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Leni: La Madre de los Dioses
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Quien no la conozca que la compre
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Gustavo Morales

Uno de los grandes éxitos del
gobierno nazi bajo el mando de Adolfo Hitler, fue el saber cómo
hacerle llegar su mensaje pueblo. El logro de los nazis fue unir a
todo el país bajo una misma bandera en una misión que, aunque
horrorosa, no por eso deja de fascinar históricamente debido a la
perfección mecánica con la que fue llevada a cabo. Para esto, Hitler
utilizó una campana publicitaria como la que jamás se ha visto de
nuevo, y su colaboradora fue una ex-actriz convertida en directora
de cine llamada Leni Riefenstahl.
Riefenstahl frecuentemente decía que ella no
tenía idea de lo que los nazis estaban haciendo. Pero inclusive si
no sabía, sus filmes de propaganda son una prueba difícil de
refutar. En estas cintas Leni tomó la idea hitleriana de la raza
superior y la redujo a una serie de imágenes que cualquiera en
cualquier país podía entender y quedar enamorado de ellas. Sus
fotografías de aborígenes africanos hechas desde los años cincuenta,
sin embargo, derriban la conclusión de que era racista. Posiblemente
ella sólo adoraba la forma humana y su capacidad para la acción.
Pero su decisión de separar esa adoración de
toda moral y dejar que Hitler las usara a cambio de dinero,
influencia e ilimitados recursos técnicos, ayudó a crear el monstruo
que más tarde la haría pasar casi cuatro años en un campo de
concentración por nazi.
Su primera película fue un capricho. Leni
Riefenstahl había sido bailarina en los años veinte. Y tras
protagonizar la película Las Cumbres del Destino en 1926 y
El Infierno Blanco de Pitz Palu en 1929, para el legendario
director Arnold Fanck, decidió que quería probar lo que era hacer
una película.
Durante su trabajo como actriz había seguido a
Fanck en todo lo que hacía, aprendiendo todos los detalles técnicos
de la producción de un film. El resultado fue la película La Luz
Azul en 1931. Una verdadera película de autor, protagonizada,
dirigida, editada y co-escrita por Riefenstahl.
En una situación sin precedentes en los años
veinte, e incluso hoy en día, Leni Riefenstahl produjo y vendió su
película utilizando su propio estudio de cine, evitando así que se
bloqueara su creación por el hecho de ser mujer.
La Luz Azul
fue un éxito de taquilla en Alemania, convirtiendo a Leni en una de
las mujeres más famosas del país. Pero fue uno de los espectadores
quien le daría un ticket a la historia. Uno que había quedado
enamorado con la fotografía de sus películas y la impresionante
fuerza de sus encuadres. Este espectador era un desconocido político
en camino al liderazgo de Alemania. Adolfo Hitler.
Y esta impresión no sería fácil de olvidar.
Cuando Hitler ascendió al poder en 1933, llamó a Riefenstahl
inmediatamente para ocupar el recién creado puesto de "experta en
cine" para el partido Social Nacionalista.
Pero sus primeros trabajos para el gobierno
alemán, a pesar de la emoción inicial sufrieron de falta de
presupuesto y atención por parte de la burocracia nazi. De esta
manera filmó en 1933 el documental La Victoria de la Fe, que
probó ser tan efectivo en su mensaje que Goebbels -jefe de
propaganda de Hitler- no tardó en darse cuenta del potencial.
Aprovechando su buena suerte, Leni no escatimó
condiciones cuando le encargaron la filmación del cuarto congreso de
Nuremberg. Sus peticiones, incluso bajo los estándares de hoy son
exagerados, pero -perfeccionista como era-, pidió lo que requería
para hacer un filme perfecto. Y definitivamente lo es.
Hecho con la completa colaboración Hitler,
utilizando 30 cámaras y 120 asistentes, Riefenstahl filmó en 1934 lo
que se convertiría en su obra maestra, El Triunfo de la Voluntad.
Objetivamente, el documental es una joya cinematográfica; aunque sea
pura propaganda en nombre del Third Reich y como tal, objeto de
controversia desde su primera exhibición.
La perfección de su puesta en escena es tal,
que la opinión esta dividida en sí, como Riefenstahl diría más
tarde, ella sólo filmó lo que estaba sucediendo, o si todo fue una
complicada puesta en escena magistralmente coreografiada por ella y
el partido nazi. Tras la Segunda Guerra Mundial, esta diferencia
determinó que no fuera colgada como una colaboradora nazi.
Habiendo hallado a Hitler tan receptivo a sus
solicitudes, el siguiente proyecto de Riefenstahl fue aún más
exigente y el resultado igual de impresionante: Olympia, una
película sobre las olimpiadas de 1936 en Berlín.
Olympia es
atacada hasta el día de hoy como una película fascista por su
celebración de la musculatura y el físico del hombre. Pero por otro
lado, Olympia es más abierta de lo que en principio parece. E
increíblemente, Leni le dedicó tanto tiempo de pantalla a Hitler
como al estadounidense - no ario - Jesse Owens.
Como en el caso de El Triunfo de la
Voluntad, aún no se sabe si Leni produjo el film
independientemente o fue hecho para el gobierno alemán. Pero lo
cierto es que, es insólito que haya sido del agrado de Hitler.
Habiendo recibido un cheque en blanco de Hitler, Riefenstahl se
dedicó a crear técnicas que hoy en día son utilizadas libremente en
cine y televisión; y sobre todo... en publicidad.
Las tomas en cámara lenta de los atletas, el
uso del telefoto para lograr close-ups de los eventos, las tomas
desde el piso, las tomas desde el cielo hechas entonces desde
dirigibles, han sido utilizadas en todas las olimpiadas, y en casi
todos los eventos deportivos, desde entonces. A diferencia de los
experimentos llevados a cabo en humanos y criticados desde el primer
momento por los Aliados, la utilización de las imágenes de
Riefenstahl nunca fue evitada. El tiempo han dejado ver que estas
fueron quizás aun más peligrosas que los experimentos médicos.
La fotografía de El Triunfo de la Voluntad,
originalmente utilizada para hacer ver a Adolfo Hitler como
líder salvador, sobrehumano, es tan intensa que es casi sexual y con
toda la intención de evitar cualquier tipo de comportamiento
racional. El film es tan efectivo, que aun cuando es en alemán, sin
importar el idioma del publico, el mensaje es inmediatamente
captado.
Aunque Riefenstahl no inventó el documental,
ella es responsable por convertirlo en arma de manipulación. Sus
películas no aceptaban variantes. Era uno de esos extraños cineastas
que pueden imaginarse la cinta completa en su cabeza y sólo
necesitan el equipo y el dinero para ponerla en escena. Como la
propagandista más importante de Hitler, ella fue el primer
cinematógrafo en tener control total sobre todo lo que aparecía en
escena con la intención de que se viera bien en cámara, aun si no se
veía bien en persona.
En los Estados Unidos esto es practica común,
y cuando se ve al Presidente en la Casa Blanca saludando a la
bandera blanca, roja y azul, en realidad la bandera no es de estos
colores. Estos colores no se traducen bien en la televisión, y es
necesario utilizar unos que si lo hagan, como el azul verdoso,
rosado y blanco crema. Además, documentales como el llamado
Mañana en América sobre la convención de Ronald Reagan en 1984,
el Hombre de Esperanza sobre Bill Clinton en 1992 y hasta las
cintas de Bin Laden, donde sus protagonistas adquieren
características mesiánicas, son producto de la influencia de
Riefenstahl en el cine.
Además, Riefenstahl fue el primer
cinematógrafo en filmar el cuerpo humano haciendo cosas que no
pueden hacer, haciendo parecerlas posibles. Su estética fascista
puede ser vista en cualquier película de acción de hoy en día, donde
el cuerpo humano es una máquina perfecta hecha para soportar todo y
hacer todo lo que a su admirable dueño se le ocurra.
Para esto, Riefenstahl utilizó la cámara lenta
matemáticamente, además de otros trucos como utilizar la película en
retroceso. Todo con tal de convertir a los humanos en semidioses.
Esto es fácil de comprender cuando vemos las películas sobre Michael
Jordan, donde el mismo se eleva por el aire y parece volar. Michael
Jordan, por supuesto no vuela, pero con las técnicas de
Riefenstahl parece que lo hiciera. En sus películas Leni utilizó
actores y los filmó debajo del agua para parecer que volaban, y los
filmó desde el suelo para dar la impresión de grandeza física.
Pero aun así, Olympia sería el ultimo
film de Riefenstahl para los nazis. Más que todo por haberle negado
la producción de dos épicos históricos que había producido. Sin
embargo pudo filmar su última película, Tiefland en 1943, una
magnifica producción con lo mejor de su fotografía. En esta película
ella actuaba y utilizó prisioneros de campos de concentración como
extras (cosa que como en los casos anterior también negó saber).
Cuando los alemanes fueron vencidos por
losAaliados en 1945, Riefenstahl fue arrestada y sus películas
confiscadas. Estuvo poco más de tres años en diferentes campos de
concentración, y estuvo algunos más en juicio por considerársele una
nazi de alta graduación en el gobierno. En realidad, ella nunca se
había unido al partido nazi, aunque como podemos ver había apoyado
bastante al régimen, y en 1952 fue exonerada de todos los cargos.
En 1956, Riefenstahl viajo a África y se
dedicó a la fotografía y a filmar un documental que nunca editó.
Volvió a África en varias otras oportunidades y en los años setenta
recibió varios premios por sus primeros trabajos, los cuales eran
frecuentemente terminados por protestantes anti-nazis. Al final de
su días, Riefenstahl aceptó que el gobierno nazi había sido un
engendro maligno, pero nunca se disculpó por su trabajo; a veces
haciendo uso de una frase Winston Churchill para decir que, si este
no pudo imaginarse lo que haría Hitler, cómo podía hacerlo ella.
En 1991, publicó una autobiografía, Leni
Riefenstahl: Memoria, y en 1993, fue objeto de un documental por
la BBC, La maravillosa, horrible vida de Leni Riefenstahl.
Leni Riefenstahl murió en Berlín el 8 de
septiembre del 2003. Tenía 101 años.
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