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Dos
Gardenias para Mí
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Agárralo
que es contigo
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María Carolina
Taboada

A pesar de todo lo provocativa
que resulta la idea de pasar los despechos cual madre de “Pato
Aparato” -sin bañarse, envuelta en una bata azul y comiendo
chocolates-, eso de extender las tristezas circunstanciales resulta
bastante absurdo luego de un par de buenas pensadas. Escritas;
porque el tiempo está cerca. Además, ¿quién puede estar despechado
por mucho tiempo en el Trópico? Hace demasiado calor y el sol está
brillando los 365 días del año sobre un cielo escandalosamente azul.
Ni hablar de la noche: basta con acostarse en la playa, bajo las
palmeras, ver 5 millones de estrellas y sentir lo ridículo que es
sufrir por algo tan transitorio. Y por resentido que suene: la vida
es mucho más que el amor compartido, a pesar de lo que diga
Cosmopolitan, la progesterona y el infeliz de Ricardo Arjona.
A través de los años he ido desarrollando algunas estrategias
para quitarme la pijama mocosa y volver a ser gente en menos de una
semana. He aquí algunas de las más efectivas y dignas.
Táctica 1: Castigar las fotos ”Guardar –nunca romper- todas las
cositas recibidas. Esto incluye todo tipo de regalitos: Fotos,
cartas, libros, discos, flores secas, ropa, almohaditas y peluches
(en caso de haber sido lo suficientemente cursi como para haberlos
aceptado).
Táctica 2: Prostitución de los recuerdos o Recuperación de los
espacios: Esta es mi técnica preferida (se recomienda aplicarla
luego de las 2 primeras semanas de guayabo). Aquel café, bar, plaza,
parque o lugarcito íntimo -"nuestro lugar"-, hay que frecuentarlo
hasta el cansancio, sola o acompañada. Por masoquista que pueda
sonar, el conductismo ha demostrado que -más temprano que tarde- es
un método totalmente efectivo. Si el perro de Pavlov paró de babear
al sonarle la campana ante cualquier estímulo, el agraviado será
capaz de dejar de llorar en algún momento, y podrá disfrutar la
ciudad como antes de la frustrada relación.
Táctica 3: La música: Ahhh... que importante. Se castigarán hasta
nuevo aviso todos los cantantes, canciones o instrumentos musicales
que recuerden al ingrato ser amado. En su lugar, se escuchará hasta
la otitis todo tipo de música estridente, preferiblemente del genero
punk y rockabilly. Porque, ¿quién es capaz de deprimirse oyendo un
solo de batería? Este recurso garantiza a los que hibernan el
despecho, la total remoción del individuo de la crepe de cobijas y
moco.
Táctica 4: Sobrenombre urgente o Cosificación del finado: En
casos de guayabo grave, el sólo escribir o decir el nombre del DEA
(Desaparecido En Acción), puede iniciar una avalancha de fluidos.
Los apodos son excelentes para repetirles una y otra vez el cuento a
las amistades, mientras se libera un extra de agresión. Por ejemplo:
El ingrato de Christian, El sin techo, El súcubo, El criogénico,
Fifty-kilos, Monsters Inc. (conocido en Cuyagua como Juan Hilario)
etc, etc, etc.
Táctica 5: Hobbies forzados: Esta es opcional y está prescrita
para los más obsesivo-compulsivos. Además da cabida para todo tipo
de actividades cuestionables: Cambiarse el color de las uñas a
diario, redecorar el cuarto, hacer adornos navideños, inscribirse en
cursos de cestería o macramé, elaboración de 16 kilos de hojaldre,
corte y tintura del vello púbico o escribir para El Nuevo Cojo.
Y si aún eso no brinda consuelo alguno, recomiendo oír la pista
12 del disco Inevitable de Squirrel Nut Zippers y cantar a todo
gañote:
“All the boys are monsters,
All the girls are whores.
So when you loose the one
you love
There’s always plenty more…”
Dinos tu opinión escribiendo a
colaboradores@elnuevocojo.com
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