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Año 2

N° 13

 



 

ARTES  

19 de Abril del 2003


Envíalo a un amigo
El Misterio de la Odalisca

Gustavo Morales Venezuela

La original es la de abajo

¿Puedes reconocer la original?


El 17 de marzo de 1981, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas "Sofía Imber" compró a la Galería Marlborough de Nueva York por más de US$ 480.000, “Odalisca en Pantalones Rojos” de Henri Matisse, que de inmediato se convirtió en una de las piezas más importantes del museo. En noviembre del 2002 el coleccionista venezolano Genaro Ambrosino escribió un e-mail donde expresaba su indignación con el museo al enterarse que la pintura estaba a la venta. La directiva no tenía idea de qué estaba hablando, hasta que descubrieron que la obra que colgaba en el museo era sólo una copia del original.

Ambrosino había sido consultado por un galerista estadounidense, acerca de un Matisse que le estaban vendiendo y cuya procedencia había sido descrita como de una colección venezolana. Para su sorpresa, el Matisse en cuestión era el perteneciente a la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber . Como si esto no fuera suficientemente alarmante, el galerista le mencionó que "el museo" también estaba vendiendo un Picasso.

El e-mail de Ambrosino inició una investigación que hoy llevan a cabo la INTERPOL, el FBI y las autoridades venezolanas para establecer el destino de la pieza, que como las investigaciones preliminares revela, le ha dado la vuelta al mundo en busca del mejor postor.

El 21 de diciembre de 2001 Wanda de Guebriant fue citada por unos galeristas para que autentificara la obra. De Guebriant, siendo por 28 años la curadora oficial de los herederos de Henri Matisse y de su extensa obra, la reconoció de inmediato. Era el óleo original. La pieza había sido salvajemente abrochada y engrapada sobre un bastidor que no era el original sobre el cual había trabajado Matisse.

Guebriant les dijo a los galeristas que hasta donde sabía el propietario legal de la obra era el MACCSI. Ante lo cual los mismos produjeron un documento, fechado el 20 de noviembre del 2000, firmado por Sofía Imber y en el cual autorizaba su venta.

Desde octubre del año anterior, Wanda había recibido numerosas llamadas relacionadas con la misma obra, y en todos los casos había recomendado desconocer cualquier oferta, ya que la suponía sana y salva en el MACCSI y en consecuencia la ofrecida no podía sino ser una falsificación. Pero no lo era, y los ofertantes se habían arriesgado a consultarla para que la certificara y así poder venderla.

Dos posibilidades inmediatamente vinieron a su mente. La primera, que el MACCSI había adquirido una copia en vez del original en 1981; y la segunda que el museo había sido víctima de un robo. Para aclarar esto decidió llamar a Sofía Imber y ponerla al tanto del curioso acontecimiento.

Pero esto no lo hizo inmediatamente.

De acuerdo a declaraciones dadas al diario caraqueño "El Mundo" el 26 de Diciembre del 2002, Guebriant se tomó su tiempo argumentando que la denuncia tendría efectos manipulables en el contexto político que vivía Venezuela en ese momento, y no se comunicó con Sofía Imber hasta el 24 de enero del 2002.

Sofía Imber, aún directora del museo en ese entonces, se las vería negras en los meses siguientes. El 12 de febrero tomarían posesión de sus nuevos cargos la nueva directiva del museo, y uno de los requisitos para efectuar la misma consistía de un inventario completo del patrimonio de la institución.

Guebriant había tenido razón al concluir que la diseminación de semejante información podría tener efectos negativos en la investigación, dada la polarización que sufría el país para el momento, y quizás influenciada por este juicio, Sofía Imber no mencionó la información provista por la curadora francesa al hacer entrega del museo.

Sin embargo, el silencio no hizo que la transición de una directiva a otra fuese más fácil.

El 29 de mayo del 2001, antes de saberse de la pérdida del Matisse, un auditor externo presentó el informe final sobre la auditoría. El escrito de 24 páginas, reafirmaba lo que ya había sugerido un informe preliminar, hecho sobre una muestra de 40 obras tomadas al azar de la colección permanente del museo. Este concluyó entre otras cosas: la inexistencia de un auxiliar contable que detallara las obras de arte, que muchas carecían de un expediente o que estos estaban incompletos “faltando documentos tales como facturas de compra, contratos de comodato, actas de donación, fotografías de las obras y certificados de autenticidad”.

Al día siguiente de la entrega del informe, la directiva del MACCSI, se dirigió al Contralor General de la República, Clodosvaldo Russián, informándole de lo acontecido y solicitando la impugnación del acta de entrega.

Entre los documentos enviados al Contralor se hallaba un informe de la firma de contadores públicos Miliani, Palmero & Asociados, que la administración anterior había contratado para que practicara una auditoría el 31 de diciembre del 2000. El informe tristemente había llegado a las mismas conclusiones, enumerando que “1. No existe una política para la toma física del inventario de obras de arte. 2. Existen obras de arte donadas al Museo y no registradas en la contabilidad. 3. No existe registro contable de obras de arte recibidas por el Museo en comodato. 4. Existen obras de arte cuyos expedientes carecen de documentos de propiedad y autenticidad. 5. Existen obras de arte que carecen de expedientes. 6. Existen obras de arte donadas al Museo sin el respectivo documento que compruebe la donación...”.

Debido a los hallazgos, la nueva administración ordenó una inspección completa del inventario del museo, lo cual no hizo sino empeorar las cosas.

El informe final de los auditores externos describe el estado general del museo como “instalaciones inadecuadas”, con obras depositadas en diversos lugares del mismo, sin ningún orden en particular, “pues no se han establecido normas para clasificarlas, agruparlas o almacenarlas, que requerían las obras atendiendo a los requerimientos de seguridad y conservación que de acuerdo con su naturaleza y valor presentan”.

Además de esto, se contaron 4.380 obras de arte, cuando la administración anterior había hecho entrega de 4.015. Y faltaban 14 que estaban documentadas en los archivos, pero que no se encontraron en ningún área del museo. Entre las obras en esta situación se encontraban Sketchbook 1980-A y Sketchbook 1980-B, de Henry Moore; Relaciones amarillo y plata, Dos grandes barras y Escritura de Jesús Soto y Broom de Jasper Johns.

Buscando profundizar en la situación de la institución, la Contraloría General de la República instaló una comisión para auditar la fundación, el fondo editorial y las tiendas del MACCSI y despidió a los empleados encargados del registro y resguardo de la colección. Al mismo tiempo informaron a la aseguradora MAPFRE-Seguros La Seguridad quien más tarde dejo sin efecto el reclamo, por cuanto la falta del grupo de obras era atribuible a: "negligencia manifiesta de la persona o personas a cargo de la custodia del interés asegurado", basándose en los hallazgos de las auditorías recientemente finalizadas.

Pero a pesar de todos los problemas que presentaba el museo, no fue hasta que Ambrosino mando su e-mail de reclamo, cuando la directiva se enteró de la posibilidad de que el Matisse guardado en la bóveda podía no ser el original.

Al día siguiente que el e-mail de Ambrosino revelara la desaparición del Matisse, Sofía Imber visitó el museo y en compañía de la directiva expresó sin dar mayores explicaciones, su preocupación por la pieza que guardaba la sala diez del museo.

Al llegar esta información a la prensa venezolana, el museo desmintió la sospecha explicando que para vender el patrimonio de la nación se requería de la aprobación del presidente de la república en consejo de ministros. Pero tras enviarle una foto de la pieza por e-mail a Guebriant, esta no dudó lo peor ni por un segundo.

La falsificación, era de tan mal acabado que detalles como la pared detrás de la figura principal, en vez de tener ocho rayas verticales como en el original, solo tenía siete. El primero de diciembre tras un examen exhaustivo de la obra, se confirmó oficialmente el plagio y en los siguientes días se haría la denuncia a las agencias de seguridad internacionales como la INTERPOL y el FBI.

Las primeras investigaciones empezaron con una persecución en caliente de la obra y el 9 de diciembre de 2002, informes de inteligencia franceses y españoles revelaron que la obra podía estar en camino a esos países desde Miami Beach, donde los aeropuertos fueron alertados para evitar la fuga. El informe especificó la existencia de un comprador como el posible poseedor.

La información de que la obra estaba en Miami fue corroborada en interrogatorios al FBI por un galerista local, quien específicamente mencionó a Fortress Art Storage, un popular depósito de obras de arte, como el lugar donde se ocultaba la obra. Al inspeccionar el lugar confirmaron que la pieza estuvo allí consignada por una firma comercial, propiedad de venezolanos que en dos oportunidades en noviembre del 2002 habían dado permiso para mostrar la obra a posibles compradores.

Sin embargo, el FBI no encontró la obra en sus instalaciones, pero consiguió identificar a una mujer, cuyo nombre no han revelado, como la que retiró la obra a principios de diciembre. Pero antes de poder hacer algo, la sospechosa escapó en compañía de su esposo con destino a Europa, el 18 de diciembre del 2002.

Mientras esto sucedía, en Venezuela empezaba a considerarse la hipótesis de que la obra tenía al menos tres años fuera del museo. En 1997 la obra había viajado a España en préstamo para una exposición, y ahora se creía había sido cambiada por la falsificación durante el viaje.

Sin embargo, a pesar de que las investigaciones están siendo conducidas en extrema confidencialidad por las agencias encargadas, se ha revelado que la fotografía enviada a Guebriant para su estudio, fue impresa del negativo que proveyó la Galería que vendió la obra originalmente al museo, lo que significaría que la misma no fue cambiada en el viaje a España, sino que simplemente fue comprada por error.

Dentro de lo posible, es tranquilizador imaginar alguna de estas posibilidades como la causa real de la desaparición del Matisse. Cualquier otra giraría en torno a la complicidad interna. La única manera de cambiar la pieza dentro del museo sin que nadie se enterara, tomando en cuenta que los culpables necesitarían tiempo para hacerlo ya que, según las declaraciones de Guebriant, la misma fue despegada del bastidor original, que es donde ahora reposa la falsificación.

En cualquier caso, la obra aún no sido hallada y muy posiblemente jamás vuelva a ser admirada por los venezolanos. Si es que alguna vez en realidad lo fue.

 

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