|
Para hacer esto, Perelman intenta hacer uso de un paternalismo
escénico sobre las debilidades y fallas de los protagonistas, lo
cual demasiado rápido convierte la película en un melodrama aburrido
y curiosamente sádico.
La historia es sobre la lucha por una propiedad en la bahía de
San Francisco, que su dueña Kathy Picolo (Jennifer Connelly) ha
perdido por un error de la oficina de impuestos por pura y sencilla
estupidez. Y cuando la casa es subastada por el IRS, es comprada
barata y fácilmente por un tiránico inmigrante iraní, Massoud Amir
Behrani (Ben Kingsley).
La película es una mas del montón que ha salido en la era post
septiembre once, donde se sugiere que los norteamericanos no están
solos en este mundo (¡guao que descubrimiento!), y que el mismo no
es de ellos como lo pensaron (¡gulp!) por mucho tiempo.
El problema con la visión de Perelman es que trata de imprimir
tanta culpabilidad al espectador que la trama se hace inacabable e
increíble.
Kathy, una hija malcriada e irresponsable, se mantiene en pie de
lucha para recuperar lo que considera que aun es suyo, mientras
Behrani, defiende su nueva propiedad sin tregua.
Perelman, propone la relación o ambivalencia entre ambos, una
malcriada y un tirano, como la de dos capitalistas salvajes,
llevando a cada uno a convertirse en personas sin ninguna verguenza.
Pero no por esto en personajes realmente validos o relevantes.
El punto medio es puesto en escena mediante un policía, Lester
(Ron Eldard), un sheriff infelizmente casado que es atraído por
Kathy cuando este se presenta para desalojarla. Viéndose en su
espejo, Lester patéticamente trata de ayudarla sin darse cuanta de
que solo trata de ayudarse a si mismo, aprovechando la oportunidad
de dejar a su mujer e hijos en el ínterin y llevando a Kathy de
regreso a un alcoholismo que creía haber vencido.
"Siento como me he encontrado" dice en una escena el imbecil del
redneck de Lester. Sería una de las frases mas inteligentes de todo
su dialogo.
Pero Lester sirve bien de punto de comparación, por que en
realidad es la versión americanizada de Behrani, quien había sido un
militar de alto rango durante el gobierno del Shah de Irán. Así, el
policía cae en una serie de abusos de poder convirtiéndose en una
carácter, según él, pseudo moralizador, manejado por una furia mal
dirigida que al final solo pretende, supuestamente, exponer la
ironía de toda la situación.
Pero Perelman no se va por el camino fácil, lamentablemente para
él. Como no hay villanos, y cada uno de los protagonistas parece
estar en lo correcto a pesar de sus espantosas personalidades, el
filme es más griego que digamos "Mystic River" o "21 Gramos" e
inexorablemente marcha, tras una serie de errores y casualidades
hacia el escalamiento de las hostilidades y un final catastrófico e
imposible.
Una de las causas de estos son los sentimientos de xenofobia que
ambos grupos sueltan y aquí y allá durante todo el film. Behrani,
que se ve a si mismo como un hombre sumamente práctico y trabajador
le recuerda a su familia en una ocasión: "Nosotros no somos como
ellos". A su hijo Lester lo llama Ishmael a tono de burla.
Sin embargo, esta simplificación de los sentimientos y dramas de
los inmigrantes de los Estados Unidos, es un error. El ve a Kathy y
Behrani como iguales, y usa a Lester como el eje moral de ambos, la
figura del policía estado - el americanismo- que los ayuda y obliga,
de alguna manera a cometer los errores que al final terminan en
tragedia.
Pero tanta filosofía barata y significados ocultos, que heredo
casi sin cambios del libro de Dubus, no hacen mella en el valor del
film que prácticamente es una adaptación literal sin mucho que
ofrecer a una historia que ya originalmente era mediocre.
Al final, el conflicto entre Kathy y Behrani, que nació por algo
tan trivial como no abrir el correo a tiempo, pudo haber sido
evitado sin consecuencias. Pero error tras error, uno siente la
fuerza del destino empujar a sus personajes por el camino equivocado
como quien va por una bajada sin frenos.
Lamentablemente, aunque las actuaciones Kingsley y Connely son
adecuadas y suficientes, uno no se cree nada de la historia.
|