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El
Autoplagio de Woody Allen
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Jason Biggs
pensando en un Pie
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Oscar Benavides

El talento de Woody Allen está
en bajada, sin frenos, de noche y con las luces apagadas. O al menos
eso es lo que sus últimas tres películas nos dejan entender. The
Secret of the Jade Scorpion, Hollywood Ending y la actualmente en
cartelera Anything Else. Pero todo comenzó con la anterior y última
película que debió haber filmado, Small Time Crooks. Una de las
razones de esto es la presión que las productoras están haciendo
para que sus películas produzcan más que críticas, lo cual no es
chiste ni mero comercialismo.
En el pasado las películas de Woody Allen han sido financiadas
por un diverso abanico de productoras, Orion, Miramax, Sony
Pictures, Fine Line y Columbia TriStar, las cuales veían
al director como a un nombre que les daría prestigio a sus compañías
y que atraería talento y proyectos a la empresa. Pero esto no
sucedió, y no es sorpresa que todas hayan sufrido percances
económicos por subsidiar proyectos como los de Allen, cuya taquilla
rara vez alcanza los siete dígitos.
El último estudio en entrar en negocios con Allen es
Dreamworks, el bebé de Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg y
David Geffen, quienes esperaban revitalizar el trabajo de Allen, sin
influir mucho en su obra. Pero aparte de Crooks, que tuvo
modestos ingresos de taquilla, los resultados han sido desastrosos.
Y el problema no es que el público no entienda a Allen. El
problema es que estas películas han sido pésimas.
Small Time Crooks es, dentro de la carrera de Allen, su
película más vacua; o la segunda, si se quiere, después de
Broadway Danny Rose, donde Allen experimentó hacer comedia sin
empujar al espectador hacia profundidades innecesarias. Esto no es
necesariamente malo, ni significa que no tenga un fondo ideológico.
Separadas en el tiempo casi veinte años, el bajo perfil de estas
cintas debería ser el primer paso en su filmografía para los
desconocedores de su obra. No dudaría ni por un segundo que
Dreamworks utilizó el mismo razonamiento cuando le dio el visto
bueno. Yo mismo fui presentado a Woody Allen con Broadway, y
debo decir que quizás no hubiera visto ninguna de sus otras
películas de no haber sido así. En ese entonces tenía 13 años.
Pero lo que separa a estas dos películas de sus otras últimas dos
es que la dirección, el hilo narrativo y el trabajo sólido de sus
actores (el casting) no estaban eclipsados por el deseo de
profundizar en donde no hay que hacerlo buscando llamar la atención
de un mercado. En Anything Else, su primer y muy seguramente
último intento en la comedia juvenil (si acaso no su última
película), Woody Allen trata de filosofar sobre una etapa de la vida
de los seres humanos y un género cinematográfico que no es digno de
tal tratamiento. Es como si Einstein hubiera escrito acerca de la
relatividad de la concha de mango. Quizás sea importante, pero en
realidad, a quién le importa. Es como usar un tanque para abrir una
cerradura. En fin, creo que ya entendieron la analogía. Allen es
mucho camisón para la Petra de la comedia juvenil o al menos eso me
gustaría creer.
En Anything Else, Allen hace el papel de David Dobel, un
profesor amargado bien entrado en la edad adulta tratando de ser
comediante, quien se pasa la película aconsejando moral y
profesionalmente a Jerry Falk (Jason Biggs), un aspirante a escritor
quien es el alter ego de Allen. Y como Allen, Jerry es una de esas
personas con tantos problemas que no quisiéramos tener como amigos.
Jerry no sabe cómo decir que no, tampoco le gusta estar solo. Por lo
que su novia, Amanda (Christina Ricci) prácticamente hace con él lo
que le da la gana.
La trama, más que convencional, es simplona. Tampoco hay mucho de
originalidad en Anything Else, y esto sin plagiar material de
otras películas. Al menos, no de películas ajenas.
Woody Allen se las arregla demostrar que el director de
vanguardia que conocimos décadas atrás, ha muerto, y en casi todas
sus escenas nos muestra su negativa a cambiar o avanzar. Jerry y
Amanda, a pesar de ser jóvenes, viven en un mundo allenesco
de lugares donde ningún joven neoyorquino se atrevería a acercarse.
En vez de Jerry ser el alter ego de Allen, es Dobel quien toma este
rol, pero Allen falla en convertirlo en el motor del film.
Es patético verlo intentar vender los mismos lugares, encuadres y
puntos vista que ha hecho toda la vida. Y de hecho, tratar de seguir
vendiendo la imagen de judío paranoico que Jerry Seinfeld superó en
los diez años que duró su serie de televisión. Allen, en vez de
elevarse como el maestro que ha sido superado por su alumno, decide
sentir envidia, tal como la que mueve a Dobel a tratar de
influenciar la vida que tiene por delante su pupilo Jerry.
Anything es tan más de lo mismo, que es Annie Hall
en el siglo XXI. La pareja dispareja de un neoyorquino inseguro y
una muchacha fuera de lo común. Como Annie Hall, Amanda
quiere ser cantante. “Quisiera ser cantante -dice ella- pero cuando
oigo a Billie Holiday se me quitan las ganas”. El público de
American Pie no sabe ni le importa quién es Billie Holiday. Y los
que la conocemos, sentimos poco menos que vergüenza ajena al
recordar que este chiste es tomado textualmente de Annie Hall.
El mundo de Allen no es compatible con la juventud de hoy en día.
O al menos no con la que va al cine, que es la mayoría. Aunque,
Allen y Dreamworks tratan de apelar al incluir en su elenco a Biggs
y Ricci. Biggs no es un actor especialmente dotado, y los pantalones
del joven Allen le quedan demasiado grandes a su experiencia. Ricci,
por el contrario es una actriz talentosa que veremos por años en la
pantalla, quien no consigue asidero en el guión que le ponen en las
manos. De hecho la única razón por la que están allí es para llamar
la atención de un público cuya historia del cine no va más allá de
Fight Club.
No creo que Allen llegue realmente a ser del gusto del público de
hoy en día. Y si él fuera honesto consigo mismo acabaría su carrera
de inmediato antes que seguir haciendo películas que más tarde serán
obviadas por sus historiadores. Tanto como la fijación por su mundo
patentado, lo lleva a obviar a los también protagonistas Danny de
Vito y Stockard Channing, convirtiéndolos en simple relleno en los
créditos.
Allen alguna vez demostró que para hacer una película se
necesitaba poco más que un par de dólares y cámaras. Con Anything
Else, nos enseña que estaba equivocado. Para hacer una película
se necesita más que eso. Una película es una pieza que debe ser
coreografiada cuidadosamente para que las cosas salgan como el
director así las desea. Al verlo desde este punto de vista, nos
damos cuenta del genio que era Woody hace 20 años. Pero Anything
Else no vale ni el dólar que cuesta alquilarla en Blockbuster.
Asi que si van al cine -irónicamente- háganle caso a Allen y vean
Anything Else ( Cualquier Otra Cosa).
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