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Armas
Secretas
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Hongo
alucinógeno
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Fabio
Herrera

Haciendo una pausa en el trance
histórico de las grandes batallas y sus aportes, haremos honor a las
invenciones que todas las culturas guardan celosamente -cual padre que
cela la virginidad de su hija-. Las llamadas armas secretas han destruido
imperios y ganado guerras; a veces sin siquiera quitar una vida, otras
destruyendo más de lo que sus creadores llegaron a imaginar. Y en otros
casos, por errores tácticos no han servido sino para demostrar la
estupidez del mismo que las creó.
Haciendo una pausa en el trance histórico de las grandes batallas y sus
aportes, haremos honor a las invenciones que todas las culturas guardan
celosamente -cual padre que cela la virginidad de su hija-. Las llamadas
armas secretas han destruido imperios y ganado guerras; a veces sin
siquiera quitar una vida, otras destruyendo más de lo que sus creadores
llegaron a imaginar. Y en otros casos, por errores tácticos no han servido
sino para demostrar la estupidez del mismo que las creó.
Pensamos en ellas e inmediatamente nos vienen a la mente imágenes de
laboratorios de alta tecnología. Grupos secretos que en cada país se
encargan del desarrollo de ese algo que -la próxima vez que alguien quiera
( o ellos quieran golpear en el coco a alguien) les dará una ventaja
inmediata. Pero en realidad las armas secretas existen desde que el hombre
es hombre y con los puños ya eran suficiente.
El Arca de la Alianza:
-No, no tiene nada que ver con el Arca de Noé-. Era la que buscaba Indiana
Jones y que según Steven Spielberg está actualmente guardada en algún
sótano de Washington. En la película, si recuerdan bien, los nazis abren
el Arca al final de la película y una luz sale y los aniquila a todos. Esa
era el arma secreta de los judíos. Aunque no como sale en la película,
obviamente. Confiados en el triunfo que Jehová le había prometido a los
judíos, el Arca era cargada de guerra en guerra. Resumiendo bastante las
Sagradas Escrituras, en Jericó le dieron la vuelta a la ciudad 7 siete
veces con el Arca en hombros, después tocaron unas trompetas y las paredes
se vinieron abajo. Verdad o ficción esta fue una de las primeras menciones
de armas secretas en la Historia. Aunque probablemente ficticia, algunos
creen que esta no era más que un aparato extra-terrestre que llegó a manos
de los judíos. Leer la explicación de estos
lunáticos
para más detalles.
El Hierro: Los Hititas
fueron los primeros en conocer el proceso para producir utensilios de
hierro, lo cual les dio ventaja sobre sus vecinos, quienes no daban
crédito a sus ojos por la dureza y resistencia del nuevo material. Aunque
los Hititas no aprovecharon el hierro por completo (de hecho
desaparecieron sin que hasta hoy se sepa por qué o cómo), su secreto sólo
fue conocido por las naciones vecinas al desaparecer como civilización.
Este puede ser catalogado como el secreto mejor guardado de la Historia;
la Bomba Atómica tardó sólo un par de años en traspasar la Cortina de
Hierro, que por cierto, nada tenía que ver con el metal.
Arquímedes: Este hombre
merece una mención en especial.
Arquímedes es en la Historia:
Mr. Secret
Weapon. A diferencia de Leonardo Da Vinci -quien un montón de años más
tarde inventaría toda una serie de aparatos bélicos demoníacos por encargo
de los Borgia- los de Arquímedes sí fueron utilizados. Como punto a favor
de Arquímedes, casi todas sus creaciones tenían fines defensivos.
Sin embargo, su mención aquí será por la obra más imaginativa y
poderosa del mundo antiguo: los Espejos Ardientes. Objeto de controversia
por considerarse sólo una leyenda, la historia cuenta que el General
Romano Marcellus había sitiado Siracusa por mar. Al acercarse a las
murallas de la ciudad unos brazos gigantes (cero risas por favor, ver
gráfico más arriba) le obligaron a retirarse a -lo que el historiador
Cassius Dio llama- sólo un tiro de arco. Es allí cuando el mecanismo
de Arquímedes entró en acción, al levantarse unos espejos cóncavos sobre
los muros, que reflejaban los rayos del sol sobre la flota de barcos ya en
llamas. Claro está que apenas los romanos pudieron tomar la ciudad, el
primero que cayó fue el ilustre filósofo griego.
El Fuego Griego: En el año
678, el Califa Suleiman emprendió un ataque naval contra Constantinopla,
sólo para ver toda su flota ardiendo súbitamente y tener que huir
desesperado tras persignarse a Alá o cualquiera que fuera su dios. La
causa era un secreto tan bien guardado por los bizantinos que, apenas unos
50 años tras su aparición, su formula se desvaneció para siempre en el
tiempo.
Usando tubos de bronce como mangueras regaban los barcos enemigos con
un líquido que -según los aterrorizados sobrevivientes- no se apagaba ni
con agua. El mal llamado Fuego Griego parece haber sido algún tipo de
mezcla de petróleo, azufre y algún otro carburante. Los bizantinos temían
tanto que su formula cayera en manos enemigas, que sólo unos pocos sabían
de ella, razón por la cual se perdió tan fácilmente. El Fuego Griego,
puede ser considerado, además, como la primera arma psicológica, ya que la
mayoría de las referencias históricas, son relatos de soldados en franca
huida, al ver a sus compañeros de armas arder sin solución posible.
La
Pólvora: La impresión que los aborígenes americanos sintieron
la primera vez que oyeron la explosión de un arma de fuego, debe ser sólo
comparable a la del escozor de la gonorrea al rascarse donde antes sólo
las ladillas molestaban.
Aunque la pólvora era el arma de rigueur
-sin querer queriendo- las enfermedades traídas por los conquistadores a
América terminaron matando más indígenas que el tino de los soldados de la
Corona. Sin embargo, ¿en cuál otra época la ventaja ha sido tan amplia
como en la Conquista de América? Entre estornudos y balazos, la pólvora
-aunque no secreta, definitivamente desconocida- nos dio donde más nos
dolía, igual que la sífilis.
La
Ametralladora: Por alguna razón, tras la muerte de Napoleón los
franceses perdieron toda capacidad de hacer la guerra de forma decente. Y
el mejor de ejemplo de esto, fue el caos que significó la invención de la
ametralladora y su puesta en uso durante la guerra franco-prusiana en
1870. Confiados y mal guiados, los franchutes pusieron muchas de sus
esperanzas en una nueva arma que habían desarrollado y con la cual
esperaban ganar la guerra en un abrir y cerrar de ojos: las mitrailleuses.
Creadas y construidas en el más absoluto
secreto, las tropas francesas no supieron qué hacer con ellas cuando se
las entregaron; nadie sabía usarlas. Para colmo, la ametralladora, un arma
perfecta contra la infantería, era recomendada por los manuales como arma
de largo alcance. La artillería prusiana simplemente los destruyó a punta
de cañonazos e implementó su nueva arma secreta: el lanzallamas. Los
uniformes blancos, por cierto, no ayudaron mucho tampoco.
El
Tanque: Recibió su nombre de sus inventores ingleses cuando
trataron de engañar a los alemanes durante la Primera Guerra Mundial,
haciéndoles creer que estaban desarrollando formas de almacenar agua. La
idea original era crear un vehículo que fuese capaz de atravesar las
trincheras que hacían inalcanzable el frente occidental. La idea apuntaba
al blanco, y pasó de los planos a la realidad casi inmediatamente,
alrededor de 1916. Apenas salieron de la fábrica, los ingleses enviaron
los primeros tanques a dar la lucha en la batalla de Somme, donde
muy tarde comprendieron que para que fuese efectivo, el tanque tenía que
usarse en grandes números; para cuando se dieron cuenta de esto, el arma
ya no era tan secreta.
La
Bomba Atómica: La mamá de todas las armas secretas. El 16 de
julio de 1945 en Trinity, Nuevo México, durante la detonación de The
Gadget -la primera bomba atómica en hacer explosión- J. Robert Oppenheimer,
director del proyecto, dijo haber recordado una línea del Bhagavad Gita,
"Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos". Y tenía
toda la razón. The Gadget fue la primera de una sucesión de bombas que
hicieron de la guerra a muerte una utopía; a menos que nuestro fin fuera
una victoria pírrica. Su uso en nuestros días significaría, con suerte, la
destrucción de toda la raza humana. Durante la Guerra Fría, el secreto
cambió de manos a través de los servicios de inteligencia, en un recorrido
que ya alcanzó las naciones del Medio Oriente.
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