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Sartre por su parte ya era conocido tanto por su activismo político
como literario. Pero la relación entre ambos, que comenzó por
afinidad intelectual y política, al igual que la Guerra Fría que
estaba por desencadenarse y que eventualmente terminaría
distanciándolos, se agotó cuando ambas partes empezaron a
evolucionar por caminos diferentes. Tanto Camus como Sartre eran
militantes de izquierda, pero con el fin de la Segunda Guerra
Mundial, las posibilidades de acción frente a un futuro que se
presentaba abierto, los colocó en lados opuestos de lo que en
apariencia era lo mismo. Y a medida que cada uno empezó a apoyar su
frente ideológico, ocurrió un enfrentamiento histórico en el que
Sartre justificaba la violencia inherente a la revolución social y
Camus se oponía a ella. Diferencias filosóficas mutaron en
enfrentamiento político. En 1952, ambos autores rompieron relaciones
y no volvieron a hablarse jamás.
Sartre, quien se había convertido al Comunismo (aunque nunca se
asoció al partido), le insistía a Camus (quien militaba en el
Partido Comunista desde sus días en Argel) que para revolucionar el
orden de las sociedades humanas, era obligatorio que ellos, como
intelectuales, se ensuciaran las manos. Camus le respondió que él no
quería ser "ni víctima ni verdugo", separándose de la doctrina
soviética y acusando a Sartre de que sus intenciones de obligar a
los artistas a comprometerse a expresar sus ideologías políticas,
eran algo -cuando menos- esclavista.
En teoría, la discordia entre Sartre y Camus era filosófica. Las
preguntas de si la Historia lo era todo o era sólo un aspecto del
destino humano; o si la Moral era una esfera autónoma o si estaba
inexorablemente ligada "al desenvolvimiento histórico y la vida
colectiva", formaron parte del duelo entre ambos autores. Pero en la
práctica y para el público en general, las diferencias se debatían
en el más mundano campo de la política.
Sartre creía fervientemente en el modelo social estalinista,
admitiendo que aun con la falta de libertades, el terrorismo de
estado y la ausencia de garantías constitucionales, el proyecto era
moralmente superior al Capitalismo. En cambio Camus, creía que la
existencia de estas condiciones convertían al Socialismo en un
sistema tan condenable como el sistema explotador capitalista.
A pesar de ser casi de la misma edad, Sartre había saltado a la
vida pública antes que Camus, por lo que la influencia fue en
principio unidireccional. Con Camus enterándose de la vida del
filósofo en 1938 tras la publicación de su primera novela "La
Nausea".
Entonces Camus ya había publicado dos libros de ensayos "El Revés
y el Derecho y Bodas", mientras trabajaba como reportero para un
periódico izquierdista argelino, desde donde desmenuzaba con sus
críticas la nueva literatura que llegaba a sus manos desde el
exterior.
Camus era un lector apasionado, y al leer "La Nausea", fue
inmediatamente impresionado por el talento de Sartre. "La Nausea"
trata sobre la vida íntima de Antoine Roquentin, un intelectual que
escribe la biografía de un marqués de la Revolución Francesa.
Roquentin siente nauseas cuando experimenta el absurdo normalmente
escondido detrás de sus rutinas diarias, condición que Sartre logra
extrapolar con éxito a la vida mundana de una burguesía en crisis
existencial. Sin embargo, Camus consigue en la novela algunos
errores de fondo que más tarde se harían más evidentes.
En su crítica Camus explicó que "una novela no es sino filosofía
expresada en imágenes", y sin ahorrar palabras elogia las
reflexiones de Sartre y al mismo tiempo critica su prosa por débil.
Por sí solos, cada uno de los capítulos del libro, escribió,
"alcanzan una clase de perfección en amargura y verdad."; pero por
separado ".la descriptiva y los aspectos filosóficos de la novela no
suman una obra de arte: el paso de uno a otro es demasiado rápido,
demasiado desmotivado, para evocar en el lector la profunda
convicción que hace el arte de la novela".
Aunque corrosivo, Camus objetivamente supo apartar estos defectos
de forma de las ideas escondidas detrás de la pobre distribución del
libro. Por lo cual escribió más tarde que "La Nausea" fue el libro
que "rompió con su balance entre sus teorías y su vida" y al final
de su crítica exige de Sartre una evolución donde se amplíe su
propuesta, describiendo al autor como "un escritor de quien
cualquier cosa debería esperarse. una mente vigorosa y original
cuyas lecciones y trabajos por venir estamos impacientes por ver".
Da la impresión que a Camus, en realidad no le gustó mucho "La
Nausea". Empezando por la falta de balance entre ideas e imágenes, y
terminando por su "pesimismo" e incluso la pedantería del autor.
Pero ya en este primer episodio de su relación, Camus revelaría una
capacidad de abstracción y apertura mental de la que carecía el
pensamiento radical de Sartre, lo cual llevaría al primero a tomar
la misma actitud que asumió años más tarde.
Pero no sin antes utilizar la obra de Sartre a su favor como
experiencia vital propia. Salvando las diferencias entre ambos, en
"El Extranjero" se evidencia rápidamente cómo los personajes -a
diferencia de los de "La
Nausea"- vibran con intensidad humana, haciendo su ficción más
madura; que no se aleja de la realidad del lector o la filosofía del
autor; quien no pretende imponerla como único punto de vista.
Después de criticar "La Nausea", Camus tuvo la oportunidad de
saborear ese mismo año un nuevo libro de Sartre, "El Muro", que a
diferencia del anterior, fue de su completo agrado, llegando incluso
en su crítica a escribir que le había sido imposible dejar de leerlo
una vez que lo había comenzado.
No se sabe si Sartre leyó algunas de las dos críticas de Camus
antes de conocerlo, pero tras la publicación de "El Extranjero" este
le dedicó 6000 palabras donde comparó a Camus con Kafka y Hemingway
-dos de sus escritores predilectos-, por las mismas razones que
Camus le había criticado anteriormente, describiendo el libro como
"talentosamente organizado. donde no existe un solo detalle
innecesario."
Obviamente Sartre estaba asombrado con la capacidad narrativa de
Camus, capaz de describir un rango de sentimientos con pocas
palabras, de hacerse entender sin necesidad de elaborar demasiado.
Pero pronto esta sensibilidad empezaría a sonarle a superficialidad
y a ataque personal, cuando Sartre leyó su segundo libro, "El Mito
de Sísifo".
"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el
suicidio" escribió Camus en "El Mito de Sísifo". "Juzgar que la vida
vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la pregunta
fundamental de la filosofía." La respuesta sencilla que millones de
seres humanos habían dado al problema existencialista negaba el
valor de la discusión del tema y apoyaba su teoría de que nada podía
evitar el absurdo de la vida.
Sartre se tomó las opiniones de Camus a pecho, pues había
estudiado esta escuela de pensamiento de una forma tan sistemática
que toda su vida la vivió de acuerdo a estos preceptos, donde el
absurdo de la naturaleza del ser, es el mismo absurdo de "El Mito de
Sísifo"; pero por razones de óptica, ambas conclusiones terminan
difiriendo completamente.
Criticando a "Sísifo", Sartre escribió de Camus que este en
realidad no había entendido la escuela que él representaba. "Camus
se luce un poco citando pasajes de Jaspers, Heidegger y Kierkegaard,
quienes -por cierto- él no siempre parece haber entendido." Y en un
giro asombroso llega a denigrar del valor de los estudios de Camus
en Argel.
Camus lógicamente reaccionó con asombro ante Sartre, quien no
había podido entender el valor de una crítica que para él había sido
constructiva y que estaba basada en un trabajo que le había
inspirado a seguir con el suyo. En una carta a otro escritor se
pregunta confundido: "Yo veo que la mayoría de sus críticas son
justas, ¿pero por qué el tono ácido?". Quizás experimentando por
primera vez la disección en frío de su trabajo por uno de los
filósofos más importantes del siglo XX, tal como este había sufrido
lo mismo a través de quien no sería mucho menos.
Sin conocerse aún, Camus y Sartre ya empezaban a tener las
diferencias ideológicas, sutiles, pero profundas, que también
definen las posturas que dentro de la izquierda ambos tomarían más
tarde. Entre las ideologías de centro izquierda y de izquierda,
entre Socialismo y Comunismo-autocrático. Pero la crítica de Sartre
no careció de motivo.
En "Sísifo" Camus sutilmente plantea la carrera de Sartre como la
de un novato, refiriéndose a él como ese "escritor de hoy en día",
en contraposición a grandes pensadores existencialistas como
Nietzsche, Schopenhauer, Heidegger y Jaspers. Lo cual debe haber
sido una sorpresa para Sartre, a quien Camus había sido descrito
poco antes como "un gran escritor".
Camus tenía razón en algunas de sus críticas a Sartre, pero el
problema principal fue verlo como lo que era, un filósofo. Ambos
escribieron grandes obras filosóficas y de ficción pero el primero
lo era más que el otro, con Sartre trabajando en base a teorías y
principios generales, tomando el absurdo como el comienzo de una
obra que en cinco años, el tiempo entre "La Nausea" y "El ser y la
nada", exploró cómo las actividades humanas constituyen un mundo de
significativo existencialismo brutal y sin sentido. Camus por su
parte, era principalmente un novelista, quien estaba más cómodo
describiendo situaciones concretas, que descubriendo sus orígenes.
Sin embargo es difícil verlos a ambos como seres tan diferentes.
Mientras Sartre clamaba por el activismo que Camus criticaba, fue
este último quien en realidad arriesgó el pellejo participando en la
Resistencia Francesa, mientras Sartre se dedicó a publicar artículos
casi al final de la ocupación que en realidad fueron escritos por
Simone de Beauvoir. Mientras Sartre se negó a condenar las purgas
antisemitas en Checoslovaquia y la Unión Soviética, Camus hizo lo
propio al condenar el colonialismo francés, pero sin ejecutar acción
alguna que produjera cambios.
En el nuevo libro del académico estadounidense Ronald Aronson, "Camus
and
Sartre: The story of a friendship and the quarrel that ended it",
el autor hace un gran trabajo reconstruyendo el desarrollo de la
relación entre ambos, que es comparable con el choque de ideas entre
Simón Bolívar y Francisco de Miranda. Correctamente, Aronson deja
ver la relación Camus-Sartre como lo que fue, una tragedia, en la
cual cada lado estaba "medio en lo cierto y medio equivocado"
afirmando que una posición ideológica justa sería un híbrido entre
ambas, aunque dejando ver su opinión personal al afirmar que la
visión de Camus sería la más adecuada de ambas.
Diferencias filosóficas por un lado y políticas por otro,
separaron a Camus y Sartre, pero detalles descubiertos por Aronson
dejan ver que tal vez su relación iba más allá del interés
intelectual, lo cual apresuró la separación de ambos titanes
literarios.
Sartre y Beauvoir se reunían alrededor de lo que conocían como
una "famille", cuya mejor traducción es "comuna", y que algunos han
descrito como harén, en la que todas las combinaciones
heterosexuales posibles fueron agotadas inspirando, por cierto, "Los
Mandarines" de Beauvoir. Bueno, todas las combinaciones menos una;
Camus rechazó los avances de Simone de unirse a la fiesta, que no
fue la única vez en que Camus demostró tener mejor juicio que Jean
Paul Sartre. |