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La película es sobre la vida de tres solitarios cuyas vidas se
intersecan como producto de varias tragedias. Iñarritu fragmenta
las historias en un collage atemporal que cuando es puesto de
forma lineal es poco más que mediocre.
La primera vez que vi la película la deseché basado en esta
premisa. Pensé que Iñarritu quizás se había valido de la
fragmentación del filme para ocultar la debilidad del guión. Sin
embargo, esta teoría se debilita por las sólidas actuaciones de
sus protagonistas, Naomi Watts, Benicio del Toro, Sean Pean y
Melissa Leo, y la misma dirección de Iñarritu, que me hacen pensar
que aunque el filme hubiese sido filmado de manera lineal, ellos
hubiesen hecho de este ensayo un producto interesante.
Además, ¿por qué Iñarritu se tomaría la molestia de filmar un
guión que siempre supo mediocre, teniendo en sus manos un equipo
que de no hacerlo bien quizás no hubiese tenido nuevamente?
El merito de 21 gramos no está en la historia
en sí, sino en el recurso narrativo que utilizó su director para
ponerla en marcha, y que la convierte, de la forma en que está
hecha, en una película completamente diferente; la exploración
sobre la forma de contar una historia.
En la película, Sean Penn es Paul Rivers, un profesor enfermo
de muerte que espera un transplante corazón junto a su esposa Mary
(Charlotte Gainsbourg), que busca salir embarazada por
inseminación artificial en caso de que Paul muera.
Watts es Cristina Peck, una solterona reformada transformada en
esposa devota; y Del Toro es Jack Jordan, un ex-convicto
evangélico que trabaja como consejero juvenil en una iglesia. Su
esposa, Marianne (Melissa Leo), es una madre más preocupada por su
reincidencia que por el sentimiento de culpabilidad por su pasado
criminal.
En una de las escenas más dolorosas de la película, Marianne,
en medio de la noche se arrodilla llorando a lavarle la sangre del
parachoques al camión de Jack, que acaba de atropellar
accidentalmente al esposo e hijos de Cristina. Y aquí es donde las
tres historias se interceptan, cuando Cristina dona el corazón de
su esposo y el mismo es transplantado a Paul.
Hasta ahora he puesto estas tres historias de manera lineal, de
forma que parezcan coherentes, cuando en realidad no lo son. En
The Limey y Memento, sus
directores demandaron del público una atención poco convencional.
Pero Iñarritu lleva esto a extremos inconcebibles. La película
viaja del pasado al futuro o viceversa en cuestión de minutos y
sin que parezca que hay una secuencia lógica. Tal cual si
estuviera editada más de acuerdo con el significado que con el
contenido.
Por lo que sólo cuando estamos en el último tercio de la
película es cuando empezamos a deducir qué demonios es lo que está
pasando. Esto me recuerda a la primera película de Iñarritu,
escrita por el mismo guionista, Guillermo Arriaga.
Puesta de esta manera, con escenas sueltas y cortas que parecen
sacadas de otra película, Iñarritu se da el lujo de impregnar al
espectador de secuencias que por sí solas son fascinantes.
Mostrando los sentimientos de sus protagonistas fuera de contexto,
el público es obligado a reflexionar rápidamente acerca de lo que
está viendo sin poder regresar a lo que sucedió antes.
En esta película, Penn aparece como nunca antes y mucho mejor
que en la sobreapreciada Mystic River. Tras años
de trabajo duro, finalmente ha crecido hasta ser un gran actor.
Naomi Watts -quien viene de la escuela de David Lynch- podría
hacer lo mismo de cuidar sus papeles. Pero realmente el que se
lleva los laureles aquí es Benicio del Toro.
En su rol, no sólo se siente cómodo; él es Jack. Uno siente su
pasado sucio y su decencia en cada una de sus miradas y
movimientos. Sin afectaciones, Del Toro llena a su personaje de
una vitalidad que no es común ver en la pantalla. Su personaje es
el más rico de la película y él le sacó todo el jugo posible. Es
un buen hombre, pero con su temperamento. En una parte se le ve
pegándole a su hijo. Y en otra a uno de los muchachos de la
iglesia, que él cree va por mal camino.
El centro de 21 gramos es la vida de Jack,
quien cree que Dios lo ha castigado a pesar de haber estado
haciendo bien por mucho tiempo. Aguantando el castigo, consistente
en quitarle la vida a tres inocentes, Jack duda de su fe, pero
igual se entrega a la policía al creer que hace lo correcto.
Cuando su esposa le sugiere que pretenda que el accidente nunca
pasó Jack le responde, ¿Y qué si esos fueran nuestros niños?
Más tarde, viéndose al espejo, da una lección sobre
responsabilidad al decirle a su esposa: "la decisión que yo
tome... ese es mi espejo".
¿Habría sido 21 gramos más efectiva de haber
sido presentada en forma lineal? Nunca lo sabremos. Iñarritu
prefirió hacer un filme profundo e interesante, en vez de un
melodrama típico, pero a costa del entendimiento del público que
muchas veces puede no entenderlo o carecer de la paciencia para
esperar por el desenlace.
Para los fanáticos del cine, esta es una película altamente
recomendada que puede ser el comienzo de una carrera bien
interesante para Iñarritu.
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