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El artista estadounidense Matthew Barney, muy bien pudiera ser el
protagonista de ésta película mezclada con aquella de Richard Pryor
donde le dan 10 millones de dólares para que se los gaste en menos
de una semana. Lo que Pryor hizo en la película, es lo que Barney ha
hecho con la plata de sus mentores, es decir, desperdiciarla.
No hay forma de ver la obra de Matthew Barney, actualmente de
gira por el mundo, sin que uno piense en esta película, por que al
igual que nuestro héroe, Barney es un fraude, y me supongo, también,
inmensamente rico.
En la gran y extensa historia del Arte, uno de los últimos
movimientos en aparecer, el cual muy seguramente apenas llenará un
par de páginas en su historia, es el Conceptualismo. Básicamente una
sucesión de malas ideas presentadas en cualquier formato y cuya "profundidad"
está basada en el simple hecho de su dificultad para entenderlas.
Aunque no soy adepto de su opinión, el ex-alcalde de Nueva York
Rudolph Giuliani quizás haya tenido razón al afirmar que si él lo
podía hacer no era arte. Tristemente, con tipos como Barney, quizás
tenga razón.
El trabajo de Matthew Barney se puede resumir en su serie The
Cremaster, que hoy en día esta en su quinta, y esperemos, última
edición.
La exposición que ahora se presenta en la ciudad de Nueva York
está titulada The Cremaster Cycle, y la misma no es más que
un ejemplo de por qué que el Guggenheim ha perdido todo respeto como
institución artística. Su última "gran" exhibición siendo, por
cierto, la retrospectiva de Giorgio Armani en el año 2000.
Los Cremaster, son una serie de filmes producidos en
diferentes años y sin un orden específico, donde Barney trata, sin
mucho éxito, de presentar a través de analogías fantásticas y
espectaculares su visión sobre el enfrentamiento del hombre con su
sexualidad, desde sus inicios, parando en la ambigüedad de la edad
madura y finalmente la deconstrucción del hombre a través del
destino. En el camino no hay arte con el que Matthew no se atreva a
experimentar, desde la alta costura hasta el maquillaje.
Tomando su nombre del músculo que controla el movimiento de los
testículos, la intención de Matthew Barney pareciera ser impresionar
antes que mostrar, y por la cantidad de plata que se están gastando
en su exhibición, la estrategia definitivamente está funcionando.
La última parte del ciclo, Cremaster III, nos sigue
presentando la visión de barroca de un artista cuyas energías
sensuales parecen necesitar de la ayuda de un camión de Freuds, o al
menos de una buena paliza de los conductores.
Su conceptualismo es del tipo que se ha colado con cualquier
cantidad de influencias y cuyo fin, por carecer de esencia, está
basado en la representación y exageración de sus medios de
producción. En basura. En lo que queda cuando una película de verdad
ya ha sido terminada.
Las obras maestras del Conceptualismo, con sus contadas
excepciones, son un montón de fotografías fuera de foco, objetos
domésticos deformados, videos y películas de longitudes descomunales
y sin ningún sentido e infinidad de paredes garabateadas con
inmensos e ininteligibles mensajes, que no son más que una excusa
para un arte no canalizado, que no puede ser considerado otra cosa
que el sub-producto del Postmodernismo y el inmenso vacío en que se
encuentra el Arte hoy en día.
Su arte trata en vano de crear símiles y nexos entre conceptos.
Pero estos no le salen como quiere, porque o él está muy avanzado
estéticamente para nuestras mentes subdesarrolladas o simplemente es
un idiota. Yo prefiero la segunda opción.
En una imagen Barney se lanza al mar desde un puente de al menos
cinco pisos de altura buscando ser trasgresor, jugando con el millón
de posibilidades que esta escena puede significar. Pero falla en su
objetivo porque lo que él considera trasgresor es la realidad en que
vivimos, que sólo aquellos que están alejados de ella, como las
firmas detrás de los millones de dólares que debe costar cada una de
sus "obras de arte", no son capaces de ver en intentos más honestos
y menos creídos como lo es la película El Señor de los Anillos
o Jackass, por irnos por lo bajito. Quien quiera que me diga
que es más artístico un Barney saltando en el agua que un Johnny
Knoxville lanzándose en un carro de automercado colina abajo, por
favor que me disculpe y pase al siguiente artículo.
Con excepción, como en todo, de algunas imágenes "relevantes", la
obra de Barney no hace sino causar el efecto de que no es que no la
entendemos, es que no nos dice nada. Leamos una descripción de
Cremaster I que puede encontrarse en el website oficial de Barney:
"Dos globos de Goodyear flotan sobre el estadio de los Broncos
de Denver. Cuatro aeromozas trabajan cada globo. El único sonido es
música de ambiente, lo cual sugiere el sonido de los motores. En
medio de cada globo hay una mesa con un mantel blanco, decorada con
una figura abstracta hecha de vaselina y rodeada de uvas. En un
globo las uvas son verdes y en el otro son púrpura. Debajo de ambas
mesas vive Goodyear. Ella vive en ambos globos al mismo tiempo, y
tras salir de debajo de la mesa agarra las uvas y se insemina con
ellas...."
Cualquier arte que requiera de una explicación, debe ser vista
con dudas. Cualquier arte que requiera ésta explicación es
simplemente dispensable. No nos están explicando nada, nos están
narrando lo que estamos viendo y como el arte está en el ojo de
quien lo mira, no hay lugar a explicaciones.
Se puede entender que la obra de Barney trabaje en base a
imágenes yuxtapuestas cuyo significado es metafórico. Y si se hace
un esfuerzo uno puede verlo y entenderlo, pero ¿Por qué tan difícil?
¿Por qué tan rebuscado?
Si Barney tuviera algo de talento no necesitaría de tanta
artimaña para presentarnos su visión.
Si existe una lista de los que han pasado por el mundo hasta hoy
en día, definitivamente la lista encima de él sería interminable, si
acaso, no lo es toda.
Si los patrocinadores de esta exposición se dedicaran a gastar
sus millones en servir de mecenas a los miles de valiosos de
artistas que hoy en día se mueren de hambre en el mundo, el arte no
estaría en el estanco en que se encuentra en este momento. Pero como
todo en el mundo de hoy, si el arte no vende entradas, no hay
capital. Quizás es mejor que estos artistas se queden en la miseria
pero apegados a sus principios artísticos. Esos que Barney
definitivamente no tiene.
"The Cremaster Cycle"
lamentablemente se presentará en el museo Solomon R. Guggenheim de
Nueva York hasta el 11 de Junio del 2003. Paz a sus restos...
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