Esta pregunta es
extraordinaria por un par de buenas razones. Primero, porque trae a
la palestra uno de los rumores propagandísticos más populares de la
guerra fría. Y segundo por que nos habla de su alcance aún después
de no esperarse efecto alguno.
Por lo que me dices, asumo
que debes tener unos cincuenta años, minime. Yo soy mucho más
joven que tú, y cuando estaba en la escuela a finales de los años
ochenta, este rumor era bien conocido por todos mis compañeros de
estudio.
Este tipo de rumores fueron
iniciados durante la Guerra Fría, con el objetivo de sembrar
desconfianza en uno u otro régimen dependiendo de quién lo creaba.
La Guerra Fría, fue precisamente eso, una guerra donde no pasó nada
y las batallas se libraron en los periódicos y en las salas de todas
las casas del mundo. La idea, dado el alto octanaje de las
armas implicadas, era ganar la guerra sin echar un tiro.
Oficialmente esto fue así. Extraoficialmente la cantidad de espías y
agentes muertos durante el periodo 1950-1990 se cree puede llegar a
la decena de miles de lado y lado.
La forma más fácil y barata
que los dos países encontraron para defender su punto de vista y
ganar adeptos, fue los servicios de inteligencia. Y dentro de estos
el arma más popular fue la del rumor o bola, como le dicen
en algunos países de América del Sur.
Muchos se sorprenderían
cuantas cosas que escuchamos al día son cuidadosamente preparadas,
montadas, ensayadas y puestas en práctica exitosamente, causando los
resultados que sus creadores querían.
El desaparecido historiador
venezolano Alí Bret Martínez cuenta que durante la Segunda Guerra
Mundial, los servicios de inteligencia aliados dejaron correr el
rumor de que pronto llegarían a las costas unos hombres rubios y
gigantes a quienes había que destruir porque eran engendros del
mismísimo demonio. El target eran los pueblos costeros de
Falcón y Carabobo, donde los curas, a pesar de su apoyo tácito a los
nazis, repitieron esto durante la misa por varias semanas.
¿La razón? Submarinos
alemanes estaban tratando de destruir depósitos de combustibles en
Falcón y Curazao. Cuando los estadounidenses finalmente dieron con
ellos y los hundieron, los alemanes que sobrevivieron y lograron
nadar hasta las costas venezolanas fueron golpeados salvajemente por
sus aterrados residentes, quienes los amarraron como perros a
palmeras y los dejaron morir de inanición.
No puedo ni imaginarme la
cara de un vecino de la Vela de Coro viendo a un musculoso germano
todo tatuado, de dos metros de altura y hablando en un idioma que
sólo podía ser el del Infierno. O al menos esto es lo que cuenta
Martínez.
La idea del rumor es
desprestigiar y debilitar a un enemigo sin tener que exponerse como
tal. Algunos ejemplos de esto los tenemos en el concepto de Evil
Empire. Los rusos siempre eran los villanos en todo libro,
película o comiquita que se veía. Resultado: Todo el mundo cree que
los soviéticos eran unos canallas. Y quizás lo eran, pero no más ni
peor que sus camaradas de EE.UU.
Pero la forma más frecuente
de hacer propaganda era tomar un hecho real y convertirlo en lo que
querían que fuera. Por ejemplo, los cubanos no pueden viajar a los
Estados Unidos libremente. Rumor que se ha transformado en verdad:
los cubanos no pueden ir a ninguna parte libremente. Realidad: los
cubanos pueden ir a donde quiera que les den visa y puedan pagar
como en cualquier otra parte del mundo.
Pero lo yanquis no son los
únicos que triunfaron en el negocio del rumor. Los rusos, si somos
justos, fueron unos maestros en todo lo referente a inventar
historias. Y de hecho una de las razones por las que la Unión
Soviética ya no existe es por la efectividad de sus rumores. Decir
que sus enemigos eran "los malos" y que exageraban el uso de su
poder era simplemente aceptar una cosa: los gringos son más
poderosos. Y como nadie nunca quiere estar del lado de los
perdedores ahí tenemos las consecuencias.
Y además, como ya nos
dijiste, ¿quienes van a querer estar del lado de una ideología que
ni siquiera te deja ver Los Tres Chiflados?
Pero rumor es una
cosa y mensaje subliminal otra, y con esto sólo quería dar
el marco histórico que dio inicio a rumores como el de los filmes
estadounidenses.
Hasta donde se sabe, la
historia de los mensajes subliminales comenzó en Nueva Jersey en
1953, cuando un gerente de mercadeo desempleado se las arregló para
organizar una rueda de prensa para presentar su nueva empresa:
The Subliminal Projector Company. Su nombre era James M. Vicary
y su objetivo era la explotación de lo que él llamó el subliminal
stimuli.
En la reunión Vicary contó
de un experimento realizado en 50.000 personas durante 6 semanas en
un cine en Fort Lee, un pueblo cercano a Nueva York. En medio de la
película se habían incluido los mensajes “Tome Coca Cola" y "Coma
Pop Corn" cada cinco segundos a una velocidad de 1/3,000 de segundo.
Según él, la venta de cotufas había subido 57.5% y las de Coca Cola
18.1% durante este periodo de tiempo.
El escándalo desatado por
la conferencia de Vicary pronto se transformó en histeria colectiva,
produciendo editoriales en periódicos a lo largo y ancho de los
Estados Unidos. Y la razón principal era la creencia de que un mundo
al estilo de 1984, no sólo era posible, sino que además ya podía
estar en marcha.
Pero el descubrimiento
de Vicary era simplemente una farsa en busca de unos buenos dólares,
los cuales obtuvo de compañías buscando beneficiarse de tan
ingenioso método de persuasión. Al final Vicary desapareció sin
dejar rastro en 1958 con $4.5 millones de dólares de esa época.
Las compañías que pagaron
por su futura consultoría, como te imaginas, fueron agencias
publicitarias y cinematográficas, que gracias al escándalo formado
alrededor de la ética de semejantes prácticas prefirieron no
demandar al señor Vicary y olvidarse del asunto antes que dar a
conocer sus intenciones frustradas.
Vicary nunca entregó
pruebas de sus experimentos, y el cine en Fort Lee donde
supuestamente había llevado a cabo sus experimentos, al ser visitado
por periodistas del desaparecido tabloide Motion Picture Daily,
resultó ser demasiado pequeño para experimentar con 50.000 personas
en seis semanas. Además, el dueño del cine no recordaba haber
conocido a ningún Vicary, que hubiera hecho experimento alguno en su
establecimiento y menos aún que se hubieran vendido más refrescos y
cotufas que en cualquier otra época del año.
Como dato curioso; hoy día
otro pueblo en Nueva Jersey se ha tomado el honor de ser la sede del
que ahora se llama el Pop Corn Experiment. Cercano a Fort
Lee, Grover Mills es conocido también por ser allí donde los
extraterrestres de la famosa transmisión radial de Orson Wells, de
La Guerra de Los Mundos de H.G. Wells, aterrizaron en la
Tierra.
Según la psicología
tradicional los mensajes subliminales son un fiasco (al menos cuando
se aplican al cine), y piensan que si acaso es efectivo, sólo sirven
de recordatorio de algo que ya se quería hacer, y que es muy difícil
que en realidad obliguen a alguien a hacer algo que no haya pensado
con anterioridad. Psicólogos que han hecho experimentos similares a
los de Vicary, han contradicho sus resultados sin ninguna duda y la
teoría más aceptada en cuanto a la percepción humana, es que un
estimulo débil produce una impresión débil; que un mensaje
subliminal no es más efectivo que ver algo con el rabillo del ojo.
Además de esto, las ideas
de Vicary, no eran nuevas y se había experimentado con ellas -como
cosa rara-, en la Fuerza Aérea estadounidense basada en estudios
publicados desde al menos 1898.
Sin embargo, antes de
desaparecer, Vicary realizó dos experimentos públicos. Uno para la
Canadian Broadcasting Corporation en 1958 y otro para la
FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) en el Congreso de los
Estados Unidos. Los canadienses lanzaron el mensaje "Teléfono Ahora"
352 times durante un show de media hora. Pero no hubo ningún aumento
en las ganas del público de llamar por teléfono. En cambio cientos
de llamadas inundaron la estación con declaraciones de ganas
urgentes de ir al baño, beber cerveza o cambiar de canal. Ni un sólo
espectador adivinó el mensaje correctamente.
En Washington el show fue
más embarazoso. La FCC hizo un experimento secreto con congresistas
y ejecutivos de empresas del sector. La razón era que la opinión
pública deseaba saber si esto era cierto, a fin de que fuera
prohibida o al menos regulada. Pero tras terminar la exhibición de
una película de vaqueros, la única respuesta anormal que hubo fue la
del senador de Michigan Charles E. Potter que dijo "Creo que quiero
un perro caliente".
A punto de ser descubierto,
y apenas semanas antes de desaparecer Vicary anunció que los
resultados de su estudio habían sido satisfactorios. Y que al menos
el que había utilizado en Washington iban a vender -cuando menos- un
montón de perros calientes.
P.T. Barnum dijo una vez
“Cada día nace un bolsa y si lo agarras es tuyo”. Vicary simplemente
escuchó bien las palabras del viejo cirquero.
En cuanto a tu pregunta te
diré que los únicos estudios realizados por los rusos fueron lo de
cómo hacer que sus rumores funcionaran con precisión de reloj suizo.
Y antes de terminar, quiero
aclarar que aunque aquí me refiero sólo a la experimentación
subliminal audiovisual, existen otros medios en los que este tipo de
“técnicas” son utilizados como en la prensa impresa y la radio. ¿O
es que tú papa nunca te dijo que los discos de rock tenían mensajes
satánicos cuando eran tocados al revés? ¿O que la Coca Cola lavaba
el cerebro? Y más contemporáneamente, que las papitas de MacDonalds
tienen una droga que hace adicto al que las coma...
Con esto dicho puedes ir
tranquilamente a alquilar tu película de Los Tres Chiflados.
Si sientes unas ganas irresistibles de pegarle a alguien con un
martillo en la cabeza, es por otras razones.