
En dos años hemos visto desaparecer cualquier duda
acerca de quién es la única potencia en el Planeta, y que esta no
tiene ningún deseo de dejar de serlo. Hemos visto a las Naciones
Unidas tiradas en el suelo convertidas en un buhonero de
recomendaciones que nadie oye. Nos hemos dado cuenta de que el único
beneficiario de la caída de Occidente es China -y que sabiendo esto-
se ha mantenido en silencio. También hemos visto que regímenes como
el de Beijing no serían una mala idea en el Medio Oriente si se
quiere controlar la situación sin tener que apelar al exterminio
masivo, que por primera vez en décadas es una opción tanto de un
lado como del otro.
Que los errores del pasado se pagan con sangre y
que los aliados del pasado, no lo eran tanto. Que todo lo que
creemos saber puede ser una simple ilusión.
Y sorprendentemente, en estos últimos dos años
hemos visto a los Estados Unidos tratar de intervenir políticamente
en el futuro de naciones que simplemente están avanzando hacia
democracias más sólidas. Las lecciones del 11 de septiembre yacen
olvidadas como si creyeran que no son ciertas.
A dos años del 11 de septiembre del 2001, lo
interesante es que aún no sabemos si la historia dio un giro hacia
mejor o hacia peor. Ojalá, este sea el comienzo de otra era, que
aunque iniciada con sangre, termine en dadas de mano.
De comprensión y entendimiento. Occidente debería
ser capaz de esto. El mundo Oriental debería al menos tratar de
hacer lo mismo o simplemente
esta
rogando por su
colonización.
A dos años del 11 de septiembre lo único que
sabemos es que a seis, a diez o a veinte años de ese día, el mundo
no volverá a ser el mismo.
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