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La Pasión del Cristo es una película aguda que toca más de una tecla
en la sensibilidad y estructura moral del público. Esta ocasiona una
aparentemente inexplicable confusión en el espectador quien sufre un
terremoto emocional por la muerte de un hombre, cuando está
acostumbrado a películas como Kill Bill Vol I, donde mueren más de
cien personas en no mejores circunstancias.
La muerte de Cristo, y la de todo ser humano distante en el
tiempo y el espacio, siempre ha sido minimizada. Todos los días a
través de los medios de comunicación nos enteramos de los miles de
muertos que causó un terremoto, de los millones que mueren de hambre
y SIDA en África, de las víctimas de Chernobil, del crimen y la
mafia. Todo esto sin digerir que cuando hablan de estas tragedias se
están refiriendo a episodios terriblemente dolorosos para la vida de
seres como nosotros. Que cuando cuentan que la mafia descuartizó a
un hombre, in vivo, y echaron sus restos frente a la casa de
su familia, resulta tan traumático y esencialmente malvado que
nuestro cerebro es incapaz de asimilarlo.
En el mismo orden de ideas, la nueva película de Mel Gibson es un
curso para explicar que la muerte y pasión de Jesucristo no fue
ningún paseo en el parque. Sin embargo, al verla lo primero que me
vino a la cabeza fue preguntarme, ¿es acaso necesario entender esto?
y de ser así, ¿por qué alguien iba asumir esta misión? (en especial
un actor de segunda como él). La respuesta puede estar en la carrera
de su director.
La Pasión del Cristo, estrenada sardónicamente el pasado
Miércoles de Ceniza, ha generado críticas y protestas desde que se
reportó su producción -hace poco más de un año-, debido a la crudeza
conque Gibson pinta el martirio de Jesús de Nazareth y la forma en
como atribuye culpas en este episodio histórico.
Esto no es de gratis. Financiado completamente por Gibson, el
filme es hermoso e inteligente, pero al mismo tiempo cruel, radical,
malintencionado y sin duda alguna, ofensivo, débil en estructura
pero fuerte en su basamento ideológico. Es el resultado del trabajo
de una persona con convicciones, lo cual es algo bastante raro de
ver en el mundo cinematográfico contemporáneo.
Desde la primera hasta la última escena, La Pasión del Cristo se
mueve a través de claroscuros que evocan a Miguel Ángel y a Jerónimo
Bosch al mismo tiempo, y como ninguna otra película que yo recuerde
en la larga historia hollywoodense, va al grano sin contemplaciones,
comenzando en el momento cuando Jesús es arrestado, para luego
describir su tortura y crucifixión como si se tratara de una
penitencia para el espectador.
Mel Gibson pertenece a la
corriente tradicionalista de la Iglesia
Católica que reniega del Concilio Vaticano II, considera al Papa
usurpador del puesto de San Pedro y no acepta cambios como la
eliminación de la misa en latín y el perdón otorgado a los judíos
por la muerte de Cristo. Como miembro de esta escuela se apega a
prácticas ortodoxas como la de no utilizar preservativos (los 7
hijos al azar -y contando- de la familia Gibson dan fe de ello) y
hasta se construyó una iglesia en California para poder asistir a
ella de modo tradicional como en la época pre-concilio, tal y como -según
él- Dios manda.
Esto explicaría en parte la producción de la película, pero no su
dirección y apasionada defensa, porque la carrera de Mel Gibson de
santa no tiene ni un pelo. Reconocible a kilómetros, esta es
imposible de describir sin el apelativo de sangrienta. Sus
personajes invariablemente pertenecen al género de "All American
Heroes" que se las saben todas, matan al malo y se llevan a la chica.
Quizás inconscientemente, su carrera se vuelca sobre su tercera
película .
De niño, recuerdo haberme preguntado mil veces-¿si Jesús es el
hijo de Dios, por qué no se bajó de la cruz y les dio una redoblona
a los romanos? La respuesta a esta pregunta -evitando toda teología-
está en tu Blockbuster más cercano (valga la cuña). Porque quizás
Mel Gibson se hizo esta pregunta él mismo hace cuarenta años y vivió para
redimir a Cristo en Arma Mortal, Mad Max y El Patriota. Al igual que
Jesús, Gibson ha sido crucificado mil veces, pero a diferencia del
primero, el actor se ha bajado de ella siempre y ha salvado el día a
punta de pólvora.
En la película previa, "Signos", Gibson es nada menos que un
cura cuyos sufrimientos (incluida la increíblemente hermosa e
insólita muerte de su esposa) descubre son producto de los eternos y
divinos planes de Dios, en un mensaje traído por seres que vienen del
cielo. Pero aparte de su constante estado de duelo ( es viudo
también en Mad Max, las 4 Arma Mortal, Braveheart, y El Patriota),
Gibson siempre aparece en diferentes estados de mutilación.
Torturado, confundido, usualmente bañado en su propia sangre, y
hasta resurrecto. Lo cual me hace preguntarme si La Pasión del
Cristo es una autobiografía de su carrera profesional.
En "Mad Max: Mas Allá de la Cúpula de Trueno", Gibson hace el papel
de mesías, en un dibujo presentado en la película posa como un
cristo con los brazos abiertos saludando a lo que parecen ser niños.
En "La Teoría de la Conspiración", Gibson es secuestrado, torturado y
asesinado por la CIA. Julia Roberts, la heroína de la película,
llora sobre su tumba sólo para verlo levantarse entre los muertos.
En "Forever Young", Mel se despierta tras permanecer 50 años
criogenizado. En Payback, es pateado hasta que escupe sangre,
abaleado a quemarropa en la espalda, atropellado por un carro,
golpeado en los pies con un martillo y aún así se las ingenia para
escapar de la maleta de un carro-tumba, traer la venganza divina, y
al final caer en los brazos de la Maria Magdalena de Maria Bello. ¡Feliz
Semana Santa Mel!
Pero es en Braveheart donde su "cristificación" se hace más
evidente, con imágenes que alternan entre lo real y lo fantástico.
Allí, el paladín de la justicia medieval, William Wallace
simplemente se sacrifica por los suyos y muere crucificado.
Negándose a hablar como Cristo durante su enjuiciamiento y sufriendo
todas las estaciones de la Cruz, con el populacho arrojándole
tomates y los apóstoles de paisano y todo. Pero a diferencia del hijo de
Dios, Gibson se rinde ante sus propias inquietudes teológicas y en
vez de pedirle a su padre celestial que les perdone porque no saben
lo que hacen, Gibson le da a Wallace unas últimas palabras más dignas
de un superhéroe como él: "¡FREEDOOOOM!". Que con el tiempo su causa
haya triunfado sobre el reino de oscuridad que dominaba a su pueblo,
es pura coincidencia.
En La Pasión del Cristo, Mel Gibson da la impresión de no sólo
haber querido expresar su admiración por el líder de su religión,
sino además, haberle dado una estatura superior, transformándolo
irónicamente en humano. Pero no en un humano cualquiera, sino en el
ser humano que Gibson es en sus películas. El problema con esto es
que este tipo de individuos no existe en la vida real.
Entendiendo bien o no, lo que debe haber pasado Jesús de Nazareth
el día de su crucifixión, las diferentes religiones cristianas han
dejado bien en claro la talla de un hombre que se auto-impone
semejante sacrificio por el bien de sus congéneres. Pero el Jesús de Mel Gibson no es como el que hemos visto antes en pinturas o en el
cine. No es ni el marica de Zeffirelli, ni el hippie de Jesucristo Superstar, ni el Gozón de Scorsese. Su Jesús es el Mesías más
Masculino y Heroico de todos los que han pasado alguna vez por la
gran pantalla.
Aunque los sentimientos del Mesías son evidentemente de amor y
paz, su semblante es duro y espartano. Y cuando Gibson y su
cinematógrafo Caleb Deschanel, hacen uso del recurso visual de
convertir al espectador en parte de la película al presentar a James
Caviezel dando su mensaje directamente a la cámara, el resultado es
impresionante. Es de una alienación tal que, al terminar la película
vi al público salir de la sala con bolsas enteras de cotufas que no
tuvieron tiempo de comer.
Y este quizás sea el principal problema de Mel Gibson. O mejor
dicho, la razón de por qué su filme ha sido tan criticado y Gibson
tachado de anti-semita. La Pasión del Cristo es un filme tan
apasionado que raya en propaganda, lo cual no sólo es peligroso sino
potencialmente mortal.
La Pasión del Cristo cae dentro del género de película histórica,
y cualquier tipo de violencia que encontramos en ella sin ninguna
duda tiene un sustento del que carece, por ejemplo, Arma Mortal. El
problema es que la historia de la cristiandad está escrita con
sangre. Las Cruzadas, la Inquisición y el Holocausto estuvieron
basados prácticamente en la absoluta convicción de que no merecía
vivir quien no creyera en Cristo o aquellos que habían sido
responsables de su muerte.
En el Medioevo las primeras obras representativas de la pasión de
Cristo acusaban directamente a los judíos de la muerte del Mesías,
produciendo reacciones viscerales que terminaron infinidad de veces
en la muerte de los mal llamados "Asesinos de Cristo".
Y ójala la visión de Gibson pudiera ser tachada de irresponsable
solamente. Pero la verdad es que el filme sufre de algunos errores
que en conjunto sólo pueden interpretarse como antisemitas por parte de
su director o como subestimación de una tragedia que está fuera de su
marco temporal y geográfico.
Los judíos de Gibson son malvados. Los judíos buenos tienen
rasgos occidentales, los malos tienen una naríz del tamaño de una
sinagoga. A Caifás sólo le falta que le
besen la mano como a Don Corleone como líder de la mafia hebrea. Y
cuando Jesús finalmente es condenado ninguno de ellos -salvo sus más
allegados (quienes son presentados como neo-cristianos y no judíos) y un par de
rabis judíos- reacciona ante su sufrimiento como lo hacen los
romanos. Mientras a estos, Gibson les permite el don de la
incertidumbre y hasta el arrepentimiento, los judíos aparecen como
una masa uniforme y sedienta de sangre, inmersa en el absoluto
disfrute del espectáculo que -según Gibson- ha propiciado.
A pesar de que Gibson ha dicho una y otra vez que el no es anti-semita,
es completamente absurdo sugerir la culpabilidad hebrea universal
sobre la muerte de Jesucristo, basados en que a unos cuantos se les
ocurrió elegir a Jesús en vez de a Barrabás para morir en la cruz.
Aunque no vamos a discutir si los judíos provocaron la muerte de
Jesús o no, según la Biblia, él mismo fue quien prefirió su muerte
ese día. Achacarle la culpa a todos los hebreos tiene tanto sentido
como culpar a todos los musulmanes por los ataques al World Trade
Center o a todos los españoles por los desastres de la colonización
de América.
Y las implicaciones no terminan allí. Habiendo sacado
exitosamente a Jesús del universo de mamis donde ha estado metido
durante su carrera cinematográfica, Gibson toma la figura de macho
de Caviezel y lo utiliza para destacar otros mensajes de su dogma.
Gibson, con una carrera llena de mensajes homofóbicos, no
pestañea en representar a Herodes, en contraposición al macho Jesús,
como un decadente gordo marica con una corte llena de drag-queens.
Tampoco parece titubear al asignarle el rol al demonio. Para este, Gibson utiliza a una actriz, la afeita de pies a cabeza, la viste de
negro y la dobla con la voz de un hombre.
El mensaje no puede ser más evidente. El bien está representado
por Jesús, un tipo tan macho que es capaz de dejarse matar y no
tener sexo con María Magdalena (nada más y nada menos que Mónica
Belluci); la maldad está representada por una criatura de sexo
indeterminado.
Todos estos elementos han convertido a La Pasión del Cristo en la
película más controversial del año. Pero lo más interesante, es
saber que esta película no nació de ningún plan corporativo de un
estudio en Hollywood. Sino de las creencias de un hombre que se
arriesgó a producir una idea que le obsesionó por décadas. Que esté
en lo correcto o no, es otra historia.
Siempre es preferible ver películas que te hagan sentir algo, que
ver películas que no te digan nada en absoluto. Y La Pasión del Cristo es una película donde es imposible no sentir
nada. Gibson, hay que aceptarlo, tuvo cojones al hacer esta película,
y si uno decide condenarla o no, hoy en día es rara la
oportunidad en que se puede criticar un film por verdaderas razones
morales, teológicas y artísticas sin sentirnos inútiles al saber que
en su producción en realidad no entraron en juego ninguno de estos
elementos. |