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Estimado Jaime:
Sospecho que en una u otra oportunidad todos hemos comido asado
de perro o gato, sea en un restaurante de mala o en empanaditas que
creemos de pollo. La macabra costumbre de servir la cabeza del
conejo en el plato, no es una simple formalidad, viene de alguien
que comió gato por liebre y no le gustó.
En Corea, el perro es un plato común en los restaurantes y para
ello existen granjas donde son tratados cual vacas. Su piel se
utiliza para alfombras o abrigos y el pene se receta como
afrodisíaco. Mientras investigaba tu pregunta encontré algunas fotos
más o menos espeluznantes de una de estas granjas
En los algunos países orientales, los compradores hacen que los
perros sean colgados del techo casi hasta morir. Entonces se les
quema el pelo con un soplete y voilá, ahora entendemos eso de
“vida de perros”. Pero esto no es nada comparado con el destino de
los gatos. Por favor, deja de leer aquí si eres de estómago débil.
El zumo de gato es un repotenciador muy reconocido en China. Y si
alguna vez has exprimido una esponja, tienes una idea de cómo se
hace. Una de las recetas más populares consiste en romperle los
huesos con un martillo (menos el cráneo), para luego dejarlo
“reposar” unos diez minutos. Es importante que el animal no se muera.
Luego, se quema el pelo y se arroja vivo en una caldera de agua
hirviendo sazonándolo al gusto. Tras una hora de cocción, el animal
cuela en una jarra y puede ser tomado frío o caliente. En Beijing se
vende en paquetes congelados que se consumen cual “chupi-chupi”.
Sobre los riesgos a la salud, no existe prueba alguna sobre
efectos dañinos para el ser humano. Y quienes han comido ardilla,
como de costumbre, dicen que sabe a pollo. Haciendo un search
en Google con las palabras eat y dog , encontré un site donde
aseguran que la carne de perro tiene menos hormonas que el pollo, es
más suave que un bistec, tiene menos grasa que el chancho y la oveja
y contiene menos metales pesados que el pescado. Allí ofrecían una
receta que mezclaba varios tipos de “nuestros mejores amigos” en un
estofado.
Perros, gatos y especialmente las ardillas de la Plaza Bolívar,
están frecuentemente infectados con rabia y otras enfermedades que
pueden ser transmitidas de sólo verlos. Y aunque a mí jamás se me
ocurrió comerme una ardilla, alguien que conozco me facilitó esta
receta que -según él- aprendió mientras hacia el servicio militar.
Se recomienda utilizar ardillas grises, ya que las rojas son
menos carnosas y por alguna razón tienen más nervios y glándulas.
Para que la carne se ablande un poco, cuelga la ardilla por las
patas y déjala allí por unos dos o tres días hasta que añeje. Usando
guantes todo el tiempo, toma un cuchillo bien afilado, haz un corte
limpio a lo largo de la cola y cortes longitudinales en la espalda.
Después pela la ardilla como un cambur, sujetando las patas traseras
y tirando la piel desde la cola. Extrae las entrañas. Lávala con una
solución de vinagre y agua y presto, guisa como te enseñó tu mamá.
Bon appetit
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