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Año 2

N° 13

 



 

CINE

19 de Agosto del 2004


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El Candidato de Manchuria
Fabio Herrera España

Tienes sueño, mucho sueño. Demme dirigiendo a Washington. © Warner Brothers

A un grupo de soldados de la primera Guerra del Golfo se les lava el cerebro y se le implantan chips en el cerebro, para que crean que uno de ellos fue un héroe de guerra. Este soldado (Liev Schreiber) es el hijo de una poderosa senadora de los EEUU (Meryl Streep) que, mano a mano con una gran corporación (Manchurian Corp.), planea apoderarse de la presidencia del país, y del mundo, produciendo un candidato perfecto al que pueden controlar totalmente con solo decir ábrete sésamo. ¿Suena como una buena película? Difícilmente, aunque haría un buen capítulo de las Power Puff Girls.


El Candidato de Manchuria”, el “clásico” John Frankenheimer llega a las pantallas de cine nuevamente, esta vez de la mano de Jonathan Demme, quien en medio de una terrible sequía creativa, no logra darle credibilidad a un guión actuado soberbiamente, pero sin sorpresas.

Hay dos cosas que para mí son inexplicables en el mundo del cine. La primera es el remake. La otra es el remake de películas mediocres, con la última siendo la más frecuente e innecesaria entre ambas. Claro que no soy tan ingenuo para no saber que detrás de cada secuela hay un estudio de mercado, y cine, con el único objetivo de hacer unas munas. Sin embargo, de vez en vez, una versión es filmada por el puro de empeño de un director que cree que puede hacer un mejor trabajo que el original. En esta categoría tenemos a “El Candidato de Manchuria”.

Jonathan Demme ya lo había intentado en el 2002 con “The truth about Charlie” una versión actualizada de “Charade” de Stanley Donen. El esfuerzo fue desastroso y el resultado una de las películas más irrelevantes en lo que va de siglo. “Charade” es un filme difícil de igualar con un guión prácticamente impermeable que no requería, ni requerirá actualización alguna por los siglos de los siglos.

Pero en vez de aprender su lección, Demme, vuelve a la carga con otro remake. Esta vez rebajándose a elegir un film que de antemano luce superable, pero que aún así falla en tan siquiera igualar.

Al menos con “Charade”, Demme eligió una película sólida. Si uno va a hacer un remake, la categoría de “Charade” es el lugar donde hay que buscar. Si sale mal, siempre se tiene la opción de excusarse tras la magia del film original. Pero con el “Candidato de Manchuria” este es un recurso con el que no se cuenta.

La película de John Frankenheimer, basada en el libro de Richard Condon del mismo nombre, era una película B sin mucho más que dar aparte de su cuasi controversial tema, que con el tiempo le ganó el dudoso título de “primer thriller político”. Uno de los tantos que vendrían en una década atiborrada de teorías conspirativas. Pero aunque está bien estructurada, actuada y fue relativamente exitosa cuando fue puesta en pantalla, no lo fue más ni mejor (excepto por lo de actuada y entre comillas) que otros clásicos B de la época como la menospreciada Invasion of the Body Snatchers, por solo mencionar una.

La comparación puede sonar disparatada, pero “El Candidato de Manchuria” carecía en ese entonces de la seriedad o “relevancia” que se le atribuye ahora y la única razón por la que ambas películas no están hoy en día en el mismo estante de Blockbuster, es pura casualidad.

El hecho que Estados Unidos nunca fue invadido por chupacabras relegó a Invasión de los Body Snatchers a los terrenos de la ciencia ficción barata, mientras que el asesinato del presidente de los Estados Unidos un año después de su estreno elevó a “El Candidato”, por pura casualidad, a los inmerecidos terrenos del culto. Esta coincidencia, el asesinato de Kennedy en el 63, hizo que el film fuera visto como profético ocultando su mediocridad, cuando en realidad, si JFK se hubiera enfermado el día de su fatídico vuelo a Dallas, pocos, aparte de los fanáticos del cine, o Frankenheimer, supieran del “Candidato de Manchuria” hoy en día.

Esta confusión entre forma y fondo, que Demme ignora o decide ignorar, hace que la seriedad que le imprime a la nueva versión sea risible. Y curiosamente no porque el resultado no sea efectivo (la película es tan entretenida como cualquier capítulo de Friends), sino porque la premisa del guión es imposible fuera de los terrenos de la ciencia ficción por no mencionar la realidad del mundo actual.

Demme se esfuerza en tratar de convencernos que su película tiene un mensaje y que por lo tanto es de alguna manera políticamente relevante, basado en la concepción errónea que la versión original lo fue cuando salió en 1962. En ese año a George Axelrod no le costó mucho trabajo guionizar el libro de Condon, y mucho menos trabajo le costó a Daniel Pyne y Dean Georgaris reguionizar el guión de Axelrod a petición de Demme, cambiando Corea por el Golfo Pérsico y los EEUU de Eisenhower por el de George Bush II. Pero esta diagramación literal del guión convierten al film solo sirve para profundizar la ineficiencia del film.

Cambiar la guerra fría de los cincuenta por la guerra contra el terrorismo actual, y la “amenaza” comunista por la amenaza corporativa, es un intento mediocre de actualizar el film, que además es extemporáneo, porque mientras los comunistas nunca lo lograron, las corporaciones si, y eso no es ningún secreto a pesar de que Demme nos presenta el cuento como si acabara de descubrir el agua tibia.

En “El Candidato de Manchuria”, Demme parece atacar a alguien (las corporaciones, el neo liberalismo, etc.), pero es difícil reconocer a quien, porque el director se niega a tomar partido disparando en todas direcciones sin dar en ningún blanco en particular, lo cual es consecuencia exclusiva de su literalismo.

Tomemos el papel de Meryl Streep como ejemplo. La mayoría de los críticos de la película reconoce que la misma es pro liberal, sin embargo, la villana de la película no existe en la realidad política norteamericana sino en la persona de una demócrata, Hillary Clinton. En la versión original este problema no existía porque no había ninguna Hillary en el panorama, pero Demme ignora este hecho y en vez de ajustarse y proponer cambiar el rol al de un hombre, decide apegarse al guión original perdiendo la contundencia que pretende tener.

Por eso hay que hacer un esfuerzo para ver la historia del “Candidato” como una metáfora del estado en que se encuentra la política en los EEUU hoy en día, porque aunque Demme trata, y no poco, de opinar sobre la privatización y la mediatización de las campañas políticas y los concursos de belleza y popularidad en que se han convertido, el país representado en el film no existe en realidad, siendo solo una versión fílmica de lo que era mundo en 1962.

Además, al hacerlo con imágenes y sonidos de fondo pseudo subliminales, uno no puede dejar de preguntarse porque no fue más directo y creativo, y en vez de haber rehecho “El Candidato de Manchuria”, no creó nuevos personajes que vivieran la realidad que constantemente se reflejan a espaldas de Schreiber y Washington. Esa realidad del actual Estados Unidos donde para hacerse con la presidencia no es necesario implantarle chips en el cerebro a nadie, y donde simplemente con tener un hermano de gobernador en un estado electoralmente importante y unos panas en la Corte Suprema es más que suficiente como ya vimos en las elecciones del 2000.

 
Producción: Dirigida por Jonathan Demme; escrita por Daniel Pyne y Dean Georgaris basada en el guión de George Axelrod y la novela por Richard Condon; fotografía: Tak Fujimoto, editada por Carol Littleton y Craig McKay; música por Rachel Portman; producción ejecutiva, Tina Sinatra, Scott Rudin, Mr. Demme e Ilona Herzberg; Estudio: Paramount.
Protagonistas: Denzel Washington (Ben Marco), Meryl Streep (Eleanor Shaw), Liev Schreiber (Raymond Shaw), Jon Voight (Senator Thomas Jordan), Kimberly Elise (Rosie), Jeffrey Wright (Al Melvin), Ted Levine (Colonel Howard), Bruno Ganz (Delp), Simon McBurney (Atticus Noyle), Vera Farmiga (Jocelyn Jordan) y Robyn Hitchcock (Laurent Tokar).
 
Enlaces de Interés    
1. Website oficial de "El Candidato de Manchuria''
 

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